Archivo de 28 Noviembre 2008

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El miércoles estuve presente en el debate sobre La Prensa y los Petroaudios, organizado por IPYS. La verdad, fue una buena oportunidad, además de escuchar diversos puntos de vista, de hacerse preguntas sobre el periodismo. Aquí solo unas cuantas reflexiones que complementan los resúmenes que seguramente se harán sobre la discusión de hace dos noches.

1. ¿A QUIENES SE DEBEN LOS MEDIOS DE COMUNICACION?

Esta fue la pregunta que quedó más postergada en la discusión. Afortundamente, Gustavo Gorriti esbozó una respuesta en su columna de Caretas:

Pero, la relación del medio con el público (o, para ponerlo todavía más claro, con la ciudadanía, con el pueblo) es también una relación fiduciaria, solo que más importante que la anterior. La confianza, la fe del público en la honestidad, profesionalidad e integridad del medio es uno de los pilares centrales del concepto de libertad de prensa y expresión.

Algunos le llaman credibilidad, aunque es bastante más que eso. Y la confianza del público en un medio tampoco se mide solamente por la respuesta en el mercado a través de la circulación o la sintonía o el avisaje.

Es el reconocimiento, implícito y explícito de la gente al esfuerzo honesto y capaz de un medio por proporcionar información veraz, importante e interesante; para fiscalizar mediante la vigilancia y la investigación a los poderosos; para opinar y servir de tribuna de opinión a visiones diversas y, en lo posible, inteligentes. La información es un bien público en una democracia, porque solo un pueblo bien informado puede decidir bien y defender sus derechos.

Entonces, los medios principales, sobre todo los de referencia, tienen un accionista que no cobra dividendos pero que tiene derecho a todas las explicaciones: el pueblo. Cuando se ha logrado, en todo o en parte, esa relación fiduciaria y se la pierde, no solo sufre el medio: la libertad de prensa se desnaturaliza y la democracia entra en peligro.

Por eso es una falacia sostener que unos despidos vinculados con la investigación periodística de una escandalosa corrupción son un asunto empresarial en el cual nadie tiene por qué meterse.

Es por ello que se pueden entender reacciones ciudadanas indignadas como la de Laura Arroyo Gárate, que pueden ver a continuación. Una vez que los ciudadanos sienten que la relación de confianza con el medio se quiebra, la libertad de expresión queda en peligro:

Pero, más allá de la indignación ciudadana, legítima por cierto, la pregunta sería que hacer.

Hay quienes ven en los blogs una salida a la falta de pluralidad existente en los “medios tradicionales”. Comparto ese entusiasmo en parte, pero seré un poco aguafiestas. De un lado, blogs en el Perú siguen siendo el espacio compartido de pocos, no por una cuestión de exclusión directa, sino que la propia dinámica de la blogósfera peruana se parece a la del país. Unos cuantos, incluyendo a los más radicales, tienen mayor acceso a medios, información y posibilidades y otros no. Si el fenómeno fuera, por lo menos en Lima, más amplio que los alumnos, profesores y egresados de un puñado de universidades - vivan o no en el Perú - quizás algo más se pueda vislumbrar. Y no hay que olvidar que, como avanza la tecnología, tal vez los blogs sean, en corto tiempo, superados por herramientas más dinámicas de información. Algunos continuarán, otros no. Más que preocuparnos en el medio en si, habrá que ver si varios de los que han destacado en la blogósfera soportarán el cambio de interfase.

Quizás una solución más amplia sea la planteada por Roberto Bustamante en torno a los medios públicos. Es decir, que El Peruano, TV Perú y Radio Nacional no sean Alan diario, Alan TV y Alan radio como lo son ahora, sino que sean nuestros medios. De hecho, la Ley de Radio y Televisión manda que se haga una norma para que la radio y la televisión estatales sean efectivamente públicas. De hecho, el Anteproyecto de Ley de Radiodifusión Estatal está listo, pero que el gobierno no tiene el más mínimo interés en impulsarlo. Quizás falta algo de presión ciudadana para que los medios del Estado sean efectivamente públicos y plurales. Tal vez al vecino del sur habrá que pedirle un consejo.

Y claro, quedan para el tintero la discusión sobre medios privados que puedan ser financiados por los propios ciudadanos o lo que ocurrirá con fenómenos como la televisión digital. Pero, sobre este punto, por ahora lo dejo aquí.

2. ¿Y DONDE QUEDO EL METODO?

César Hildebrandt yerra al considerar a los Petroaudios como periodismo de investigación para darle la razón a Mirko Lauer. No lo son. Son una primicia de un programa de televisión que debía ser pasada al aire por un asunto de sanidad palaciega y estatal. Pero, más allá de la verificación que tuvo la información obtenida en los audios, no era un caso de periodismo de investigación, que supone la obtención de datos certeros a partir de una investigación.

Sí era, más bien, periodismo de investigación lo que estaban haciendo Pablo O’Brien y Fernando Ampuero en El Comercio a partir de un caso de aranceles extraños en el cemento y de un banco sancionado en Estados Unidos que entró al mercado peruano solo Dios sabe como. (Aunque creemos que hay alguien que lo sabe) Y de allí se llegó a la pista de hospitales y petróleo que si salió al aire. Y Perú.21, durante casi un mes, estuvo sacando información verificada previamente y consultada con los mencionados en audios y mails. Por ello es que resultó chocante la salida de Ampuero, O’Brien y Álvarez Rodrich. Y por ello resulta pertinente esta pregunta hecha por Gorriti:

¿Se atreven los actuales directivos de El Comercio a hacer una investigación independiente sobre sus decisiones como lo hizo, por un caso de menor importancia comparativa, el LA Times? ¿Respetan su credibilidad tanto como lo hizo ese diario?

Y ello despierta otra interrogante: ¿Por qué pararon la investigación y no salió lo de México?

Pero vayamos a lo que les preocupa a los Paredes Castro, Guerras, Lauers, Zileris y Miró Quesadas: las fuentes, sus intereses y la información proveniente de medios ilegales. De la experiencia que hemos vivido los peruanos en las últimas décadas, sabemos perfectamente que no todos los informantes son Madres Teresas de Calcuta. Y que, además, mucha de la información que se ve en medios proviene de fuentes interesadas. Por ejemplo, en el caso de irregularidades en licitaciones públicas, muchos de los datos que van hacia la pista de algo irregular vienen de los competidores perdedores.

Entonces, ¿cuál es la forma de combatir los intereses y manejar este tipo de información? De un lado los Manuales de Estilo, Códigos de Ética y Principios Rectores. De hecho, más allá de las personas, lo que más se lamenta de la salida de los periodistas antes mencionados es que cumplieron con los Principios Rectores de su Grupo Editorial. He allí algo que los MQ’s podrían explicarnos.

La otra es el método de investigación periodística. Sobre esto, se ha escrito toneladas de papel, pero un amigo me lo resumió de esta manera: lo paja del periodismo es que, utilizando el método, no solo puedes llegar a obtener la información, sino que además cumples con los principios éticos de la profesión. Porque el nivel de contrastación y verificación hacen que, de un lado, las hipótesis - e incluso los prejuicios - del periodista queden sujetos al uso de una metodología y, de otro lado, se pueda tamizar la información proveniente de fuentes con intereses y, en el caso que sea estrictamente necesario, con las obtenidas por terceros de modo ilegal.

Por ello, como dijo Augusto Álvarez Rodrich el miércoles, lo más difícil era no publicar.

3. ¿ES EL PETROGATE UN CASO MENOR?

Mirko Lauer y Marco Zileri, en medio de esta discusión, han señalado que este es el caso de dos pendejeretes y un caso de corrupción que no llegaría a ni a peso pluma. Creo que sus simpatías políticas no los dejan ver algo claro: que estamos ante un caso grave y que involucra a varios funcionarios de gobierno en lo que, a mi modo de ver, es un modus operandi gubernamental: la forma de atraer inversiones, salteando etapas, aprovechando tratos directos, antes que confiar en el mérito. De eso se trata este caso y, por ello, es mucho más que una minucia. Es nuevamente, la repetición de un viejo tópico de la historia del Perú: el patrimonialismo.

4. DOS CUESTIONES FINALES:

- Acordarnos de los periodistas y no solo de los columnistas. Esther Vargas da uno de los mejores testimonios de los periodistas de Perú.21 que han decidido quedarse y no renunciar. Es una valiente resuesta a quienes proponen boicots, olvidando que desde dentro se puede seguir luchando. Y una decisión tan aplaudible como la de los columnistas que decidieron irse y seguir por otros senderos igualmente críticos.

- Una cuestión pendiente: Investigar, investigar e investigar. Es lo que nos hace falta para seguir desentrañando lo que queda. Hay quienes estarán felices si este tipo de debates quedan en esto y no impulsan a los hombres y mujeres de prensa a seguir sacando cuestiones que puedan ayudarnos a ver hasta donde llegó realmente la corrupción en este gobierno.

Finalmente, me quedó con la reflexión de Carlos Basombrío. La gobernabilidad no se sostiene en la permanencia de un apellido, si es que hay actos de corrupción de por medio que lo pueden involucrar. La única gobernabilidad que nos debe importar es la gobernabilidad democrática. Y ello se puede conseguir si es que se deja hacer su trabajo a quienes nos deben contar la verdad de los hechos.

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