Archivo de 20 Noviembre 2008

HACE 19 AÑOS: 23 de noviembre de 1989. Expreso

HOY: 20 de noviembre de 2008. El Comercio:

¿Esta es su segunda y última gestión presidencial?
No, Dios no nos permite decir último, eso lo decide la divina providencia. Claro que me gustaría ser por tercera vez presidente del Perú. Y cuando veo gente que me quiere petardear, yo digo: hagan lo mismo que hicieron la otra vez y volveré más rápido.

Como alguien dijo, en política no se puede ser ingenuo.

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Si alguien me preguntara cual es el sentimiento común que tengo en estos días es el de la perplejidad. Entre directores de medios que salen del modo más abyecto, un presidente chino recibido con beneplácito a pesar de las violaciones de derechos humanos cometidas en ese país y un mandatario peruano dispuesto a volvernos a vender sebo de culebra en el 2016 para ser el “Presidente del Bicentenario”, la capacidad de sorpresa comienza a acrecentarse, en medio de una serie de acontecimientos que uno no termina sabiendo hacia donde van. O quizás sí.

Ayer Gustavo Gorriti escribió una de las mejores columnas que le he leido, dedicada a sus colegas que están viniendo a cubrir la pasacana de APEC, para que conozcan mejor al lugar al que llegarán durante estos días y del cual tienen pocas referencias. De todas las alusiones, ironías y puyas, me quedo con esta:

Aún ahora tenemos liderazgos cuyas historias parecieran emerger de la a veces buena literatura decimonónica de folletín. Nuestro presidente es un político capaz de vender, cuando está en campaña, refrigeradoras en el Polo Sur. Ha cambiado mucho de ideas, que expone siempre con la misma convicción. ¿Qué piensa en el fondo? No sé si él mismo lo conoce, pero si en el pasado su brillo nos llevó a la ruina, queda por ver –ahora que ha ganado peso con los años– si su madurez mejorará el progreso económico y la estabilidad democrática, o no.

A diferencia de Gorriti, quien se cuida mucho de dar un pronóstico o una sentencia final sobre un gobierno que no ha concluido - y uno podría pensar, hace bien dado el vértigo de los acontecimientos en el Perú -, lo cierto es este blogger considera que, justamente, el Presidente, a pesar del cambio de ideas económicas, sigue siendo el mismo líder decimonónico emparentado con los folletines que tanto gustaban a Madame Bovary. Porque, en esencia, Alan García tiene en su mp4 mental la idea del caudillo mesiánico bajo cuya influencia el país podrá salir del subdesarrollo - sea, en 1985, enfrentándose a la comunidad económica internacional, o, en el 2008, siendo su chico más engreido -. Y ello es letal para la democracia y para el desarrollo económico.

Me explico. En torno al aspecto democrático, la presencia de un personaje que pretende ser un mesías es un síntoma y un peligro a la vez. Síntoma de que algo falla en nuestras reglas electorales y nuestra cultura política que permitió el regreso de un personaje nefasto para el país en su primer gobierno y, ojo, no dudo que tenga ciertas posibilidades de regresar en 8 años. Peligro, porque el caudillo tiende a limitar todos aquellos controles institucionales internos y externos. En el caso de García, dichas limitaciones no vienen bajo la forma de una imposición, sino a través de caramelos, sea para los congresistas, los jueces o, más recientemente, para los medios de comunicación. Y de allí a la corrupción no hay nada más que un paso.

En cuanto a lo económico, el caudillo mesiánico ve en su proyecto la única salida a los males del país. No acepta consejos contrarios y trata mal a quienes disienten de él. Y ello se vuelve más grave en un converso. El problema es que García se convirtió tarde al mercado, se convirtió en un talibán del mismo, pero ya en tiempos en los que el mal llamado neoliberalismo venía de salida. Recogiendo la analogía que alguna vez hizo Carlos Iván Degregori sobre el AGP populista,  parece que el presidente termina siendo un Baby Sinclair frente a los tiempos internacionales de cada ciclo económico.

Y ya emparentándo esto con lo ocurrrido en estos días en la prensa peruana, digamos que el estilo García no es exclusivo de Palacio de Gobierno. Al final de su reeditado libro sobre la historia de la televisión (En Vivo y en Directo, altamente recomendable), Fernando Vivas expone esta idea que me parece vital para entender lo ocurrido:

Persiste, aislado del resto del gremio agrupado en la SNRTV, en la figura de Genaro Delgado Parker, el viejo modelo patronal familiar del empresario que busca sacarle al poder todo lo que no le saca al mercado (me refiero al mercado de la televisión, pues estos empresarios han diversificado su inversión en otros rubros) y tener prerrogativas respecto a sus obligaciones sociales y tributarias. No importa, en este modelo, que su frente periodístico sea oficialista o críticos del poder político, sino que sea controlado en la medida lo posible por el empresario que - sin ser parte de la estructura periodística (lo que legitimaría de alguna forma su presión e intromisión) - busca imponer su punto de vista en cada decisión editorial.

Sin duda, hay explicaciones bastante interesantes sobre lo ocurrido en la prensa en las últimas semanas. Tenemos la indignación ciudadana y cívica por la ausencia de voces disidentes, tan bien expresada en un post de Laura Arroyo Gárate.  También las que apuntan a la contradicción existente entre la convivencia entre un medio liberal creado en una corporación conservadora, cuestión que parece reproducirse en otros ámbitos, como bien ha apuntado Roberto Bustamante. O al cierre de espacios en la transición democrática peruana y hacia los grupos que la impulsaron mediáticamente, anotada por Marco Sifuentes. Pero creo que las tres nos llevan al tema esencial: el poder y como se maneja en estos tiempos.

¿Y donde se cruzan las líneas de ambos tipos de poder arriba descritos? Fernando Rospigliosi lo describe bien en Espacio Compartido:

Todo eso ha sufrido un cambio radical ahora. Se han combinado las disputas familares y las presiones de un gobierno intolerante, que es inepto para gestionar el Estado en bien de los ciudadanos, pero tiene una extraordinaria habilidad para utilizar el poder con fines perversos.

Y esto es lo que ha ocurrido. Ha sido el poder político incómodo por un diario que, sin ser radical, hacía una oposición coherente desde el liberalismo al gobierno, sumado al poder económico de varios negocios que podrían ser afectados en el corto y mediano plazo los que han liquidado a Perú.21. Y son los mismos que, vale decirlo ahora, están encaramados en las alturas del poder en el Perú. Tal vez siempre lo estuvieron pero, desde tiempos de Fujimori, nunca su actuación fue tan grosera, abierta y evidente.

Lo peor es que el estilo de hacer política y negocios en el Perú se parece mucho al de ciertos regímenes poco democráticos y transparentes, cuyos líderes vienen a Lima en estos días. Quizás sea por ello que el Presidente se sienta tan a gusto hablando en chino, mientras que no tenga nadie que lo haga hablar en perfecto castellano sobre aquello que lo incomoda.

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