Archivo de 18 Noviembre 2008

Tal como lo anunciara ayer Fernando Rospigliosi a Ombloguismo, hoy ha salido a la red Espacio Compartido, un blog elaborado por ex columnistas de Perú.21.

Los ex “Augusto - boys” que forman el proyecto son, además de Rospi, Carlos Iván Degregori, Luis Pásara, Carlos Basombrío, Jorge Bruce, Nelson Manrique y Santiago Pedraglio.

Tal como señalan sus autores:

Nuestra decisión individual de escribir en ESPACIO COMPARTIDO no nos compromete colectivamente con las opiniones de cada uno y no excluye en lo absoluto nuestra presencia en otros medios de comunicación de cualquier naturaleza. Paulatinamente, y en base al consenso de sus fundadores, ESPACIO COMPARTIDO irá incorporando a otras personas, así como diversificando y enriqueciendo los contenidos.

Por lo pronto, al momento de ver el blog, ya han publicado Luis Pásara, sobre el fin del proyecto Perú.21 y Fernando Rospigliosi, en torno a los sectores de extrema izquierda que quisieran adelantar las elecciones. Digamos, la variedad de temas y de enfoques está garantizada.

Y coincido con Sifuentes en la sugerencia: abrir su sección de comentarios. Martín Tanaka (otro ex Perú.21) ya demostró que un columnista de peso puede tener su blog y mantener el nivel del debate en los comentarios.

Bienvenidos de vuelta (y también al blogroll de este blog, sección “Los Especialistas”).

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Parece, lamentablemente, que se ha convertido en moneda común las noticias sobre ataques a policías y militares en la zona del VRAE o en el valle del Vizcatán, causados por remanentes de Sendero Luminoso que se han convertido en los guardianes del narcotráfico. Como señala La República, en un año y medio, estos ataques han costado la vida de 35 personas.

De otro lado, en el Frente Huallaga, que es donde se localiza la otra columna subversiva de SL, los logros son mayores e importantes. De hecho, en los últimos días se incautó la agenda de Artemio, uno de los cabecillas de la organización, asi como otras pertenencias que, como en el caso de la cúpula senderista hoy en prisión, pueden ser vitales para su captura. Curioso, existen críticas muy duras hechas por el senderista a la CVR, a la que los radicales del otro lado acusan de pro-terrorista. Como siempre, los extremos tienen más coincidencias que semejanzas.

¿Cuál es la diferencia entre lo que ocurre entre un lugar y otro? Dilucidarlo es importante porque ambas zonas son las que concentran la mayor producción de droga del país y, en ambas, la estrategia contrasubversiva tiene resultados disímiles.

En el caso del Huallaga, Gustavo Gorriti ha señalado que se trata de la estrategia policial basada en los logros obtenidos por el GEIN la que ha dado resultados. Se trata de operaciones de inteligencia objetiva que van teniendo resultados en obtener datos para dar con la ubicación de las columnas existentes y, en combate, con su eliminación. En ningún caso se viola derechos humanos y los oficiales policiales trabajan esforzadamente, a pesar del poco reconocimiento que tuvieron bajo la gestión de Luis Alva Castro.

Mientras que en el VRAE, la situación es distinta. Aquí tenemos la situación a cargo de las Fuerzas Armadas, pero, en este caso, las posiciones militares de Sendero son más claras. Y, según las quejas de las autoridades, no ha operado en términos reales el Plan VRAE, planteado por el ex Ministro de Defensa Allan Wagner para mezclar los operativos militares con apoyo social. Como señala Gorriti, aquí el problema mayor es la inoperatividad y la dejadez del Ejército.

¿Qué hacer? Muy simple. En el Huallaga, continuar respaldando al puñado de oficiales que viene haciendo las operaciones de inteligencia selectiva. El respaldo del comando policial al GEIN y la paciencia en obtener resultados fueron claves para la captura de Guzmán y compañía. Lo mismo debería resultar en el caso de Artemio y sus cada vez más menguadas huestes.

Y en el VRAE, dejar el control de la lucha a la policía, aplicando la misma estrategia con apoyo de las Fuerzas Armadas en las incursiones más díficiles. En este caso, la dificultad mayor se encuentra en los celos institucionales, pero los ministros de Defensa e Interior deberán ser lo suficientemente capaces de decirle a sus respectivos directores y comandantes que la única forma de acabar con este flagelo es que quien tenga el comando es el encargado de la seguridad interna - la Policía - y que las Fuerzas Armadas operen bajo su mando y colaboren con la logística con la que cuentan. Eso sí sería un giro diferencial real, amén de los temas sociales que competen, en realidad, a los ministerios de cada sector, con los que debería coordinarse más.

Como vemos, hablamos aquí de una estrategia que da resultados concretos, que no vulnera derechos fundamentales y que, además, es necesaria para que cientos de compatriotas puedan vivir, por fin, en paz.

(Infografía: La República)

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rodrich.jpgEl domingo 15 de abril de 2007, Augusto Álvarez Rodrich publicó un editorial que, visto a la luz de los hechos resultó ser bastante premonitorio de algunas cosas. 

En aquella oportunidad, AAR denunció la existencia de un file en su contra elaborado desde la Presidencia del Consejo de Ministros, durante la gestión de Jorge del Castillo, para ser repartido durante la interpelación del caso Pandolfi. Del Castillo ha negado su intervención en ese hecho, pero varias fuentes han reiterado al editor de este blog que el mismo existió y que fue puesto en los escaños de los 120 congresistas el día de la interpelación.

Ya allí se venía en claro que la tónica de este gobierno frente a las críticas sería la de la intolerancia y no la de la saludable distancia que debe existir entre los medios y la prensa, en todo Estado democrático.

Publico la columna completa y verán que cobra actualidad en estos días.

EL GOBIERNO Y LOS MEDIOS - Augusto Álvarez Rodrich (Domingo 15 de abril de 2007)

En una reunión con un grupo de periodistas realizada en abril del año pasado, entre la primera y la segunda vuelta, uno de los presentes sostuvo que, si hubiera que decidir el voto pensando en su efecto sobre la libertad de expresión, se debía votar por Alan García.

Yo me permití relativizar esa opinión. Estrictamente, desde el punto de vista de las condiciones para ejercer el periodismo con libertad, mencioné que lo peor que podría pasar con Ollanta Humala sería que este intentara estatizar los medios -lo que a estas alturas ya es muy difícil- o que sus militantes -que en ese momento se mostraban belicosos- te amenazaran, lo cual se podría contrarrestar con precauciones de protección personal. El problema con García es que a él le gusta establecer buenas relaciones con los propietarios de los medios, y eso, agregué, puede llegar a ser un exocet para el ejercicio libre del periodismo.

Nueve meses después de iniciado el gobierno aprista, tengo la sospecha de que, lamentablemente, no estaba tan desencaminado.

Claro, hay propietarios y propietarios. Hay los que defienden el ejercicio decente del periodismo, lo que implica independencia y autonomía frente al poder político o económico. Pero también hay los que usan un medio de comunicación como mecanismo para acercarse a los poderosos y obtener prebendas de ellos.

Yo he tenido la suerte de trabajar en el periodismo siempre bajo las primeras condiciones. Así ocurrió durante las más de dos décadas en las que estuve en Apoyo, y así ocurre ahora en Perú.21. De acuerdo con los Principios Rectores del Grupo El Comercio, preparados por Alejandro Miró Quesada Cisneros, la independencia representa el factor primordial para alcanzar la veracidad y la credibilidad, pues solo con ella el medio tendrá la autoridad necesaria para orientar a la comunidad.

Con el fin de apuntalar dicho objetivo, el mismo documento -que rige la conducta de nuestros periodistas- establece lo siguiente en relación con los directores periodísticos de los medios del grupo: “Cuentan con autonomía para plantear, aplicar y desarrollar la línea editorial del medio. Esto implica la correspondiente autonomía para decidir qué informar en sus medios. Solo así pueden ofrecer líneas informativas originales y de interés para sus lectores. Esta autonomía debe ser ejercida dentro del cumplimiento de los Principios Rectores“.

Puedo dar testimonio de que, en todo este tiempo al frente de Perú.21, desde su fundación hace más de cuatro años, esto se ha respetado cabalmente, lo cual no habla necesariamente bien de mí sino del grupo empresarial en el que trabajo.

También es así en RPP, donde me ofrecen las condiciones para preguntar a los entrevistados, cada mañana, con independencia y pensando en lo que creo que le interesa a la audiencia.

Y también me ocurrió así durante la última campaña electoral cuando participé en el programa Dos dedos de frente de Frecuencia Latina, donde tuve la posibilidad de entrevistar a casi todos los candidatos presidenciales sin que nadie me impusiera un guión.

Estoy seguro de que en los tres casos antes indicados, no siempre los propietarios coincidieron plenamente con los enfoques que desarrollé. Pero siempre los respetaron.

Lamentablemente, eso no sucede en todos los grupos editoriales peruanos, algunos de los cuales poseen una invicta vocación de ofrecerse al gobierno de turno, cualquiera que sea este, tal como se viene constatando, otra vez, en estos días.

Dicha vocación se refuerza por el hecho de que incluso los gobiernos de origen democrático, apenas se ven envueltos en problemas complejos, empiezan a establecer alianzas con medios que ponen a su servicio sus contenidos para los ataques que pretenden realizar a quienes los critican.

Este hecho lo he constatado con frecuencia cuando Perú.21 ha tenido una posición crítica frente a alguna decisión del Gobierno -el actual o el anterior-, como ha vuelto a suceder esta semana a propósito de los cuestionamientos formulados por este diario al nombramiento indebido de Alberto Pandolfi.

Antes de contestar las observaciones con argumentos, el Gobierno ha pretendido desprestigiar a sus críticos. Eso es lo que ha estado haciendo, en contra de lo que ha sido su conducta habitual, el premier Jorge del Castillo, acusándome -además de a otras personas- en diversas declaraciones de “no tener autoridad moral” para criticarlo por el hecho de haber sido miembro de una comisión del Indecopi y del consejo directivo de Osiptel durante el gobierno de Fujimori.

La justificación del premier implica desprecio por el funcionario que presta un servicio en el Estado, pues asume que cada integrante de la burocracia es un militante político.

¿El premier cree que todos los actuales integrantes del Indecopi o de los organismos reguladores de servicios públicos son responsables de la orientación política del Gobierno? ¿Eso fue lo que le pidieron a la comisión Webb que consiguiera? ¿Asume el premier que todos los que trabajan en el sector público comparten la responsabilidad por el nombramiento de alguien acusado de corrupción como Pandolfi; por la presencia cerca del Gobierno de alguien tenebroso como Juan Carlos Polar; por las sugerencias de Rafael Rey de pedirle consejos en asuntos de gobierno a Vladimiro Montesinos y Agustín Mantilla; por los robos en la compra de ambulancias y patrulleros; por el intento de debilitar a las ONG y de reimplantar la pena de muerte; o por las coincidencias sospechosas con el fujimorismo; para solo mencionar algunos problemas del Gobierno durante los primeros nueve meses? Eso no lo comparte ni siquiera buena parte del gabinete ministerial.

Para que lo sepan los que tratan de desprestigiarme injustificadamente, yo ejercí funciones autónomas e independientes en Osiptel e Indecopi, con honestidad y dedicación. En esta última, incluso, también lo hice durante los gobiernos de Valentín Paniagua y Alejandro Toledo, y nunca me sentí ni militante ni socio de sus administraciones. Hace dos décadas, incluso, participé en el directorio de un banco estatal durante el primer gobierno aprista. Siempre tuve, además, la independencia para criticarlos en los asuntos con los cuales discrepé. Dejé toda función pública cuando opté por contribuir, desde su dirección, en el año 2002, a la fundación y el desarrollo de Perú.21.

Guardo el mejor recuerdo de las responsabilidades que he desempeñado en el Estado peruano -no en los partidos que llegaron al poder-, y por la decencia e integridad de las personas con las que tuve la suerte de compartirlas. Nunca he tenido una acusación de ninguna índole por las funciones públicas que desempeñé.

Eso debería saberlo muy bien el premier porque él se ha encargado en estos días de hacerme un file de 51 páginas con el resumen de mi participación en la administración pública, en el que aparecen nombramientos, contratos, bibliografía, etc., el cual se distribuyó, en la reunión realizada en la Presidencia del Consejo de Ministros, a los congresistas de su bancada con el fin de tenerlo a la mano como estrategia de destrucción durante su presentación ante el Congreso por el caso Pandolfi.

No es la primera vez que me investigan de ese modo. Por ejemplo, ya antes lo había hecho, solicitando la misma información, el entonces congresista Jorge Mufarech -ex ministro de Fujimori- durante el gobierno de Toledo. Tampoco pudieron encontrarme nada sucio porque, sencillamente, yo no tengo rabo de paja.

Lo más curioso de todo es que el contenido de dicho file apareció la semana pasada publicado en varias páginas injuriosas de un diario de escasa circulación con el fin de desprestigiarme, del mismo modo como pretendieron hacerlo hace poco con el congresista Carlos Bruce, y como Mercedes Cabanillas alertó recientemente que iban a hacer con ella.

Las difamaciones que me han hecho esta semana se repiten de vez en cuando, desde que empecé a trabajar en Perú.21, en otros medios de comunicación y por parte de otros políticos, y coinciden con momentos en que este diario critica al Gobierno, al actual o al anterior.

Nunca quise responderlas en el pasado principalmente porque creo que los periodistas, para procesar bien las noticias, debemos evitar ser la noticia.

¿Por qué un Gobierno ataca a un periodista? Para asustarlo y, de ese modo, callarlo; para desviar su foco de atención periodístico desde los políticos hacia uno mismo; y para desprestigiarlo ante el público, haciéndolo poco creíble o confiable.

Por este motivo, por esta vez, he optado por responder las difamaciones que estoy recibiendo desde el Gobierno y medios de comunicación afines al mismo. Por respeto a los lectores, porque debo defender la credibilidad del medio que dirijo y mi trayectoria, porque no tengo rabo de paja, para dejar constancia para el futuro, porque siento que tengo una obligación con el público que cotidianamente nos sigue, porque creo que son parte de una agresión a la libertad de expresión, y para decirle a quienes hoy nos atacan que no les tenemos miedo ni lograrán que retrocedamos en nuestras convicciones y posiciones. Viniendo de quien vienen, tomo sus agravios como una condecoración a quienes trabajamos en Perú.21.

El gobierno del presidente García tiene todas las condiciones para desarrollar una excelente gestión especialmente en materia económica y social. Lo que debe impedir es caer en la tentación que seguramente algunas fuerzas le sugieren para perder el tiempo y perderse, así mismo, en teorías conspiratorias y en luchar contra fantasmas inexistentes. Y ello implica entender cabalmente el valor real de una prensa independiente.

Desafortunadamente Augusto, en esa tentación involucrado hasta el fondo este gobierno. Y justamente, el valor de la independencia de los medios es lo que este gobierno no entiende.

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