Archivo de 7 Noviembre 2008

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En la madrugada de hoy, Yehude Simon obtuvo el voto de confianza del Congreso para desempeñarse como Presidente del Consejo de Ministros. Aunque parecía previsible dicha votación por como habían anunciado las bancadas que votarían, algunas cuestiones interesantes de analizar se desprenden de las 2 horas en las que habló. (Del debate parlamentario, salvo intervenciones puntuales, todo se redujo a las puyas de siempre).

Una primera impresión es que Simon aún no se ubica en el rol del Presidente del Consejo de Ministro de un gobierno que se encuentra a la mitad de su periodo. Y es que, por momentos, el mensaje de ayer me sonó a agosto de 2006, cuando Jorge del Castillo exponía las grandes metas a cumplir por el gobierno, muchas de las cuales se han repetido en este mensaje. O al mensaje de un candidato presidencial que pretende hacer grandes cosas para convencernos de que votemos por él en el 2011.

El tema es que, conociendo ya en claro como es este gobierno y este Presidente, la verdad es que muchas de las metas bien intencionadas de Simon parecen ser irrealizables. Y otras se cumplirán a medias. Mucho ánimo de reforma no existe. Tampoco el de mover mucho la economía - a pesar que el Presidente se confiese fan de Keynes -. Para García, mientras le salga bien la cumbre de APEC y no le reviente algo tipo Tacna en lo que queda del año o salga otro audio - bomba se dará por bien satisfecho. Es allí donde este gabinete - parchado, por lo demás - tiene sus grandes limitaciones.

Gran escepticismo produce, por ejemplo, el Plan Nacional contra la Corrupción. Mejor dicho, estoy escéptico con que se lleve a cabo. No porque a Simon le falte voluntad, sino porque, ya con la experiencia de lo que fue poner en el desvan a la Iniciativa Nacional Anticorrupción hecha durante el gobierno de Paniagua, esto de crear planes rimbombantes que no se cumplen por la poca voluntad de los Presidentes y de los funcionarios encargados de los controles. Ojo, si se cumple, en buena hora, será lo mejor para el país.

Otra cuestión que me produce preocupación es este anuncio de adelantar la vigencia del Código Procesal Penal en Lima. Como se sabe, la vigencia de este cuerpo legal se haría de modo gradual, para ir corrigiendo errores e ir capacitando a los magistrados en esta tarea. Ahora quiere acelerarse para aplicarse a los casos de corrupción. Los chicos de Justicia Viva recuerdan que la improvisación no es buena consejera en este caso:

Hemos dicho ya reiteradas veces que comenzar a aplicar el nuevo modelo supone la adopción y ejecución de un plan de acción serio, que incluya aspectos como: infraestructura y tecnología moderna, capacitaciones a fondo en temas teóricos y prácticos, nuevo personal administrativo capacitado, cambios a nivel de organización y gestión, niveles altos de coordinación y acuerdos entre los actores del sistema, entre otros.

Estos aspectos no son fáciles de implementar; no se trata de decir: “comencemos” y dar por hecho que todo está listo para ello. Estamos, en efecto, ante un cambio de mentalidad y una modificación casi absoluta de las normas y criterios que por muchos años han utilizados los operadores del sistema. Cambiar requiere, entonces, de planificación, esfuerzo y tiempo.

Ello más aun cuando estos aspectos deben abordarse en todas las instituciones vinculadas, como lo son el Ministerio Público, el Poder Judicial, la Defensoría de Oficio y, sobre todo, la Policía, que cambia de modo sustancial sus funciones, dejando la investigación del delito en manos del fiscal. ¿Acaso eso se puede lograr de inmediato porque la Ministra se ha enterado que algunos casos se resuelven rápido? No. Nosotros sabemos (porque lo hemos visto) que el nuevo modelo genera problemas y tiene altos riesgos si no hay preparación; riesgos que aumentan en distritos judiciales complicados y numerosos, pero aparentemente esto es poco relevante para la Ministra y eso preocupa.

Otra área por la que existe preocupación es la económica. Y en ello, sigue preocupando que todos los actores - Alan, Yehude y Valdivieso - expresen un optimismo a prueba de balas. Quizás Valdivieso es el más cuerdo, al decir que la economía se desacelerará y que, de hecho, ya lo está haciendo. Pero, la verdad, suena demasiado optimista decir que el Perú se convertirá en el centro que atraerá inversiones en momentos de crisis. No hay necesidad de alarmar a la gente - de hecho, creo que la economía tiene mucho de psicológico -, pero tampoco le contemos el cuento de la Caperucita Roja, que a estas alturas parece anacrónico.

Pero también existieron anuncios importantes ayer que esperemos que se cumplan: el impulso a la formación de por lo menos dos macroregiones antes que termine el gobierno y la creación de un consejo coordinador interregional, la aplicacion del Plan Integral de Reparaciones a las víctimas del conflicto armado interno, un mejor trabajo de inteligencia en la zona del VRAE frente a los remanentes de Sendero y la mejora de la central de prevención de conflictos sociales. Si se cumplen con estos anuncios, Simon podrá exhibir logros concretos, antes que las promesas que dijo ayer.

Como dijo Luis Galarreta, lo de ayer parecía un voto de esperanza antes que de confianza.

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