Triste requiem el que tuvo ayer el Consejo de Ministros presidido por Jorge Del Castillo. El breve mensaje ministerial de noche culminó lo que fue un día lleno de equivocaciones, prepotencias y falta de autocríticas, que terminan desluciendo esta primera mitad del gobierno de Alan García.

Creo que a Del Castillo nadie puede negarle que se la jugó en contra de Fujimori y que fue uno de los pocos miembros del Gabinete que abiertamente mostró su rechazo a cualquier pacto con el fujimorismo. También que fue uno de los pocos que estuvo a favor del cumplimiento de las recomendaciones de la CVR - por lo menos, en lo que respecta a las reparaciones colectivas -, que haya buscado el diálogo en buena parte de los conflictos sociales y que haya procurado una mayor inversión privada.

Pero, a la vez, Del Castillo termina esta gestión con serios problemas que pueden afectar su futuro político. Conforme fue avanzando el gobierno, su capacidad de tolerancia se fue perdiendo y dando paso a una intemperancia que fue afectando su capacidad de mediador de conflictos, rol, además, en el que terminó encasillado.  Asimismo, en crítica que se le puede hacer a todo el gabinete (y a su jefe, el Presidente de la República), no fue capaz de articular una serie de reformas institucionales y sociales necesarias para consolidar la democracia, lograr que los beneficios del crecimiento económico lleguen a la mayor parte de las personas y prevenir actos de corrupción. Finalmente, Del Castillo ha terminado directamente afectado por los audios del Petrogate, a los cuales no ha sabido hacer frente con exactitud de datos y cifras. Hoy, nuevamente, es desmentido por una política dominicana que niega ser quien facilitó la reunión entre Alan García y Fortunato Canaán en abril de este año.

Ayer, Del Castillo hizo un papelón monumental. Aunque arguyó un artículo constitucional que permite a los Ministros estar presente en las reuniones del gabinete, se olvidó que, en las sesiones del Congreso, todo se concerta en Junta de Portavoces. Si ya ellos habían acordado algo, dicha decisión debió respetarse. Eso se olvidó el Premier e hizo el bochornoso espectáculo de ayer.

No han faltado las viudas de este gabinete. Ante los rumores que se iban Susana Pinilla, Rafael Rey y Ántero Flores - Araoz, hoy Víctor Andrés Ponce, en entrevista con la primera de los nombrados en CPN, poco más y se pone a llorar. Francamente patético.

Espero que en Palacio resuelvan pronto este problema. Aguantarlo hasta el martes sería suicida. Sobre todo, cuando otros problemas que siempre estuvieron allí vuelven a manifestarse.

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