
Hace un par de años ya, en clase de Farid Kahhat, el conocido analista político puso en cuestionamiento el concepto de Estados Fallidos, una categoría utilizada para calificar a determinados países como inviables. Las críticas, basadas en un anáisis del politólogo Javier Alcalde, fueron presentadas hace un tiempo en el blog Perú Político:
Alcalde articula su análisis alrededor de tres categorías para clasificar las diferentes interpretaciones de los Estados fallidos. En primer lugar, tenemos aquellas explicaciones que se centran en explicaciones que Alcalde denomina “ideológicas”, es decir, que buscan legitimar y sostener una visión distorsionada de inferioridad de los Estados fallidos, y así poder intervenir en ellos. En segundo lugar, tenemos las explicaciones que privilegian deficiencias o características particulares en las sociedades y los gobiernos de los países subdesarrollados. Finalmente, existen las explicaciones que relacionan a los Estados fallidos con el funcionamiento del sistema internacional en los últimos doscientos años. Estos tipos de explicaciones no son excluyentes entre sí.
Sin embargo, Alcalde asegura que las explicaciones más difundidas hasta el momento cuentan con componentes del primer y segundo tipo de categoría de interpretación. Estas explicaciones se difunden principalmente desde Estados Unidos. Al contrario, las explicaciones del tercer tipo suelen ser escasas. Las explicaciones que provienen desde los académicos y el gobierno norteamericanos incluyen el concepto de “soberanía responsable”, donde la no intervención externa se convierte en una condición dependiente de la contribución al orden interno e internacional. Es decir, la soberanía deja de ser un concepto inherente al Estado moderno, sino que pasa a depender de las consideraciones de Estados extranjeros con intereses propios en juego.
Creo que es bajo esta premisa que se puede entender mejor una posición como la esgrimida por Roberto Bustamante acerca de la crisis en Bolivia:
Sigue complicado el momento de Bolivia. ¿Mala negociación? ¿Injerencia externa en el proceso post-referéndum? ¿Camino sin retorno? Ya Venezuela apuntó hacia Estados Unidos (de nuevo, con la fecha del 11 de setiembre muy cerca), y más allá de la exageración en el discurso para las masas, algo de razón tendrá. ¿Juegan los embajadores su propia agenda en la política local? Inocente sería decir que no. La alza en las encuestas de McCain (que había estado en Colombia hace poco) debe también inquietar a Chávez. Jugadas estratégicas: Un eventual triunfo republicano significará continuar una política de intervención militar en el mundo, seguir con la cuarta flota en el Atlántico Sur, etc. La respuesta de las Fuerzas Armadas Bolivianas fue directa: No al intervencionismo de ni un solo país.
¿Existe ciertamente la posibilidad de una intervención norteamericana en Bolivia? Coincido con Roberto en que sería inocente decir que los embajadores - norteamericano y venezolano - no dejan de tener juego en esta crisis que, con tantos años ya, merecería otro nombre. Sin embargo, más allá de alguna conjetura y de saber que Evo Morales no es santo de la devoción de Washington - ni tampoco de McCain -, no hay evidencia alguna de que Estados Unidos está detrás de las protestas autonómicas, las cuales ya lindan con el más absurdo de los separatismos.
Creo yo que la explicación está por otro lado, es decir, en los problemas que tiene dicho país hace buen tiempo. Martín Tanaka, hace algunos meses, comentaba:
Allí, tanto el Gobierno como la oposición se muestran muy agresivos, y parecen estar dispuestos a dejarse llevar por una lógica de confrontación total pero, al mismo tiempo, el conflicto sigue discurriendo por canales institucionales; precarios, ciertamente, pero no por ello menos significativos. En los últimos meses, el Gobierno impuso un proyecto de nueva Constitución al caballazo; la oposición respondió exigiendo autonomías; el Gobierno, a continuación, desconoció sus resultados; después, la oposición propuso un referéndum revocatorio que el Gobierno aceptó.
En otras palabras, más que intenciones separatistas de la oposición, o intentos dictatoriales del Gobierno, lo que me parece que hay son continuas demostraciones de fuerza que buscan entrar en mejor pie a un proceso de negociación, sabiendo cada cual que no es capaz de someter a su adversario. El Gobierno sabe que no puede imponer por la fuerza sus proyectos en las regiones del oriente; y la oposición sabe que sus negocios, prósperos en un contexto de crecimiento, se pueden arruinar con una aventura separatista.
Como lo dice el mismo Tanaka, se trata de un equilibrio inestable y riesgoso. Y de hecho, lo visto en los últimos días confirman los riesgos de jugar con gasolina de 97 octanos o gas natural en el altiplano. Ingerencias extranjeras y coprolalias verbales chavistas al margen, creo que la crisis reside en la falta de voluntad de ambas partes de emprender un diálogo en serio.
Mientras los otros presidentes llaman a que el país no se parta, como en el poema de Vallejo, el cadaver, ¡ay!, siguió muriendo.
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