
Ya me conocías. La mejor de las maestras nos presentó, bueno, de un modo indirecto, pero así pudiste conocer que escribía. Otro día, reunión inesperada en el patio de tu facultad, te vi, me viste, hablamos, pero no supimos quienes éramos. Y, finalmente, un amigo nuestro afecto al plástico - a quien siempre agradeceremos - te dio la llave para abrir la puerta. Tuvieron que pasar dos días para que esa llave se activara: un mail tuyo diciéndome que habías escrito algo fue mi primer contacto con tus textos. Y a las pocas horas ya nos hallábamos hablando.
La confianza se entabló casi al instante. A los pocos días comentabamos nuestros proyectos y a la semana sobre que era lo que nos gustaba y nuestras cuestiones más personales. Conocerte en persona fue un descubrimiento, pues me enteré que existía un programa de postgrado en el que estoy ahora, porque supe que la ciencia de las palabras es algo más que una congresista fujimorista malhumorada y que mucho de lo más bonito de este mundo viene en pack pequeño, pero en suficientes cantidades para ser apreciado.
Los días se han sucedido y mucha agua ha ido y venido en la bahía de Lima. Y en ese devenir, me enseñaste varias cosas: neologismos inventados por ti, lugares que no conocía, sensaciones que hacía años no tenía, una forma peculiar - sea directa o indirecta - de decirme las cosas, la virtud de la paciencia y la tolerancia, el aprender a esperar y disfrutar los encuentros. Gracias a ti mi oido musical se expandió - mejor dicho, recordó que existían otras cosas más allá -, los posts mejoraron y redescubrí la amistad como el espacio de entrega del uno al otro, con detalles, y manteniendo la esencia de lo que somos.
Hoy te veo más grande de cuando te conocí. Y no porque hayas aumentado en estatura, sino porque has crecido mucho en este año. Alguna vez me dijiste que yo era en parte “responsable” por ello. Yo sigo pensando que quien finalmente trama su suerte en esta vida es uno mismo, pero que una ayudita de los amigos nunca viene mal y siempre es bienvenida. En todo caso, gracias por permitirme estar allí y, ahora, comenzar a ver los frutos de todo aquel esfuerzo que comenzaste hace tiempo y has profundizado en los últimos meses.
Se vienen épocas de cambio. Etapas se cierran y otras comienzan. Bien lo sabemos ambos. Quizás en algún momento cercano algún aeropuerto estará en nuestro camino próximo. Pero asi nos encontremos entre la distancia que media entre un distrito con nombre de santo y otro con nombre de mujer, o sean varios cientos de kilómetros, sabemos que contamos el uno con el otro.
Hoy es un día especial para ti pues llegan los 22. Y por ello hoy me tomé la libertad de dejar a un lado los temas políticos que tanto nos apasionan, para dedicarte estas líneas. Porque eres la más especial y la mejor de las amigas. Porque me hiciste ver que podía ser una persona mejor. Y por supuesto, por el simple hecho de ser quien eres. Valieron la pena esas “no - casualidades”. Nunca las alteridades fueron tan buenas como ahora.
Te dejo este presente musical. Se que te gustará, no solo porque es una melodía en piano, sino porque se que esta melodía te recuerda mucho uno de tus momentos más felices.
Un abrazo.




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