
Anoche fui espectador de uno de los espectáculos políticos más lamentables que he visto en mi aún corta vida. En el programa de Rosa María Palacios, Lourdes Alcorta y Aurelio Pastor defendieron la poca transparencia del Congreso de la República, con argumentos que sonaban más a plañidera y frescura que a otra cosa. Ambos atacaron a la conocida periodista por “atreverse” a exigir lo que es un derecho ciudadano: que los funcionarios públicos nos rindan cuentas de los gastos operativos que todos pagaron con nuestros impuestos. La frase que reflejó todo fue proferida por Alcorta: “Yo no voy a decir nada sobre mis gastos operativos porque no me da la gana”. Los diez últimos minutos de la antológica entrevista, a continuación (los diez primeros, en la web de El Comercio:
Pero la sinverguencería no ha quedado allí. En el acto más lamentable de los hechos por un Congreso altamente desprestigiado - y no por culpa de la prensa ni de los blogs -, la Mesa Directiva ha decidido cambiar las reglas de juego para no justificar los gastos operativos. Perú.21 cuenta la historia:
Su alicaído nivel de aceptación ciudadana, sin embargo, no parece importarles en lo más mínimo a nuestros legisladores quienes, ratificando su falta de sintonía con la población, han decidido cambiar para beneficio propio, y entre gallos y medianoche, las reglas de juego que desde setiembre de 2006 eran aplicadas para la rendición de cuentas de sus gastos operativos.
En consecuencia, los congresistas ya no están obligados a rendir cuenta documentada del 90% de la partida de S/.7,617.20 que les asigna mensualmente el Legislativo ni a sustentar el 10% restante mediante declaración jurada. Desde agosto último, la justificación con recibos o facturas la realizan por un monto no menor al 30%, y el 70% restante, que equivale a más de S/.5 mil, queda prácticamente a su libre disponibilidad pues solo tendrán que firmar una declaración jurada simple para justificar su desembolso.
Lo curioso es que el cambio propuesto y hecho gracias a Velásquez Quesquén y compañía se hizo luego de que estallara el escándalo José Anaya. Pero no por las buenas razones, sino para evitar que la auditoría hecha por el Congreso detecte otros casos similares al de este parlamentario.
Repasemos. Un congresista desconocido, de un partido dividido y nuevo es detectado en uno de los actos de fraude más claros de los que el país tiene memoria. Sus pares lo entregarán como trofeo esta noche para que la ciudadanía diga que otorongo si come otorongo. Mientras tanto, se encarga una auditoría a la Contraloría, pero ya con reglas cambiadas para que no se detecte ninguna irregularidad. Y esa misma auditoría es puesta como pretexto para que no entregar la información sobre gastos operativos - que es pública - a los ciudadanos que lo soliciten.
Como me dijo una amiga anoche, más que biombo sobre sus cuentas, los congresistas pretenden poner un muro de ladrillo.
ADOPTA A TU CONGRESISTA PARA QUE RINDA CUENTAS: Si quieres pedir los gastos operativos de un congresista has clic aquí para que sepas los pasos que tienes que hacer. Si los pediste y te rechazaron la solicitud, puedes bajárte un modelo de solicitud de aquí, teniendo en cuenta que tienes 15 días desde que te dieron la carta de rechazo para presentar la solicitud.
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