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Si faltaba alguien que se sumara a la serie de intolerancias proferidas contra la Comisión de la Verdad y Reconciliación, era el Cardenal Juan Luis Cipriani, viejo “amigo” de los comisionados (y de este blog).
Asi que luego de los insultos de Giampietri, Ántero, el lío de Meche Cabanillas y los textos escolares y las agresiones fujimoristas - reconocidas ya por Carlos Raffo, aunque dice que solo fue la barra brava del Chino pero sin sus órdenes (si, claro) -, Cipriani se mandó con todo en su homilía del sábado (por el día de Santa Rosa de Lima). Tomado literalmente de la web del Arzobispado de Lima:
Por otro lado expresó que “se ha puesto de moda el maltrato hacia la Policía Nacional y hacia las Fuerzas Armadas. Nuestra patria acoja con agradecimiento, sin ideologías, sin odios la presencia de la Policía y Fuerzas Armadas. Son demasiado importantes los derechos humanos para que los dejemos en manos de un pequeño grupo ideológico”, reflexionó.
“Los derechos humanos surgen de nuestra razón de ser personas, no es un conjunto sistemático organizado por un grupo, surgen con la misma persona, con el derecho natural, que las Naciones Unidas lo convierten en un plan concreto en el año 1948, pero llevamos un tiempo en que se ha convertido en bandera política de un grupo contra otro”.
Reviviendo un viejo clásico del criollismo peruano, Monseñor Luis Bambarén ha mandado callar al Cardenal. Pero, independientemente de que discrepe de la opinión de Cipriani, creo que el “por qué no te callas, Juan Luis” no es la respuesta más acertada a este tipo de expresiones. Por el contrario, es bueno que el purpurado se despache a su gusto para, de un lado, responderle con argumentos y, de otro lado, recordar porque está en contra de la CVR.
De lo primero se han encargado tanto los miembros de la CVR como algunos medios de comunicación. La opinión de Gastón Garatea, por ser sacerdote - respondiéndole a otro, en este caso - y una persona íntegra, merece resaltarse:
Yo no le daría mucha bola (a las expresiones del cardenal Cipriani), porque son solo insinuaciones. Tomarlas en cuentas sería como saltar a una piscina sin agua. Evidentemente, él está defendiendo a las Fuerzas Armadas, pero son unas fuerzas armadas a las que no hemos atacado y a las que también queremos ver limpias y decentes. Coincido con el cardenal en que no se puede dejar los derechos humanos en manos de un pequeño grupo ideológico, que podría ser también de derecha, pero nosotros no somos un grupúsculo. Como dice el ministro Flores-Aráoz, la CVR no existe. Lo que existen son ex comisionados. La influencia que tenemos nos la hemos ganado con honestidad y valentía. Quien nos ataca a nosotros ataca al Estado, porque nosotros fuimos nombrados por el Estado y actuamos en nombre del Estado. En esos grupos que están a favor de los DD.HH. están la Defensoría, el Consejo de Reparaciones y la PCM.
Lo que dice este comando anti-CVR es una gran mentira. Esto podría explicarse por ignorancia, es decir, por no haber leído el informe; o –lo más probable– por el interés ideológico y subalterno de enfrentar al país con los principios de la defensa de los derechos humanos, queriendo asociarlo exclusivamente a las corrientes de izquierda, lo cual constituye un grave error. La defensa de la vida no tiene ideología.El informe de la CVR sí destaca el papel tan importante cumplido por las fuerzas armadas y policiales en la tarea de la pacificación y de terminar con una guerra a la que fueron enviadas a pelear por políticos irresponsables a quienes solo les interesaron los fines pero no los medios.
Pero también hizo notar los excesos cometidos por las fuerzas del orden. Y esto es lo que no le interesa al comando anti-CVR, para el cual, por ejemplo, las barbaries de Putis o Accomarca no merecen preocupación ni interés. Detrás de actitudes como esta hay un componente racista inaceptable. Y esto, por sus graves implicancias, no es ninguna cojudez.
Este comando quiere una reconciliación con impunidad. Al ministro de Defensa no le gusta que algunos estén “dale que dale” con el tema, pero eso es precisamente lo que hay que hacer cuando las autoridades como él quieren hacerse de la vista gorda.
“Hay que hacer aquí una grave excepción: la del entonces arzobispo de Ayacucho, monseñor (…) Cipriani, quien repetidamente se pronunció en contra de la actividad de la Coordinadora Nacional y la de los organismos de defensa de los derechos humanos en general”.“A comienzos de los años 90, (…) Cipriani expresa una posición distinta de la de la mayoría de los obispos, agentes pastorales y laicos. En marzo de 1991, Mons. Cipriani escribe: ‘(…) La mayoría de instituciones llamadas de ‘Defensa de los Derechos Humanos’ son tapaderas de rabo de movimientos políticos, casi siempre de tipo marxista y maoísta’”.
“En agosto (1991), monseñor Cipriani escribe: ‘La Iglesia hace menos –y no más– por la paz, si abandona su propia esfera de fe, educación, consejo, oración y amor, y se transforma en una organización política’. Expresa así públicamente una postura que se diferencia de la que venía tomando la Conferencia Episcopal Peruana”.
“En noviembre (1992) (…) señaló que ‘el Perú sale de una enfermedad que es el terrorismo y el enfermo debe ser acogido con la mayor misericordia posible y al mismo tiempo (…), actuar con la mayor firmeza necesaria… Si hay que curar con dolor, pues que se cure con dolor, pero hay que salir de la enfermedad’”.
“En su homilía del 27 de julio (1993) por Fiestas Patrias (manifestó) que la postura de la Iglesia de Ayacucho acerca de la pena de muerte era clara y transparente: ‘No podemos permitir que por el miedo, temor y cobardía de unos cuantos, el país no apruebe la pena de muerte (…). No podemos temblar de miedo. El mundo cambia día a día y no a favor de los cobardes’”.




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