Llego del Campo de Marte, luego de la ceremonia por el quinto aniversario de la entrega del Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación. El acto transcurría con normalidad, Salomón Lerner Febres daba su discurso.
Unas veinte personas exaltadas aparecieron en medio de la ceremonia en honor a las víctimas de la violencia interna y lanzaron lemas e insultos contra los participantes, mientras mostraban polos impresos con el rostro de Fujimori, procesado actualmente por violaciones a los derechos humanos.
El incidente se produjo cuando el presidente de la ya desactivada CVR, Salomón Lerner, dirigía un mensaje a miles de personas congregadas en un parque limeño en el que se ubica el monumento “El ojo que llora”, levantado en honor a las víctimas de la guerra interna.
Los fujimoristas, que estaban camuflados entre los asistentes, esperaron a la transmisión en vivo de un canal de la televisión local para despojarse de sus chaquetas y mostrar la imagen del ex gobernante y carteles en rechazo a la CVR.
“¿Cuánto cobraron?, vendidos” y “Vivan las fuerzas armadas”, señalaron en algunos de sus carteles.
Los manifestantes pisotearon luego varias de las cientos de velas encendidas en memoria de los 69.000 fallecidos y desaparecidos entre 1980 y 2000.
Esto generó la intervención de la policía, que intercambió golpes con los atacantes, a los que lograron retirar con mucho esfuerzo de la zona, en medio del desconcierto de los asistentes.
El canal N de la televisión local señaló, luego de los incidentes, que la policía detuvo a varios de los manifestantes, aunque aún no se tiene una versión oficial del tema.
La manifestación generó la indignación de los familiares de las víctimas de la guerra interna que asistían al acto, mientras que un grupo de activistas intentó volver a colocar las velas, que aparecían rodeadas por papeles blancos.
La versión de El Comercio es exacta y ahora me toca relatar los hechos como los vi.
Yo estaba en el grupo cercano al lugar donde Lerner daba su discurso cuando divise a un fujimorista en pleno pisoteo de los símbolos blancos, donde se colocarían velas, a modo de altar. Luego vi a otros bajar con carteles e incluso una se llegó a colocar delante del estrado donde Lerner daba su discurso. La mayor parte de asistentes mantuvieron la calma y comenzaron a gritar “justicia y paz”. El ex presidente de la CVR llamó a la calma y, una vez que la policía se llevó a los fujimoristas, insistió en la línea de su discurso, que fue una crítica frontal a los detractores del Informe Final. El incidente reforzó, por el contrario, una línea de argumentación en contra de la intolerancia y la violencia.
Hoy a los fujimoristas se les terminó de caer la careta de la tolerancia. ¿Qué van a decir ahora?
ACTUALIZACIÓN (29.08.2008):
Ahora sí, las imágenes de la bronca y la ceremonia vía Utero.tv:
No recuerdo bien los detalles climatológicos de esa mañana. Pero si recuerdo bien que el clima general en Lima era de espera, por lo menos para muchos de nosotros. Mientras dormíamos, en la madrugada, varias decenas de personas imprimían los volúmenes, chequeaban que todo esté bien, que la versión sea la última y que la labor de más de dos años quedara puesta en blanco y negro.
Al mediodía, me instalé frente al televisor que tenía más cerca en la PUCP. Y cuando comenzó el discurso, me daba cuenta de la magnitud de lo que habíamos vivido. Las imágenes y los recuerdos comenzaron a pasar por mi memoria y por la de varios miembros de mi generación. Los apagones, los coches bomba, la sensación de no saber si mis papás regresarían con vida, o las amenazas a algún familiar que fuera militar o policía. Y en ese instante, mientras comenzaba a conocer la magnitud de 20 años de sufrimiento, entendía que cientos de compatriotas la habían pasado mucho peor que nosotros.
Como varios, aquel 28 de agosto solo conocía lo más cercano: Tarata, La Cantuta, Barrios Altos, los ex ministros Orestes Rodriguez y Enrique López Albujar asesinados en Lima, María Elena Moyano y su cuerpo dinamitado, Uchuraccay como recuerdo lejano que los periodistas siempre nos traían a la memoria. Ese día, comencé a tener en la mente nombres como Los Cabitos o Putis, recordé que nuestros hermanos ashaninkas habían sido casi arrasados o veía casos que solo conocía de oidas como Accomarca, Lucanamarca o la matanza de los penales.
Pero hubo algo más allí y quizás lo que me dejó más triste y desconcertado - y que hasta ahora me deja la misma sensación -: la indiferencia. Que cerca de 70,000 personas hayan muerto y que hayamos ignorado a la mitad de las mismas porque no los sentíamos tan iguales que nosotros. O que varios consideraran como un costo a pagar a tan alto número de víctimas, en nombre de la pacificación, cuando la sola muerte de una persona a manos de otra es un escándalo en sí misma. Tanto nos acostumbramos a la muerte, a la desaparición, a la tortura, que se nos hizo cotidiana, a tal punto que, cuando todo terminó, quisimos dejar todo de lado. Pero el llanto de cientos de personas, los testimonios entregados y sobre todo, los problemas del país saltándonos a la cara todos los días, hacen imposible que pueda olvidar.
Escuchar y dar voz a los que no tenían voz. Fue el mayor acierto de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, al igual que presentarnos el cuadro general de un país que no daba - y no da - para más, tal cual lo vivimos ahora. Pues, por más crecimiento económico que tengamos, no estamos aprendiendo a vivir y procesar lo ocurrido del modo más idóneo.
Hay quienes han señalado que, para formar una coalición más favorable a la CVR, es necesario dejar de lado las grandes reformas y pasar a una agenda más concreta. Tal vez tengan algo de razón, considerando la actual coyuntura. Pero creo que el país sigue necesitando pasar de la locura a la esperanza, como decían los guatemaltecos. Y esa esperanza solo se podrá conseguir, plenamente, cuando hagamos cambios a fondo. Llámeme iluso, idealista o quizás imbécil, pero creo que sin un norte o un pacto social nuevo, mi país, que tanto quiero, no dejará de ser el lugar que hoy es.
Y quizás, como me dijo una amiga anteanoche, sea hora de preguntarnos, ¿cuánto estamos haciendo para que ello se haga realidad? Y no solo desde el Estado, sino también desde quienes hemos defendido que lo dicho por la CVR, en términos generales, es correcto y, sobre todo, en la cotidaneidad.
Acabo de cumplir los 27. Nací cuando el conflicto comenzaba. Y no quisiera que mis hijos, cuando los tenga, vivan aquello que yo pasé. Si espero que el Perú que reciban de mi generación, sea mejor que el que estamos recibiendo.
Y para ello es necesario recordar una historia, que habló de historias de heroísmo y de valor, de no dejarse avasallar por la violencia, pero también de aquello que somos y debemos dejar de ser. Como hace cinco años, esa historia sigue hablando de nuestras tareas…
…y sigue empezando hoy.
PARA RECORDAR:
1. Juan Carlos Goicochea ha hecho una entrevista a Salomón Lerner Febres para Prensa Peruana. El ex Presidente de la CVR responde a varias de las interrogantes que desde la otra orilla se han hecho durante este lustro.
2. Hace dos meses elaboré un reportaje escrito sobre defensores y detractores de la CVR, el cual presento hoy de modo inédito. Presenta las principales críticas que le hicieron al Informe Final en contrapunto con declaraciones que recogí de Salomón Lerner Febres. Está en mi cuenta en Scribd.
4. A partir de mañana viernes 29 se venderá la reedición de Hatun Willakuy, la versión abreviada del Informe Final. Cuesta 20 soles. Creo que es imprescindible leerla, para tener una idea clara de lo que realmente se dijo hace 5 años. Y para quienes no puedan adquirirlo, pueden verlo en versión electrónica.
5. Recomiendo altamente el debate que Martín Tanaka convoca en su blog. Si pueden participar, háganlo.
6. Finalmente, para quienes quieran ver de modo más o menos rápido los principales mensajes del Informe Final, veanlo en este video con 50 datos sobre el mismo.