Archivo de 15 Agosto 2008

Aun lo siento como si fuera ayer. Trabajaba en el sótano de la biblioteca de la PUCP mientras intercambiaba impresiones con un amigo vía Internet cuando todo comenzó. Recién 20 segundos después atiné a salir del lugar. Percibía que no era como otras veces en las que podía ponerme en el dintel de una puerta. Eso era más fuerte. Era un terremoto.

Los segundos fueron interminables y, debo confesar, en algún momento sentí que en ese instante todo acabaría para quienes estabamos allí. No era para menos. Entre los rostros que veía, las piernas temblando y la tierra que no paraba de moverse, solo lamentaba no haberme despedido como hubiese querido de las personas a las que más quiero. Cuando todo concluyó y estuvo en calma, solo sentí que si bien la desgracia parecía no haber tocado a ninguno de los que me rodeaban en aquel momento, sabía que en otro lugar no la estarían pasando bien. En ese momento, con las comunicaciones cortadas, solo lo sabían quienes estaban allí, viviendo todo aquel drama.

Los días siguientes fueron difíciles de procesar. Cubrir a través de este pequeño espacio lo que ocurría, procurar informar sobre cifras que estremecían y que cambiaban todas las horas, intentar sacar fuerzas para continuar escribiendo a fin de solicitar ayuda no fue una tarea fácil. Fue estremecedor escuchar a personas que volvían de la zona de desastre contarme que lo que habían visto era una auténtica catástrofe, fue alentador ver a todo el país moviéndose en una sola causa, fue desastroso ver como el inicialmente atinado comportamiento del Presidente de la República dio paso a la intolerancia y al improperio que suele caracterizarlo habitualmente.

Un año ha pasado…

A estas alturas, todos somos conscientes de que la labor de reconstrucción ha sido casi nula. No solo Forsur ha sido un monumento al fracaso, sino que los sectores del Poder Ejecutivo y los gobiernos locales y regionales no han sido capaces de articular esfuerzos en pos de la reconstrucción. Pisco está aun con escombros y de reconstrucción ni hablemos. Varias localidades en Ica y Huancavelica en la misma situación. Y aun así, nuestros compatriotas tratan de salir adelante con lo que tienen y con lo que son.

Decía Camus que la tiranía totalitaria no se edifica sobre las virtudes de los totalitarios sino sobre las faltas de los demócratas. Y ha sido una gran falla que la reconstrucción no avanzara más rápido, que el gobierno respondiera a cualquier crítica con improperios y que terminara con las frivolidades de esta semana, con fiesta incluida el mismo día que se declaraba un duelo nacional que no se si sienta el Presidente que pone más empeño a conseguir inversiones en lugar de preocuparse por la gente. En lugar de ver encuestas, el gobierno requiere ver y actuar para mejorar la vida de sus ciudadanos.

Esta semana tuve la extraña sensación de que podríamos perder la democracia de nuevo. Pareciera como si en las últimas semanas se hubieran empozado la corrupción, el pacto siniestro, la incapacidad y la falta de políticas efectivas. La reconstrucción se impregnó de las mismas: funcionarios estatales procurando ganar con las obras, empresarios que no querían responsabilidades de sector público para hacer algo, la carencia de un plan modelo y la incapacidad de respuesta para las demandas de una población que se siente estafada por bonos que no alcanzan para levantar ni un cuarto. En medio de ello, que muchos comiencen a mirar o contemplar la posibilidad de una salida autoritaria o que la vacancia presidencial no es descabellada. Lo triste es que volveríamos a colocar a un tipo igual o peor que aquel que procesamos en Barbadillo.

Y al mismo tiempo, la valentía que tienen los ciudadanos de las zonas afectadas para salir adelante en medio de la adversidad y la solidaridad de las personas que acuden a seguir ayudando me da la esperanza que aun no todo se encuentra perdido. Que la voz de los peruanos se puede hacer sentir.

Espero el próximo año no escribir algo como esto, en medio de la decepción que me produce ver a cientos de compatriotas sin un lugar digno donde vivir. Espero que el próximo año pueda felicitar a los gobiernos locales, regionales y nacional por la tarea emprendida. Que pueda sentir que el Perú avanza de verdad y que no menospreciamos a la gente que falleció ni a quienes sobrevivieron.

Como decía Vallejo, hay hermanos mucho por hacer.

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