
Uno de los personajes más enigmáticos de la década de 1990 es Rafael Merino Bartet. No se sabe mucho de él, salvo que es abogado de profesion, con formación también en ciencias sociales, fue compañero de carpeta de Mario Vargas Llosa en la UNMSM, conoce mucho sobre Sendero Luminoso - de hecho, fue consultado por Gustavo Gorriti para su libro - y, en los años del fujimorato, bien podría ser sindicado como el número 2 del SIN de Montesinos.
Merino era quien se encargaba de dar cubrimiento legal a lo que Montesinos hacía y Fujimori consentía, además de elaborar discursos claves para el gobierno dictatorial de aquellos años.
Ayer el ex hombre de confianza de Montesinos estuvo en el juicio a Fujimori. El mejor resumen de sus declaraciones está en El Comercio. De allí saco algunos extractos, que iré comentando.
Rafael Merino Bartet, ex asesor político del desaparecido Servicio Nacional de Inteligencia (SIN), aseguró que Vladimiro Montesinos Torres llegó a tener un gran poder durante el gobierno de Alberto Fujimori y fue el jefe real del SIN. “Yo recibía órdenes de él. Se reunía con los jefes de inteligencia de los institutos armados. Todos lo obedecían”, declaró ayer durante su presentación como testigo en el juicio que se le sigue al ex mandatario.
Merino refirió que cuando Montesinos le anunció que iba a nombrar como jefe del SIN al general Julio Salazar Monroe, le dijo a este: “Ese general tiene un cerebro cero kilómetros, no conoce nada de inteligencia“. La respuesta del ‘Doc’ fue: “Es la persona que necesito“. Merino dijo que a comienzos del régimen fujimorista Montesinos fue nombrado sub jefe del SIN y ejerció el cargo un mes. Luego, ejerció el poder sin el título.
Merino confirma un hecho real: Montesinos era quien mandaba en el SIN. Los jefes nominales eran responsables porque eran finalmente quienes firmaban - y por eso es que Julio Salazar Monroe está condenado a 35 años de prisión por los sucesos de La Cantuta - y, claro, necesitaba gente con cerebro con kilometraje en blanco por dos motivos: 1. le debían el puesto a Montesinos y 2. firmarían o acatarían cualquier cosa sin chistar o hacer preguntas. El perfecto títere para los crímenes del Doc.
El testigo reveló que en el SIN, por encargo de Montesinos, tanto él como Pedro Huertas Caballero se encargaban de elaborar normas, disposiciones, discursos y planes de operaciones de inteligencia. Aseguró que redactó varios discursos de Fujimori, los decretos supremos dictados tras el autogolpe del 5 de abril, las órdenes de detención de los opositores al régimen y hasta las cartas que firmó Abimael Guzmán después de su captura y que presentó como suyas.
En mi barrio y en la China esto se llama gobierno paralelo. Y es que eso fue lo que existió durante el fujimorato. Los ministros eran solo responsables por firmar, pero las verdaderas decisiones se tomaban en una estructura paralela de poder. Por eso es que la defensa de Nakazaki basada en pedir documentos que justifiquen matanzas o directivas que santifiquen a Fujimori es, a estas alturas, jurídicamente errada. Y claro, también confirma que lo de las cartas de Guzmán fue un psicosocial para ganar el referéndum de 1993.
En otro momento explicó que cuando Fujimori dispuso el desmantelamiento del SIN, se ordenó incinerar toda la documentación de ese organismo y desaparecer las informaciones de los discos duros de las computadoras. Sin embargo, él consiguió sacar copias en 11 disquet del contenido de su computadora y de la de Huertas Caballero. Aseguró que después entregó copias de ese material al Congreso, así como al fiscal Tomas Gálvez Villegas y al juez Saúl Peña Farfán.
Y esos son los documentos que obran en el Poder Judicial y que confirman muchas cosas sobre la relación entre Fujimori y Montesinos. Documentos que, como señala La República, van “desde resoluciones fiscales hasta resoluciones de la justicia castrense, hasta declaraciones de los jefes de la cúpula militar negándolo todo sobre La Cantuta”.
Vaya, Merino resultó siendo toda una caja de sorpresas. Ahora, que vengan los peritos.






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