
Dos noticias económicas han afectado a los ciudadanos de a pie y vuelven a generar preocupación en los bolsillos. Tanto el incremento del precio del pollo como la rebaja del Fondo de Estabilización de Combustibles han generado cierta alarma y sorpresa en la población, que ha visto en el incremento de precios tanto una mella real en su capacidad económica, como el recuerdo de la inflación de finales de los ochenta.
Ambas noticias, en realidad, deberían suponer el inicio de la brega por reformas de fondo en la política económica que, sin apartarnos de una línea de estabilidad macroeconómica, pueda beneficiar mejor a todos los ciudadanos.
Comencemos por el tema de los combustibles. Ciertamente, el incremento de los precios internacionales del petróleo han hecho que, lo que era un fondo de estabilización que permitía cubrir una banda de precios, en la práctica se haya vuelto un subsidio. Claro, a muchos esta palabra les espanta - y de hecho, no es que sea de mis favoritas - pero, como todo instrumento económico, es eso, un instrumento y no un fin en si mismo, por lo que contemplar si es que la posibilidad real de mantenerlo nos beneficia o perjudica es la pregunta de corto plazo que el gobierno deberá dilucidar. Y en la respuesta a dicha interrogante, deberá señalar claramente que, si se reduce o se suprime el subsidio, pues lo es para todos y las mineras no pueden ser entes privilegiados en esta materia.
Pero la segunda es el cambio de matriz energética. Si se cuentan con reservas de gas y se están haciendo nuevas exploraciones para encontrar más yacimientos, pues es el momento de ser más agresivos con este tema. Los proyectos para buses a gas duermen el sueño de los justos, mientras el parque automotor sigue siendo lo deficiente y contaminante que es. De otro lado, si bien debe estimularse el consumo en las viviendas de gas natural, deberán contarse con verdaderos expertos en la instalación de los equipos. En otras palabras, tener un plan de conversión, que el Ministro de Energía y Minas Juan Valdivia parece no tener ni siquiera en mente.
En cuanto a los alimentos, además de las cuestiones referidas a precios internacionales, pues es momento de darle un verdadero impulso al agro con la formación de cadenas productivas.
Ello implica tener claro: 1. qué cosas se pueden realmente cultivar teniendo en cuenta el tipo de suelos y de climas existentes en el país, así como nuestras necesidades alimentarias y exportadoras, 2. el incremento de infraestructura vial, tanto por construcción directa como estimulando la inversión privada - y que la misma no quede solo en la mención aburrida de vías que se indica en cada mensaje presidencial -, 3. la necesidad de contar con mejores facultades de agronomía y industrias alimentarias, para lo cual los gobiernos regionales y las universidades podrían tejer alianzas estratégicas para mejorar la calidad de docentes y, sobre todo, de investigación y 4. que el novísimo CEPLAN comience a elaborar planes de desarrollo intersectorial para mejorar la calidad de vida en las zonas rurales de nuestro país.
En otras palabras, se requiere de un mejor Estado, para que el mercado funcione mejor. Y, con ello, seamos todos los que nos beneficiemos y no solo una élite. De esa manera, además, se rebajarían los efectos de una crisis internacional que nos afecta a todos, pero que puede ser la gran oportunidad para hacer reformas en serio.
Así, aunque los efectos no se vean reflejados en la encuesta del siguiente mes, García si podrá contemplar esos resultados finales, los cuales podrían ser la gran reforma de la que, hasta ahora, carece su gobierno.
MAS SOBRE EL TEMA:
Alan García: La política económica no se varía
Menos Canas: Sin fondo