
Cuando pensé en este post, lo primero que se me vino a la mente es esa frase del Joker a Batman en The Dark Knight: Vamos a tener que hacer esto toda la vida. Y algo así es lo que se me ocurre cuando pienso en la U y en Alianza. Dos rivales que van a serlo todo el tiempo.
Pero, a diferencia de los barras bravas, prefiero no ver este asunto como una guerra. Sino como una saludable competencia entre dos instituciones bastante antiguas, y que han calado en el sentir popular. Y es por ello que, a diferencia de varios de mis amigos cremas, no me alegra la situación actual del vecino de siempre.
¿Por qué Alianza está en crisis? Desde la vereda de enfrente intento dar una respuesta.
La mayoría de los hogares sabe que, para conducirse bien, tiene que tener las cuentas bien saneadas, no gastar más de lo que se tiene y tener reglas bastante claras en cuanto a disciplina. Si ello no pasa, pues los conflictos aparecen y no tarda en resquebrajarse el orden.
Esto es lo que parece ocurrir en Alianza. Durante muchos años, el club se ha acostumbrado a tener mecenas que puedan cubrir las finanzas del club, en lo que respecta al pago de los sueldos y de otras contingencias. Ello hace acostumbrar a los dirigentes a tener presupuestos ficticios, dado que los reales los cubren los presidentes - mecenas. Así, los aliancistas se acostumbraron a gastar más de lo que tenían, elevando las expectativas de su hinchada.
Si a ello le suman que no han tenido suerte con las contrataciones que han hecho, pues ahora, con el ajuste presupuestario que tienen, pues han tenido que reducir el nivel y el número de la plantilla.
En cuanto a la disciplina, pues ya es conocido lo ocurrido hace algunas semanas en la despedida de un prometedor jugador- que esperemos madure en Holanda - y las consecuencias que ello trajo. Aquí el problema fue claro: antes se permitieron este tipo de conductas, incluso con presencia de los dirigentes, ahora se impone las reglas claras de juego gracias a la presencia de un entrenador que tiene claro que es lo que quiere hacer y como lo quiere llevar a cabo.
Cuando un rival está mal, creo que es el peor momento para alegrarse. Por el contrario, la competencia es la que estimula a que mejoremos y a que podamos ser algo mejor. La U no es mucho sin Alianza y viceversa. Que los íntimos pasen este mal momento y, en el momento en que nos volvamos a juntar en la cancha, demos nuestro mejor esfuerzo. Claro, igual les vamos a ganar (se me salió el hincha), pero, como siempre, será un placer vernos dar el todo por el todo.




Entradas (RSS)