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No me quedan muchos ánimos para escribir sobre el mensaje del día de ayer. No porque ayer 28 el día fuera malo - y aquí tengo a varios que podrán dar testimonio de que la pasé realmente bien -, sino porque, digamos, aunque tenía pocas expectativas sobre lo que fuera a decir el Presidente, el saldo fue más negativo de lo que pensaba.

No comenzó mal el discurso. Se abordó, como se tenía pensado, el tema de la inflación como principal preocupación ciudadana. Y aunque la mayor parte de la explicación siguió recayendo en los factores internacionales, García no dejó de reconocer que algo se tenía que hacer. El problema es que no dijo que era exactamente ello.

Luego, se ensayó una suerte de autocrítica, en el que no se dejó de reconocer que hubo poca modestia en muchos momentos del gobierno. Sin embargo, también quedó allí nomás.

Por lo demás, el mensaje fue bastante desordenado y demasiado cargado de cifras. Digamos, llegó a un punto en el que escuchar cifras de carreteras, kilowatts y demás fue realmente agotador. Si Alan tenía la intención de convencer al país de que trabaja para que todo siga bien y el Perú avanza, pues llenando a la gente de datos no era la mejor salida.  Si los interesados en la política estuvieron francamente agotados, me imagino como es que el ciudadano común y corriente debe haber tomado esto.

Por lo demás y, como bien lo anotó Julio Cotler, más que un presidente conservador, a García le cae bien el mote de estalinista, porque todo lo pretende hacer girar alrededor de los medios de producción. Y es que las ausencias del mensaje fueron notorias: educación, salud, justicia, derechos humanos, lucha contra la corrupción, institucionalidad democrática y manejo de conflictos sociales. Precisamente, las áreas en las que el Presidente tiene sendos jalados.

Por lo demás, desde la época de Fujimori no escuchaba a un orador presidencial tan mediocre. Y eso que hablamos de alguien que se preció durante muchos años de ser el gran experto en esa materia. El discurso de Alan García ha devenido en hueco, vacío y sin sustancia alguna.

Pero, peor para el país, es que ese discurso está tan igual como la gestión de gobierno.

PD: ¿Alguién me quiere explicar en que consiste la “reforma del alma” propuesta por el Presidente de la República?

MAS SOBRE EL TEMA:

Versión completa del discurso presidencial

Menos Canas: El mensaje incompleto

Susana Villarán: Un mensaje sin “alma”

5 Respuestas a “UN MENSAJE MEDIOCRE”
  1. Ernesto dice:

    Bueno, como ya indique para mi lo que mas me llamo la atencion fue la contradiccion de lo de tener cuidado con el gasto publico porque genera inflacion, y por otro lado anunciar unos tremendos gastos fiscales, que no son puntuales sino indican un compromiso del Estado peruano de cara al futuro, en un futuro en el que no sabremos si contaremos con este pico de ingresos.

    “Reforma del alma…” dejemoslo en lo anecdotico

  2. Alberto dice:

    Taaaaaaambién vieeeene: EL MINISTERIO DEL ALMA.

    ¿Quién podría ser el ministro? Cipriani es un candidato fijo…

  3. Jorge Ureta dice:

    Bueno pes…espero que cheque en mi blog y vean mi ensayo sobre el emnsaje presidencial…para que puedan ver los plops..del mensaje….un 06 de nota par el mensaje ok….

  4. sensei dice:

    Se nota que no sabe que hacer, solo espera terminar su mandato y largarse.
    Cita casos de paises vecinos, pero no sube el sueldo minimo como en Argentina.
    Que espera que los empleados publicos, se recurseen, cree que teniendo telefono celular ya estamos bien, en los ministerios no se incentiva al que es mas creativo, pone directivos a dedo, que estan en la calle.
    El desfile es una burla, ahora corretean los soldados, mientras siguen los accidentes de transito, y los choros estan que trabajan despojando a la gente de sus pertenencias.

  5. Gonzalo Gamio dice:

    Estimado José Alejandro:

    He intentado ingresar a las “profundidades” del discurso de García sobre la “reforma del alma” en este post:

    http://gonzalogamio.blogspot.com/2008/07/reformar-el-alma.html

    La prédica de nuestro presidente es de talante “fascistoide”, me parece.

    Saludos,
    Gonzalo.

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