
En la octava temporada de The Simpsons, uno de los capítulos con mayor recordación se llama Homer vs. The Eighteenth Amendment. La trama es simple y graciosa a la vez: Luego de una fiesta de San Patricio en la que Bart resulta accidentalmente ebrio, se recuerda una añeja ley de hace dos siglos mediante la cual se prohibe el alcohol en Springfield. Llega al pueblo Rex Banner (ver foto arriba, se le conoció como “Eliot Pez” en la versión en castellano) para reemplazar al jefe Gorgory y controlar la prohibición, la cual es vulnerada por Homero, convertido en el “Barón de la Cerveza”. Al final, como se imaginarán, la ley absurda es vulnerada y, oh casualidad, se demuestra que había sido abolida al poco tiempo de su aplicación.
Pues bien, aquí tenemos un jefe de policía con cuerpo de Gorgory que ahora se cree Rex Banner.
En lugar de publicitar lo que puede ser la reforma de la estructura policial, don Octavio Salazar se juega el título del premio anual “Pensar en Grande” con una propuesta de 1920. Informa Andina:
El director general de la Policía Nacional del Perú, Octavio Salazar, opinó que la venta de bebidas alcohólicas al público debería prohibirse desde las 14:00 horas en establecimientos de venta libre, por ejemplo bodegas y supermercados, como una forma de evitar que el consumo de licor en exceso contribuya a generar conductas violentas y delincuenciales.
El titular de la PNP refirió que esta medida evitaría que el alcohol esté al alcance de todos en cualquier momento, y disminuiría la violencia que suele producirse tanto en las calles o en los hogares tras el consumo descontrolado de alcohol.
Igualmente, dijo que deben fijarse horas tope para la venta de licor en discotecas, pubs, salsódromos, entre otros locales de diversión; así como en conciertos, eventos deportivos u otros espectáculos en los que se consume masivamente grandes cantidades de bebidas alcohólicas.
Salazar cita el ejemplo de Bogotá y el plan zanahoria, pero parece haberlo leido mal o incompleto. Lo aplicado por Antanas Mockus y sus sucesores no se trató sólo de limitar las horas de venta de alcohol - y por cierto, no lo hicieron de modo extremo como lo plantea el jefe policial -, sino que esta medida fue acompañada de campañas de cultura ciudadana, para aprender a respetar los derechos de los demás (Ver reportaje de Marco Sifuentes para mayor relleno).
Lo curioso es que tamaña propuesta, que nos hace volver casi a los tiempos de la prohibición en Estados Unidos - y ya saben ustedes lo que trajo -, tiene como seguidor al alcalde de Surquillo Gustavo Sierra. Para quienes no ubican a este señor, fue el que, en plena campaña electoral, causó un apagón en medio Lima por los festejos de su cumpleaños. Es decir, quien era el alcalde jaranero, que cerró media avenida Angamos para su tono, ahora es el aliado de una propuesta que, a todas luces, parece excesiva.
En ninguna parte del mundo las prohibiciones generalizadas o amplias como esta han servido. Por el contrario, incentivan el mercado negro y la criminalización de una conducta social que, en el peor de los casos, merece otro tipo de tratamiento, distinto al que se le quiere dar.
Y pensar que este sujeto está en el bolo para suceder a Alva Castro.




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