Archivo de 24 Junio 2008

Un debate pendiente a partir de los sucesos de Moquegua está vinculado a que hacer frente a cuestiones como la toma de carreteras o de personas, que constituyen delitos establecidos en el Código Penal.

En este blog ya hubo una discusión a partir de un punto del post Lecciones de Moquegua:

4. Apliquemos la ley y sancionemos a quienes bloquean carreteras y secuestran personas

La mayor parte de reclamos sociales en el país son justificados. Vivimos en una sociedad injusta, poco incluyente y que crece económicamente en un país donde los servicios básicos aun no son cubiertos en su totalidad.

Pero ello no lleva a justificar lo que son delitos como los ocurridos en Moquegua esta semana. El bloqueo de carreteras está penado hasta con 8 años de prisión y la privación de la libertad otro tanto, por lo que no sancionar a los responsables de estas violaciones de la ley y de derechos fundamentales básicos, como son la libertad de tránsito y la libertad personal. Se comete un delito, se sanciona. Punto. Aquí no hay justificación sobre la base de lo que puede ser un reclamo social justo. Cuando la protesta social se desborda de los cauces legales, comienza a deslegitimarse.

Si, ya se que algunos me dirán: “pero si no se toman medidas extremas nadie los escucha”. Perdónenme, pero eso no justifica violar la ley, ni tampoco lo hacen las bravatas lamentables de Del Castillo. Y claro, poner orden y autoridad no implica meter bala, como Aldo Mariátegui y Uri Ben Schmuel reclaman en editoriales recientes.

A partir de este punto, se me puso como argumentos los bloqueos de carreteras en Francia cuando hay huelgas de productores, la necesidad de hacer escuchar la voz de los protestantes - cosa que, según los defensores de esta tesis, es algo válido en un país centralista como éste - o que me había convertido en un promotor de la represión de la protesta social.

Vayamos por partes. Creo yo que la protesta social en nuestro país tiene muchas justificaciones, que se resumen en una situación ya conocida de crecimiento con exclusión y la desigualdad entre diversas zonas de nuestra patria. Pero ello no lleva a justificar, en nombre de que te escuchen, a vulnerar los derechos de los demás. Parecemos olvidar que el derecho a la libertad de tránsito está garantizado por la Constitución y que nadie debería violentarlo.

Sin embargo, ello no implica dar una carta blanca a la represión. Y es allí donde el gobierno y sus aliados mediáticos meten la pata cuando alientan que se use la fuerza o se meta bala cada vez que haya una protesta social. Esta solo puede ser utilizada en situaciones extremas. Y de hecho, debe usarse con inteligencia.

Carlos Basombrio resume muy bien este debate ideológico:

¿Cómo se debe actuar en situaciones como la de Moquegua? Partamos del principio de que todo gobierno democrático tiene el derecho legítimo de restaurar el orden público; en particular, la obligación de garantizar el libre tránsito, más todavía cuando ello está ocasionando un daño enorme a otra gente. Eso no debiera estar en discusión, pero hay sectores radicales que consideran que eso es, en cualquier circunstancia, “reprimir al pueblo”. No comparto para nada ese punto de vista. Tampoco, por supuesto, el de los extremistas del otro lado que reclaman que las carreteras se abran de inmediato, “cueste lo que cueste”. ¿Qué habría pasado con García si hubiera hecho caso a los termocéfalos que lo adulan y hoy tuviésemos 50 muertos en el puente Montalvo?

Una muestra de este debate - con matices - fue la entrevista de Cecilia Valenzuela a Carlos Tapia en La Ventana Indiscreta, y en la que la conductora refleja la segunda postura a la que Basombrío aludio en su columna del domingo:

En realidad, la solución está más equidistante de los extremos de algunos de los comentaristas de este blog y de las ideas de Chichi. Rosa María Palacios plantea que no se negocie mientras se mantenga el bloqueo de carreteras y que la Policía no reprima salvo cuando exista peligro inminente de pérdida de vidas. Martín Tanaka coincide con este punto de vista, pero añade:

Sin embargo, tengo también algunas dudas. Para que una posición como esta tenga éxito, el supuesto es que los actores sociales tienen una racionalidad mínima, en el sentido de que desarrollan estrategias que responden a incentivos, premios y castigos. Esta manera de ver las cosas sí podría funcionar con gremios más consolidados, con dirigentes más experimentados y representativos, como los de la CGTP o el Sutep, por ejemplo. Sin embargo, en Moquegua vimos a una población profundamente convencida tanto de la legitimidad de sus demandas como de los medios que utilizaron para defenderlas. Allí se expresó una frustración profunda y una gran distancia frente al Estado, que comparten amplias regiones del país. En este caso, imponer el orden puede tener consecuencias catastróficas sobre la legitimidad del Gobierno y del régimen político. Desde este punto de vista, el resultado final no ha sido tan malo como pudo haber sido.

Con lo que, como resultado final, podríamos concluir que debe haber sanción a los delitos cometidos en la protesta, pero la aplicación de la represión policial, como primer paso para la misma, debe ser aplicada con inteligencia, cosa contraria a la que el gobierno hizo en este caso. También tenemos claro que la identificación de los líderes de la protesta no es importante por la estigmatización a la que el gobierno los somete, sino para saber con quien se negocia y para definir responsabilidades en el éxito o fracaso de dicha solución pacífica.

De no hacerlo, seguiremos en el mismo círculo vicioso.

MAS SOBRE EL TEMA:
Contrapunto: Javier Diez Canseco vs. Mauricio Mulder
Menos Canas: ¿Hasta cuando?
Cuaderno de Borrador: Moquegua ¿aprenderemos la lección?
Fabber: La batalla de Moquegua

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Migración

Solo voy con mi pena, sola va mi condena

correr es mi destino para burlar la ley.

Perdido en el corazón de la grande Babylon

me dicen el clandestino por no llevar papel

(Manu Chao)

Buscar oportunidades en otro país no es un tópico poco común en nuestro país y en cualquiera de los países de la región. Basta darse una vuelta al Aeropuerto Jorge Chávez para percatarnos sobre una de las caras de la migración: el abrazo prolongado, la incertidumbre de no saber si algún día se verá al ser querido al que se despide. Otro tanto puede ocurrir en los terminales terrestres, cuando el viaje de migración se produce por tierra, sea a un país cercano, sea como parte de la ruta de un ingreso más difícil y largo.

Hace algunas semanas, en una entrevista hecha para Derechos Humanos en Línea, Farid Kahhat advertía sobre un tema que no fue tocado de modo amplio y no declarativo en la Cumbre ALC - UE:

El tema migratorio era más interesante. En primer lugar, porque la UE estaba a punto de tomar decisiones – una semana después de terminada la cumbre – en materia de tratamiento de migración indocumentada y, en segundo lugar, porque América Latina sea la segunda fuente de migrantes indocumentados hacia la Unión Europea, después de países de la cuenca del Mediterráneo. Por eso era el tema de mayor interés para las dos partes, pero la UE no discute su posición con países emisores de migrantes y adopta unilateralmente decisiones que, en mi opinión, violan el principio de debido proceso.

Dichas decisiones han sido tomadas la semana pasada y ya causan gran polémica en Europa y en otras regiones del mundo que se verían afectadas. La llamada Directiva de Retorno, aprobada por la Eurocámara, presenta un procedimiento que vulnera derechos fundamentales, como lo explica Ronald Gamarra:

La directiva permite la detención de inmigrantes indocumentados en virtud de simple orden administrativa, por períodos de seis a 18 meses, sin intervención judicial, y la prohibición de retornar al territorio de la UE por cinco años. Mayor gravedad reviste aun que se autorice la expulsión de menores de edad no acompañados.

Esta directiva niega garantías judiciales básicas que tienen categoría de derechos humanos, criminalizando de hecho lo que solo constituye una infracción administrativa, como es el hallarse en situación irregular en un país extranjero. Asimismo, quedan de lado las garantías que deben rodear el proceso de retorno al país de origen en condiciones de seguridad y dignidad. Familias enteras, ya establecidas después de largo y penoso esfuerzo, quedan amenazadas con la inminencia del desarraigo.

¿Algo se conversó de esto en la ALC - UE? José Antonio García Belaúnde indica que se había hablado de una política de protección de todos los migrantes. De hecho, en la Declaración de Lima se indica:

Recuerde los sólidos lazos históricos y culturales que siempre han existido entre los países latinoamericanos y caribeños y las naciones de la Unión Europea, basados en el impacto positivo de los flujos de migración en ambas direcciones. Reconocemos que la pobreza es una de las causas básicas de la migración. Consideramos que es fundamental asegurar el goce y la protección efectivos de los derechos humanos para todos los migrantes. Sobre la base del principio de la responsabilidad compartida, desarrollaremos un enfoque comprensivo de la migración internacional, incluyendo la gestión ordenada de los flujos migratorios, concentrándonos en los beneficios mutuos para los países de origen y de destino, y promoviendo el reconocimiento y la toma de conciencia pública sobre la importante contribución económica, social y cultural de los migrantes a las sociedades receptoras. Subrayamos la importancia de luchar contra el racismo, la discriminación, la xenofobia y otras formas de intolerancia.

Hacemos un llamado a nuestras regiones para desarrollar aún más un diálogo comprensivo y estructurado sobre la migración, a fin de identificar nuestros desafíos comunes y áreas para la cooperación mutua. Este diálogo se beneficiará de las actividades de los Expertos ALC-UE en Migración y les brindará orientación adicional. Este marco debería permitir el intercambio de puntos de vista y la intensificación de nuestros esfuerzos hacia el incremento de la información mutua sobre los desarrollos en la política migratoria y las mejores prácticas en ambas regiones para incrementar la comprensión de las realidades de la migración. Este diálogo también abordará los temas de la migración regular e irregular, así como los vínculos entre migración y desarrollo, de conformidad con el marco legal de los países.

Intensificaremos nuestra cooperación para prevenir y combatir el tráfico ilícito de migrantes y la trata de personas, prestando apoyo a las víctimas, y promoviendo programas de retorno voluntario, digno y sostenible, facilitando a la vez el intercambio de información que contribuya a su mejor diseño y ejecución.

 

 

Esta contradicción europea ha llevado al gobierno peruano a rechazar esta propuesta y proponer una reunión de cancilleres para el 26 de junio que trate el tema en el seno de la OEA, a fin de tener una posición conjunta sobre la materia.

La posición peruana es congruente con la visión que adoptó la Cancillería desde el 2001: tener una mayor preocupación por nuestros compatriotas en el exterior.  Y es que la política internacional ya no se concentra solo en los tópicos de seguridad o de comercio, sino también en velar porque las personas que viven en el extranjero gocen de todos sus derechos y sepan que su país los apoya.

Sin duda, este es un tema en el que creo que el gobierno peruano tiene la razón y que deberá impulsar con el apoyo de todos los países de la región que padecerán las mismas consecuencias de la directiva europea.

De lo contrario, Manu Chao nos seguirá cantando un tema como este:

MAS SOBRE EL TEMA:

Reaño le dedica otra canción al Ministerio de Inmigración de Francia

Jomra: La directiva de retorno nos manda al pasado

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