
Hasta hoy, los sucesos ocurridos alrededor de la Operación Chavín de Huantar siguen suscitando polémica. Creo que nadie puede negar el valor que tuvieron la mayor parte de militares que participaron en dicha acción, así como la pericia de los mismos para liberar a la mayor parte de los rehenes de la residencia del embajador del Japón en 1997.
Pero creo que no se puede negar tampoco la existencia de ejecuciones extrajudiciales efectuadas con posterioridad a dicha operación, hechas por un comando dirigido por Roberto Huamán Azcurra y Jesús Zamudio Aliaga, hombres de entera confianza de Vladimiro Montesinos. Por lo menos, se sabe comprobadamente de un caso confirmado de ejecuciones - ver investigaciones de Agencia Perú, Umberto Jara y de la Comisión de la Verdad y Reconciliación -, lo que ha motivado un proceso judicial en el que no están involucrados los comandos heroícos, pero si los personajes que tuvieron participación en este suceso.
Ayer, en Cuarto Poder, por primera vez se presentaron en televisión los testimonios de los agentes Raúl Robles y Teodorico Torres. los que aseguran que Eduardo Cruz Sánchez (a) “Tito” fue entregado vivo luego que intentara escabullirse entre los rehenes.
El testimonio de ambos personajes aparece en el libro de David Hidalgo, Sombras de un Rescate, que reproducimos a continuación:
(…) Cuando el grupo estuvo completo, el suboficial Raúl Robles, uno de los dos miembros del grupo “Nazi” de inteligencia que custodiaba el jardín de la casa “Uno”, observó que un rehen barbudo de cabello entrecano le hacía señas indicándole que uno de los rescatados era un emerretista. Al verse descubierto, el hombre había intentado escapar por el tunel, pero Robles lo derribó sobre el césped. Su expresión debía ser la de un condenado a muerte. Incluso balbuceó la promesa de colaborar con información a cambio de su vida. El otro custodio “Nazi”, el suboficial Torres Arteaga, ayudó a ponerlo boca abajo y amarrar sus manos con una correa. Entonces, uno de los dos policías comunicó por radio la detención a su superior inmediato.
- ZAG Casa Uno, presunto Delta Tango. (ZAG alude a Jesús Zamudio Aliaga, Delta Tango es clave para identificar a “delincuente terrorista, nota de DTP)
Por el receptor, ajustado en la frecuencia especial para los efectivos del SIN, se escuchó la voz del teniente coronel Jesús Zamudio.
- Espera, voy a mandar a recogerlo.
En ese lapso debieron llegar Ogura y el resto de japoneses. Cinco minutos después, un comando con el rostro pintado de camuflaje salió por el tunel desde la residencia japonesa, pregúnto con un movimiento de hombros por el subversivo y en seguida clavó los ojos sobre el hombre que estaba amarrado hacia un costado, apartado de los rehenes.
- Voy a llevarlo - dijo mientras lo recogía del suelo con un brazo alrededor del cuello.
En la última imagen que se vio de Tito con vida, el subversivo era arrastrado entre gritos hacia el interior de la residencia. Los dos policías la iban a recordar perfecctamente por mucho tiempo, igual que el testigo japonés, aunque cada detalle desapareció sin explicación de la memoria de los demás cautivos presentes. El hecho, sin embargo, quedó registrado en un soporte bastante más inmune al miedo y las presiones: en el momento en que ocurrió la captura, el técnico Túllome, uno de los incondicionales del comandante Huamán, tenía la cámara de video prendida y enfocada en cada paso.
(David Hidalgo, Sombras de un Rescate, Lima, Editorial Planeta Perú, 2007, pp. 155 - 156)
El detalle final que apunta Hidalgo es importante. Cabe recordar que el año pasado los fujimoristas presentaron un documental sobre Chavín de Huantar, en el que, además de enzalzar al hoy sentenciado, se demuestra que el Chino tenía su propia colección personal de videos. Por tanto, esos videos existen en alguna parte, sea que Huamán se haya quedado con una copia o que Fujimori los tenga a buen recaudo solo Dios sabe donde. Son piezas claves para terminar de desentrañar este suceso de nuestra historia y un caso judicial bastante serio y complicado.
Lo cierto es que una operación militar fue empañada por actos como estos. Y es quizás la mejor demostración de lo necesario que es separar a los héroes de los asesinos. Sin duda, los gallinazos no solo volaron alrededor de la residencia del embajador japonés ese día, sino que operaron con total impunidad. Pero las verdades no pueden ocultarse para siempre, a pesar que muchos así lo quieran.




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