
Hola
Cuando veas el título de este post - que se que lo leerás, pues me has contado que te das tus vueltas por este Tercer Piso - inmediatamente sabrás que esta carta va a dirigida para ti y que no será necesario poner tu nombre. No será necesaria tampoco una respuesta, pues, en realidad, es la contestación a una charla que tuvimos hace algunas semanas, cuando tratabas de convencerme ser algo que no puedo ser: partidario de Fidel Castro.
En esa discusión que tuvimos me dijiste que “cuando la gente pasa hambre, la libertad de expresión pasa un segundo plano”, para justificar regímenes como los de Castro o los de Chávez. Lamenté escuchar eso pues, te lo digo con toda sinceridad, los mismos argumentos escucho - y también leo en algunos de los comentarios que dejan por aquí - en los fujimoristas, contra los cuales tú dices que luchaste, pues estabas en contra de un dictador. Lo curioso es que me terminaste diciendo lo mismo que tus adversarios políticos han esgrimido por años para justificar un golpe, el robo y el asesinato como forma de hacer política. Quizás eso me da la razón en que todos los autoritarios están más cerca de lo que parece.
¿Por qué te digo que parece una justificación? Pues cuando veo que tu adorado comandante se manda contra una bloggera cubana que cuenta con sencillez como son las cosas por allá - sin que la derecha miamiense la solvente ni mucho menos - me doy cuenta que el más mínimo disenso es imposible, incluso si viene sin cortapisas ideológicas de por medio. Por ello es que no me importaría suscribir un comentario como este:
Hago esta aclaración porque recuerdo perfectamente que fue el autor de estos reproches quien puso (u ordenó poner) la Orden José Martí en las más nefastas e inmerecidas solapas que le fue posible: Leonid Ilich Brezhnev, Nicolae Ceausescu, Todor Yivkov, Gustav Husak, Janos Kadar, Mengistu Haile Mariam, Robert Mugabe, Heng Samrin, Erich Honecker, y otros que he olvidado. Me gustaría leer, a la luz de estos tiempos, una reflexión que justifique aquellos honores improcedentes que, para mover agua de otros molinos, enlodaron el nombre de nuestro apóstol.
No se, pero aquí, en el país donde ambos vivimos, podemos leer desde medios de ultra izquierda hasta los más reaccionarios. Eso no podemos hacer en lo que consideras que es un paraíso.
Otra cosa que me dijiste es que Castro hizo lo que hizo para sacar a su gente de la miseria. Yo no se de que vale una educación de la que tanto de enorgulleces que no te permite tener espíritu crítico, como no se quiere se tenga en la isla, donde requieren personas amaestradas para la “revolución”. Quizás, tal como alguna vez me pediste amplitud mental para entenderte, sea hora de que la tengas conmigo y leas esto que escribió la misma bloggera cubana a la que he hecho referencia antes y te des cuenta de lo que es tu paraíso tropical. Dime si esto no es miseria:
Desde hace medio mes a Marta le aumentaron treinta y cinco pesos cubanos en su exigua pensión. En la cola del banco donde cobra la chequera se encontró con una amiga que le advirtió: “¡Aguántate, que ahora viene la correspondiente subida de precios!” Pero como de pesimistas y malos agüeros parecen estar llenas nuestras calles, no se creyó tan alarmante vaticinio. Gran error, pues el sábado cuando fue a hacer las compras notó que necesitaba más dinero para adquirir los productos básicos en las tiendas de pesos convertibles.
Con sus sesenta y dos años, Marta ya no se asombra de casi nada. Sin embargo, se llevó un susto al ver la botella de aceite por la que antes pagaba 1.90 CUC –alrededor de 45 pesos cubanos- con un nuevo cartelito de 2.30 CUC. No recordaba ningún anuncio oficial sobre una escalada de precios y hasta hubiera jurado que las expectativas de la mayoría apuntaban en sentido contrario. De manera que la “generosa” subida en su pago de retirada le alcanza sólo para comprar un cuadrito de sopa concentrada y una bolsa de detergente de 300 gramos. Este último producto ahora sólo se encuentra por 1.30 CUC, un 30 % más que lo que costaba la semana pasada.
Eso que Yoani ha descrito se llama inflación, algo que, como bien sabes, padecimos por aquí y ya sabes como nos fue. Lo curioso es que grites mucho para descalificar a su causante peruano - que, como bien puedes leer por aquí, tampoco es que goce de muchas simpatías mías - pero al Comandante no lo puedas tocar ni con el pétalo de una rosa.
O, si no lo comprendes con palabras, tal vez sea necesario que veas como cambia el pan del racionamiento cubano:

Si quieres seguir siendo castrista, pues sigue por esa senda, que yo considero equivocada. Pero tal vez es mejor que sepas las consecuencias de lo que profesas como casi fe, por lo que te invito a leer Generación Y, un espacio escrito por una cubana común y corriente, que no quiere pegarla de heroína y que simplemente cuenta lo que pasa. Los hechos tal cual son.
Y bueno, cuando quieras, tenemos otra conversa.
Un abrazo,
PD: Si quieres saber aún más, te recomiendo visites a Bustamante, Sifuentes y Tanaka. Creo que algo más te podrán decir sobre esta historia.