Archivo de 1 Junio 2008

Luego de las últimas apariciones públicas del Presidente de la República, en las que el rebosante optimismo por la economía aparece mezclado con el populismo más frenético y una preocupante tendencia autoritaria en el discurso, muchos han comenzado a pensar que, para ver lo que hace Alan en el gobierno, ya no es solo necesario el prismático del analista político, sino también el del psicólogo.

Quizás no sea del todo descabellado. A mi modo de ver, García - a pesar de su signo económico - no ha cambiado mucho en su personalidad. Muchos de los signos de su personalidad que nos mostró en su primer gobierno nos acompañaron han vuelto a salir: la omnipresencia mediática, la anulación de la oposición, la declaración desmesurada. Todo esto acompañado de un signo de los tiempos: el achoramiento del personaje. Como comentaba con un amigo, el discurso presidencial ha dejado de tener las dotes oratorias de otrora - salvo en ocasiones como las de la Cumbre ALC - UE - para pasar a un estilo en el que la vulgaridad verbal, el insulto fácil y lo que el mismo Alan llamó “política de cantina” han pasado a dominar la escena pública.

Otros le llamarían lenguaje de gamonal, tan presente en cercanos a su gobierno como Ántero Flores Araoz - “¿le vas a preguntar a las llamas y vicuñas sobre el TLC?” - o José Chlimper - “Con mis armas, con la licencia de Discamec, mañana tomaré el puerto. Si la Marina no puede, yo sí”.

En una entrevista con Utero.tv, Juan Carlos Tafur señala que:

“Yo veo un síndrome del poder que se reedita. A partir del segundo año de gobierno comienza a desequilibrarse. Le ocurrió en el gobierno del 85 al 90, en el segundo año estatiza la banca, comienza la debacle del gobierno y hoy empieza a dar tumbos, declaraciones insensatas, contradictorias, iracibles, se empieza a descomponer el personaje”.

“El tiene el alma populista. Eso no le va a quitar nadie. Está autocontrolado haciendo el gobierno que está haciendo. Para él es un suplicio”.

Es cierto lo que dice Tafur. Tenemos a nuestro Presidente desfilando cual modelo de pasarela en cuanto comercial de empresas mineras hay y, al mismo tiempo, se va con propuestas como la de los juegos olímpicos. “Pensar en grande” equivale a que todos nos callemos la boca y aplaudamos cual focas al Presidente.

El problema es que la política pasa a ser lo que describe Julio Cotler hoy en El Comercio:

El presidente parece más un gerente de relaciones públicas de empresas que un político que busca consensuar acuerdos. Cuando encuentra oposición los insulta, somos perros. ¿Qué cosa es la gobernabilidad democrática? Convivir con el diferente. A mí esta euforia de García me hace recordar su euforia de 1987. No aceptaba razones de nadie y podría decir las cosas más inverosímiles. Esta historia de los juegos olímpicos es una muestra. En vez de hablar de olimpiadas, ¿por qué no se propone que, cuando acabe su gobierno, el doble de los chicos comprenderá lo que lee y hará las cuatro operaciones matemáticas? Pero no, él tiene esa cosa fastuosa y faraónica. No quiere hacer política porque hacerlo significa ceder, reconocer a los otros. Si hay una huelga, García saldrá a decirles de terroristas para arriba. Hay un talante autoritario.

La intolerancia llega a niveles tales que no acepta críticas de sus propios aliados mediáticos, como Aldo Mariátegui, quien en términos bastante respetuosos - raro en él - le dice: “Caballo Loco, no la sigas regando”:

Es malo que se insista tanto en ese disparate de postular a ser sede de las Olimpiadas o que se diga que vamos a tener una pobreza inferior a la de Estados Unidos en el 2015, porque mueven a befa, hacen que se pierda respeto y se melle la figura presidencial, le hacen perder la “gravitas” y “dignitas” –tipo De Gaulle– que debe tener. Ya uno comienza a escuchar por doquier comentarios burlones sobre la cordura presidencial o que se resuciten apodos equinos de los ochenta que deben ser sepultados para bien del país.

¿Qué nos indica esto? La poca confianza que tiene el Presidente en alguien que no sea el reflejo de su espejo. Ni en los apristas, ni en sus aliados empresariales, ni en sus aplaudidores mediáticos de hoy. Es un solitario que solo se hace caso a si mismo y a la voz de su cabeza.

Y, como bien sabemos - y lo demostró la experiencia anterior de gobierno - cuando una persona solo se escucha a si misma y no los errores que puede cometer, va derechito al hoyo. Lo malo es que el país se puede ir junto con él al mismo abismo.

Ya saben: Lemij, Bruce, Tafur, Dr. Lecter. Les espera harta chamba.

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