
Todo comenzó con una mentira más del diario La Razón, que había adelantado - sin citar fuentes - que la Corte Interamericana de Derechos Humanos no le daría la razón al Perú en la demanda de interpretación del caso Castro Castro.
Recordemos la historia. A inicios del año pasado se planteó un gran revuelo cuando la Corte Interamericana dio su fallo en el caso Castro Castro, referido a la matanza de varios presos en dicho penal en mayo de 1992, a un mes del golpe de Estado dado por Alberto Fujimori. El operativo, incluso, estuvo a cargo del propio dictador. Como es natural, se ordenaron indemnizaciones y demás tipos de reparaciones, incluyendo un reconocimiento público en el monumento El Ojo que Llora. El problema para los peruanos era que varios de los fallecidos eran miembros convictos y confesos de Sendero Luminoso.
Como recordarán, la gritería fue enorme: Algunos hablaron de salirnos de la competencia de la Corte, otros quisieron eliminar El Ojo que Llora y se armó toda una discusión sobre la base de mentiras y falsedades sobre lo que decía o no decía la sentencia. Finalmente, el Estado peruano planteó una demanda de interpretación de la sentencia, para que se incluyera una condena explícita a Sendero Luminoso y se rebajen las reparaciones. La demanda, por cierto, hasta ahora no ha sido contestada por la Corte.
Volvamos al inicio. Pues la mentira sobre que la Corte ya emitió su sentencia “en contra del Perú” ha sido repetida - cuando no - por el almirante Luis Giampietri, quien ha aprovechado el pánico para insistir con retirarnos de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
Sorprendentemente - y en buena hora - el gabinete le ha dicho no al Almirante o, para suavizar las cosas, que es una “opinión a titulo personal” y no representa la opinión del gobierno. Incluso Rafael Rey, habitualmente desaforado en este tipo de temáticas han preferido guardar mutis frente a lo dicho por el vicepresidente Frontón.
Ahora bien, hay que ser claros. La demanda de interpretación no va a cambiar el fondo del asunto, que es que hubieron ejecuciones extrajudiciales y que el Estado peruano - y en el ámbito interno, quienes resulten responsables - tiene que responder por ellas. La vida humana de todos se respeta y los asesinatos, masacres y coches bombas de los senderistas no justifican que el Estado tome justicia por su propia mano. Por algo existe un Poder Judicial.
Sí considero importante que la Corte Interamericana haga un deslinde claro con Sendero Luminoso, a fin que nunca más los interesados de siempre vuelvan a arguir que es un organismo “pro terrorista”. De hecho, para los no enterados, el sistema interamericano preparó un completo informe sobre Derechos Humanos y Terrorismo, que da líneas bastante claras de como combatir este problema sin que se tengan que vulnerar derechos fundamentales, cuestión que sujetos como Giampietri intentan desafiar de cuando en cuando.
Por ello es pertinente recordar lo que señaló un informe emitido por el IDEHPUCP sobre esta sentencia:
La discusión en torno a esta sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos prueba lo difícil que es asumir la universalidad de los derechos humanos, así como demuestra que tan abiertas están las heridas de un conflicto que afectó, conviene recordarlo, a decenas de miles de campesinos pobres de nuestro país. El rechazo que produce Sendero Luminoso se ubica como parte de nuestro sentido común, al punto que se ha convertido en una categoría fundamentalmente negativa en el lenguaje cotidiano. Es lógico y consistente que sea así, pues la dimensión de los crímenes perpetrados por Abimael Guzmán trasciende el análisis factual y se ubica en un componente ético esencial de la sociedad peruana.
Cualquier interpretación jurídica que fundamente la corrección de los argumentos se enfrentará con un sentido común con características de verdad revelada, de axioma que anula cualquier discusión. Por si fuera poco, ciertas coaliciones coyunturales buscan y buscarán fundamentar decisiones y rechazo en función de ese sentido común. Como reparar a los terroristas es una barbaridad, también lo es que sigamos siendo parte de un sistema que los protege y los cobija. Asimismo, cualquiera que levante la voz reclamando que todos los seres humanos gozamos de derechos humanos será calificado como partidario del terrorismo. Las escasas referencias a las responsabilidades que le corresponden a Alberto Fujimori – que son referidas expresamente en la sentencia – nos dicen mucho de las razones del ruido y la niebla que se nos quiere tender, tanto frente a esta sentencia como aquella referida al caso de La Cantuta.
Sendero Luminoso no sólo afectó vidas y futuros de miles de peruanas y peruanos, sino que también contribuyó significativamente al envilecimiento moral de la Nación. Sus acciones y su fundamento ideológico terrorista privaron al país de oportunidades de desarrollo en democracia. De allí que la tentación de la mano dura y los más oscuros capítulos de nuestra historia reciente siempre encuentran una conexión con el argumento de la lucha contra el terrorismo, y que el autoritarismo político y social encuentre entonces cabida y cierto apoyo popular, muchas veces reactivo, como cuando observamos el alucinante apoyo masivo a la pena de muerte, a la intervención de las fuerzas armadas y, como no, frente al tema y a las organizaciones de derechos humanos.
Aprender a enfrentar este problema es, sin duda, una de nuestras tareas pendientes como sociedad.
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