Archivo de 4 Mayo 2008

En pleno mitin por el Día del Trabajo, varios de los dirigentes de la CGTP han deslizado la posibilidad de convertir al más grande sindicato del país en la plataforma para el impulso de un nuevo partido político que congregue a sectores de izquierda y nacionalistas, con miras a las elecciones del 2011.

Las reacciones han sido variadas. De un lado, Aldo Mariátegui ha festejado el hecho como un error màs de la izquierda, los nacionalistas pretenden que este esfuerzo se convierta en la locomotora para Humala 2011, los chicos de Unidad Nacional han dicho que dicho partido nacerá muerto por ser “anti moderno” y, sorprendentemente, el Presidente de la República ha señalado que la idea no es mala.

Para comenzar, creo que Mario Huamán y sus amigos deberán afinar un poco más su propuesta, para evitar que se llegue a la aparente confusión a la que se viene llegando en estos días, la cual es que el gremio de gremios sindicales más importantes del país se va a transformar en un partido político.

Tiene que tenerse en cuenta que los sindicatos se crearon con una finalidad principal: tener un poder de negociación colectiva que le permita a los trabajadores contar con mayores herramientas para poder mejorar sus condiciones de vida, mediante negociación con los empleadores o, en último caso, con la huelga.

Alguna vez le pregunté a Javier Neves, sabiendo que los amigos de la CGTP generalmente juntaban reivindicaciones laborales con cuestiones tipo “cambio general de la política económica”, si es que el sindicato podría tener banderas políticas. Su respuesta, que la tengo grabada en la mente, fue muy decidora: Siempre que las reivindicaciones laborales estén presentes, el sindicato no desnaturaliza su función, pero si quiere hacer solo política, estaría perdiendo su esencia.

Si los miembros de esta central sindical logran tener más claro este tema, pues habrán concretado un primer paso.

Pero el segundo será hacer más atractiva su propuesta política. Y aquí no solo se trata de hacer cambios de imagen, tener un mejor contacto mediático o renovar las caras. Se trata de pensar que es lo que quiere una propuesta de izquierda radical en el Perú, de que manera lo van a decir y si es que necesitan renovar sus propuestas programáticas.

Sin duda, el país requiere de opciones políticas y nadie tendría porque arañarse si es que la izquierda más radical arma su partido político. Por el contrario, es mejor para el país que se canalicen demandas y reclamos a través de los partidos, como en cualquier democracia civilizada del mundo. Quizás este esfuerzo, mejor encaminado, haga que tengamos un sistema más estable y con menos intenciones de ser petardeado.

Representar a los sectores más radicales no es tarea fácil, ahora será tiempo que sus propulsores se decidan a hacerlo bien.

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