Archivo de Enero 2008

Ayer se dictó la sentencia por la falsificación de firmas de Vamos Vecino, la agrupación de corte municipal y provinciano del fujimorismo. El fallo ha terminado condenando al principal líder de la agrupación, Absalón Vásquez, a 7 años de prisión.

Esta sentencia condenatoria - que también comprende a Vladimiro Montesinos y al actual congresista Rolando Reátegui, sobre quien el Congreso tendrá que pronunciarse en los próximos días sobre su permanencia - me da pie para hacer un rápido balance de lo que ha sido el vértice más visible de la lucha contra la corrupción: los procesos judiciales contra la organización criminal Fujimori - Montesinos.

No tengo duda que han existido avances significativos en esta tarea emprendida por un puñado de jueces, fiscales y abogados que han buscado establecer la responsabilidad de los más altos funcionarios políticos y militares del régimen de Alberto Fujimori. En medio del poco respaldo político, de las limitaciones de presupuesto y de lo lentamente paquidérmico que resulta el sistema de justicia en el Perú, lo hecho no es poca cosa.

Quizás el efecto más visible se señale en las personas que han sido condenadas y los procesos que han merecido este tipo de sentencias. A 8 años de la caída del fujimorato, hasta el día de hoy resulta sorprendente que las cabezas más visibles de dicho régimen hayan sido procesadas y sentenciadas, con arreglo al debido proceso. Hoy Alberto Fujimori, Vladimiro Montesinos, Nicolás Hermoza y Absalón Vásquez se encuentran en dicha situación, cuestión impensable hasta hace poco tiempo. Lo mismo ha ocurrido con funcionarios cuyo enriquecimiento ilícito ha sido comprobado, así como en casos emblemáticos, como el golpe de Estado del 5 de abril de 1992 o el de los empresarios de televisión que vendieron su línea editorial con miras a la re-reelección del año 2000.

La prueba de que el proceso se ha sujetado al debido proceso lo demuestran las absoluciones en los casos en que no se encontraron elementos de prueba. El caso de la ex congresista Martha Chávez, a quien no se encontró evidencias de haber recibido dinero de las arcas del SIN, lo comprueba. Independientemente de las antipatías que puedan generar las opiniones políticas de Chávez, su inocencia fue confirmada por el Poder Judicial.

Sin embargo, el proceso en su conjunto no ha estado exento de problemas. Como lo ha demostrado la concentración de expedientes en el caso Fujimori, la estrategia más acertada era la de acumular 10 a 15 casos por temas, a fin de procesar con mayor celeridad un complejo campo de casos. Solo se pudo hacer - y a medias - en lo que se refiere al grupo Colina. Esta dispersión hizo que la atención judicial y mediática se concentrara en procesos menores - como los de Héctor Chumpitaz o Jacqueline Beltrán - y que con ello se generaran dos efectos: la pérdida de la posibilidad de hacer pedagogía anticorrupción con estos procesos y la dispersión de recursos en el Poder Judicial, lo que hizo que los casos más grandes e importantes no avanzaran con la rapidez requerida.

Ello ha generado que las sentencias más importantes son las que estén por dictarse. Se calcula que para marzo o abril se tendrá listo el fallo por los casos que comprenden al Destacamento Colina y que este año recién se iniciará el juicio oral a Vladimiro Montesinos por narcotráfico. Sin duda, este último proceso deberá echar mayores luces sobre una relación compleja y aun poco trabajada. Luego de releer hace algunos días El Espía Imperfecto de Sally Bowen y Jane Holligan, me queda claro que Fernando Zevallos será uno de los procesados clave para desentrañar la vinculación de Montesinos y las firmas de narcotráficantes. Y por ello preocupa tanto que maten a los vinculados al “Lunarejo”, a plena luz del día, en el Centro de Lima.

Donde sí hay que advertir los pocos avances es lo que se refiere a los llamados delitos económicos y financieros, en los que los procesados han sido tratados con guantes de seda y las investigaciones han sido lentas, sin el apoyo logístico y pericial que merecían, lo que deja todo un segmento de la corrupción de los años noventa en el limbo judicial.

Un balance de la lucha anticorrupción debe servir a las entidades encargadas de combatir y prevenir este flagelo para afinar las políticas que han venido destinando para esta tarea, corregir errores de estrategia y contar con mejores y mayores recursos para sus investigaciones. Sin duda, varios de estos elementos deberán ser contemplados para los procesos por violaciones de los derechos humanos y narcotráfico de los próximos años.

Esta es una tarea que debe comenzar el día de hoy. Señor Távara, señora Bolívar, señora Fernández, tienen ustedes la palabara.

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Hace 25 años se produjo uno de los hechos de sangre más dolorosos para el país: la muerte de 8 periodistas y dos campesinos en Uchuraccay.

Fue uno de los casos más complejos e impactantes que el país tuvo que presenciar durante el conflicto armado interno. Por un lado, conocer la forma en como los comuneros enfrentaban a la subversión y los equívocos a los que se pudo llegar. De otro lado, el drama de una comunidad que luego fue diezmada por la insanía de Sendero Luminoso. Y, por cierto, diversas interpretaciones sobre el caso que, en su momento, causaron polémica.

Uno de los primeros posts que escribí trata sobre este caso, sobre la base de lo señalado por la Comisión de la Verdad y Reconciliación (que no distaba en los hechos de lo señalado por la Comisión Vargas Llosa, pero tienen discrepancias severas en las interpretaciones, siendo lo de la CVR más acertado en el diagnóstico y decripción del cuadro general alrededor de los hechos): los comuneros fueron los victimarios de los periodistas y sus acompañantes, a quienes confundieron con senderistas, luego que fueran incitados por miembros de las Fuerzas Armadas a matar a todo extraño que se encontrase a pie. Y, posteriomente, 135 comuneros, en una población de 470 habitantes, murieron en masacres ejecutadas por Sendero Luminoso, como venganza por no alinearse con su ideología.

En Uchuraccay, creo yo, se resume gran parte del problema de aquellos - y de estos años -: una violencia sin precedentes, la incomprensión frente a una realidad compleja, el poco respeto por la vida humana, distintas interpretaciones y malos entendidos que terminaron ocultando la verdad por años.

Tal como lo hizo el año pasado, Juan Gargurevich recuerda en su blog algunos pasajes de lo ocurrido luego de la masacre. Vale la pena leerlo.

Y también vale la pena recordar las actividades que se vienen haciendo en conmemoración de esta fecha, tanto en Lima como en Ayacucho.

Como alguien lo escribió el año pasado:

sólo podría decir que la mejor manera de homenajear perpetuamente a quienes cayeron en esta u otra de las masacres de la época del terror, es, señores periodistas, apostar siempre por la verdad. Por más utópico o idealista que suene, ésta existe y es nuestra obligación hacer que todos la sepan.

Tarea que no solo le corresponde a los periodistas, sino a todos los peruanos.

MAS SOBRE EL TEMA:
Roberto Bustamante: Uchuraccay como espejo de la violencia política

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Me llegó este mail y creo que es necesario compartirlo con ustedes.

Hola papá:

Hace tiempo que no conversamos en serio. De hecho, ahora que caigo en la cuenta, lo que acabo de decir es una mera fórmula convencional, pues nunca hemos podido hablar. Porque, en verdad, no es fácil dirigirse a alguien que no sabes donde se encuentra y que, además, si lo encontrarás, tendría tantas faltas a la verdad que su palabra estaría tan desvalorada como lo está el dolar en estos momentos.

He crecido bastante. En lo físico, tengo tu tamaño y tu mismo color de piel, aunque claro, por casa dicen que me parezco al abuelo o alguno de mis tíos. Tu nombre no se menciona para nada, pero si recuerdo las 5 fotos de tí que mi abuela guarda, para que mamá no siga sintiendo el dolor que pasó hace años. No voy a reprocharte eso, porque el hecho de que ustedes no funcionaran como pareja no tiene relación directa conmigo. Ustedes ya habrán examinado, cada uno en donde está, que fue lo que sucedió. Intuyo que mamá ya lo ha hecho, pues varias de las cosas que me dice cada vez que me ve emocionado por una chica tienen, sin duda, relación directa con la experiencia que ustedes pasaron.

Debo decir que he tenido mucha suerte. Pude estudiar en un buen colegio y en una buena universidad y me encuentro trabajando en un lugar en el que no solo veo lo que me gusta, sino que también es cálido en el sentido humano. Mamá hizo un gran esfuerzo para que pudiera tener lo que podía darme. Siempre le estaré agradecido. Y aunque tenía todo el derecho de pedirte algo, nunca lo hice, no porque no quisiera, sino porque pudo el hecho de saber que no tendría algún lugar donde notificarte y evitar un gasto más en casa. De hecho, tanta incertidumbre tengo sobre tí que no se si es debo irte a visitar a alguna casa o al lugar donde recordamos a quienes ya se han ido de este mundo.

Sin embargo, hay personas que, con justa razón, reclaman a sus padres lo menos que le pueden dar: dinero para su manuntención. Cada vez que voy al Poder Judicial veo a varias madres con sus hijos o a hijos que van a reclamar porque, además de negar afecto, hay padres que no cumplen con dar el apoyo económico que los hijos requieren para poder salir adelante. Me entristece sobremanera ver a personas irresponsables que no quieren pagar o que pretenden recortar la suma que le pasan a las personas a las que le dieron la vida. Y me duele mucho el rencor que, con justa razón, los hijos acumulan en estos años. Yo alguna vez lo tuve, hoy creo haberlo superado en buena parte. Y no fue fácil hacerlo.

Ayer vi en la televisión que se ha implementado un Registro de Deudores Alimentarios, justamente, para evitar que hayan más personas que no cumplan con sus deberes legales. Y por ello, el único favor que te pediré en la vida es que, si aun sigues en este mundo, puedas recordarle a cada padre que haya estado en la misma situación que tu, que cumpla con sus obligaciones, no solo para que no caiga en este registro, sino para que pueda establecer una mejor relación con sus hijos. Quizás así puedas comenzar a reconstruir una vida que, como se lo que causó toda esta situación, no debe haber sido fácil ni la más feliz del mundo.

No espero una respuesta tuya, pero si que cumplas con lo único que te he pedido en la vida.

Y esto no es por convencionalismo, en verdad, espero que te encuentres bien.

Un abrazo.

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Entre los varios libros que he estado leyendo en estos días, uno de los más recomendables es El Nacimiento de los Otorongos de Carlos Iván Degregori y Carlos Meléndez. A pesar que es un estudio sobre lo que fueron las diversas bancadas fujimoristas en el Congreso durante los años noventa, no deja de ser un texto actual, tanto por lo que nos dice sobre la actual conformación del grupo que apoya al ex dictador, como por lo que apunta sobre nuestros partidos políticos post-Fujimori.

Durante los últimos días se ha escrito mucho sobre la formación de Fuerza 2011 y las divergencias partidario - familiares que ha motivado la creación de este nuevo experimento. A estas alturas, nos va quedando claro que la intención del ex candidato al Senado de Japón no es la consolidación de un partido político democrático, sino la formación de membretes funcionales para cada uno de los fines que ha tenido en su dilatada carrera política y, ahora, judicial - penal. Del Cambio 90 primigenio, concebido para una candidatura al Senado peruano, al Fuerza 2011 como “pasaporte a la libertad” del reo de Barbadillo (Kenji Fujimori dixit).

¿Qué es lo que ha traído esto como consecuencia? Para el fujimorismo, no poca. Además de no consolidarse como agrupación, ha terminado convirtiéndose en un reducto cerrado de personas cuyo único mérito es deberle su presente político al ex dictador. Degregori y Melendez lo señalan, de manera bastante clara, en los dos últimos párrafos del libro.

Por otro lado, para el fujimorismo, las elecciones fueron una suerte de “retorno a la semilla”. En efecto, la bancada de Alianza por el Futuro guarda reminicencias con la de Cambio 90, pero solo en el perfil familiar / amical de sus componentes, no en su recorrido político. Una suerte de último bastión de lealtad a rajatabla, compuesto de familiares y amigos, así como hijos de conspicuos fujimoristas de la década pasda y válidos personales del ex mandatario. Así, de los trece representantes, dos son familiares directos de Fujimori, su hija Keiko y su hermano Santiago. Otros dos, tres si incluyéramos a Keiko en este grupo, son hijos de líderes del fujimorismo: Renzo Reggiardo y Cecilia Chacón. Tres pertenence al grupo de las fieles, autoritarias y agresivas “Marthas”: Hildebrandt, Moyano y Luisa María Cuculiza. Dos válidos, el abogado de Fujimori, Rolando Souza, y Carlos Raffo, asesor de imagen del extraditado, cuyo cargo resulta una contradicción en sus términos. Los otros cuatro son militantes provincianos sin mayor lustre durante el decenio pasado, cuyos triunfos en sus respectivas regiones merecen mayor análisis. Resalta sin embargo el caso de Oswaldo de la Cruz, elegido por Pasco, en cuyo currículum destaca tanto o más que haber sido alcalde de Pasco, el hcho de ser propietario de dos radios y un canal de TV local.

Esta composición de la actual bancada de Alianza por el Futuro probaría que el fujimorismo nunca formó una clase política, sino un equipo de mudos y leales colaboradores, “súbditos” que vivían bajo la sombra de Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos. La gran pregunta es qué pasará con ellos, tan cortejados y tratados con guante de seda por el resto de otorongos, desde ahora hasta el 2011 en que tendremos nuevas elecciones. Pero esa es otra historia.

El problema es que varias de nuestras agrupaciones políticas no son ajenas a esta lógica. Si hablamos de membretes electorales, pues los “partidos” de Rafael Rey y José Barba Caballero, hoy funcionarios del gobierno actual, son muestra de lo que supone la presencia de una figura relativamente carismática encabezando una agrupación en la que lo que cuenta es la lealtad al líder y no las ideas. Ello explica también porque estos grupos fueron funcionales al régimen en su momento.

Pero hay otro factor pernicioso para la política peruana que ha sido la gran herencia de los años del fujimorismo: el pragmatismo como sinónimo de cinismo. Vuelvo a citar a Degregori y Meléndez, quienes describen así el fenómeno:

El pragmatismo es necesario en política y en otros aspectos de la vida. Lo específico del autoritarismo fujimorista es que se entendió como una manera de privilegiar la eficacia en desmedro de los procedimientos democráticos, y privilegiar el interés grupal o personal sobre el institucional y el nacional.

La exacerbación del pragmatismo corresponde al abandono de todo referente ideológico, planteamiento programático y ética política. La “caballerosidad gallarda” que añoraba Belaúnde - evidente rezago de uan sociedad estamental - no fue reemplazada por una ética democrática, republicana y ciudadana. Ante esa ausencia, si en la década pasada el autoritarismo competitivo buscó arrasar y someter a sus adversarios, en el actual contexto de “democracia competitiva de baja intensidad” se ha creado el clima para la proliferación de los otorongos: muchos de los participantes en el sistema democrático y se apañan corporativamente.

Pero no solo en la proliferación de los otorongos y de los apañamientos congresales es donde pervive el cinismo pragmático. La alianza conservadora que sostiene al gobierno no se ha formado sobre la base de una idea, sino de intereses bastante primarios: cerrazón del modelo económico tal como se encuentra planteado, restricciones a los reclamos sociales y ambientales, defensa de militares en retiro acusados por violaciones de derechos humanos y pervivencia de un estilo en el que el programa de gobierno sigue importando poco. Lo mismo podríamos decir de sucesos como los asesores fantasmas del Congreso o la permanencia de ministros cuestionados como Alva Castro.

Esto resulta siendo un efecto pernicioso para la politica peruana. Si bien existen espacios para la crítica, el cuestionamiento y la investigación sobre este tipo de conductas, su alcance sigue siendo limitado en medio de un panorama social de insatisfacción con la democracia, en la que este tipo de conductas, asentadas machaconamente durante una década, siguen siendo percibidas como “saludables” o como “lo que le gusta a la gente”. Peor aún, los políticos - salvo excepciones - siguen pensando que es la única forma de hacer su trabajo.

¿Alguien se atreverá a romper este círculo vicioso?

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La fuerte caída registrada por las bolsas de valores del mundo ha generado alarma en varios mercados del mundo incluyendo el peruano.

Ayer, con varios amigos, discutíamos sobre cuáles podían ser las causas - que se concentran, sobre todo, en la desconfianza al plan de estímulo económico anunciado por George W. Bush para Estados Unidos - y, sobre todo, las consecuencias de este golpe bursatil. La preocupación inmediata de algunos de nosotros eran los fondos de pensiones, que podrían sufrir una reducción en sus ganancias.

Pero, de lo que pude sacar como conclusión de dicha conversación, el principal problema es que no conocemos, realmente, cuales pueden ser los efectos de la agitación económica mundial en la economía peruana. Analistas de diversas tendencias coinciden en que algo nos afectará, pero no establecen hasta que punto y menos aún concuerdan en las contingencias que deberá tomar el gobierno peruano sobre la materia. Ello, en una ciencia social y no exacta como la economía, es relativamente entendible.

Sin embargo, preocupa algo que comenté en este blog hace una semana y media: las discrepancias entre el Presidente de la República y el Ministro de Economía sobre el comportamiento de la economía peruana en un complejo año. Disensos que no son poca cosa, dado que ambos son las personas que deberán tomar algunas de las decisiones más importantes para enfrentar lo que es un ajuste serio en el escenario económico global. Y ello no creo que genere mucha confianza en los inversionistas grandes, medianos y pequeños.

Pero tampoco las cosas se tienen claras con relación a los ciudadanos de a pie. Y es que los precios de los alimentos siguen aumentando y nuestro Ministro de Agricultura nos advierte de que se acabaron los alimentos baratos. La pregunta que con justa razón se hacen las amas de casa es: ¿como hacemos con las compras del día, si es que nuestros ingresos no aumentan? ¿con qué reemplazamos los alimentos que ya no podemos comprar? Esas respuestas hacen que la población en general no confíe en el gobierno y, como resultado, tengamos el índice de aprobación presidencial alrededor del 30%.

Así como la economía mundial se ha resentido por los mensajes poco claros que el gobierno de Estados Unidos ha dado sobre su real solidez, lo mismo puede pasar con la economía peruana. Es necesario que el Presidente y los Ministros expliquen, de manera clara, sencilla y veraz, cuál es la real situación económica del país. Porque, mientras tanto, las cifras macroeconómicas siguen bien - y es correcto que sigan así -, pero la gente sigue sin sentirlo y, peor aún, pensando que en cualquier momento se acaban las vacas gordas.

Además de un shock de inversiones, se requiere de un ajuste de confianza. Téngalo en cuenta, señor Presidente.

MAS SOBRE EL TEMA:
El Comercio: Bolsas cerraron mal en Asia y están a la baja en Europa
Alan García: Mercados bursátiles se recuperarán pronto
Luis Felipe Arizmendi: ¡Crísis, pero de nervios…!
La República: Fondos de AFP en el exterior en riesgo
Roberto Bustamante: Lunes negro en las bolsas del mundo
Carlos Melendez: Obama: Peru is like New Hampshire

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Varios sucesos ocurridos durante el año pasado nos dan cuenta que el narcotráfico se ha convertido en el mayor problema de seguridad del país. Asesinatos de policías, la ausencia de una política clara en materia de seguridad ciudadana y lucha contra el tráfico de drogas y las amenazas a jueces y fiscales que investigan a las mayores firmas del país son una muestra de los efectos que puede llegar a causar esta actividad ilegal en nuestro medio.

Es nítido también que la solución a este problema no pasa únicamente por la represión y persecución policial y judicial de los involucrados en actos ilícitos, sino también por la repotenciación de las zonas rurales, abandonadas durante varios años, en las que la brecha entre los ciudadanos y el Estado y el mercado genera un escenario proclive a la aparición de alternativas reñidas con la legalidad.

Sin embargo, preocupa que, además de la carencia de una política de desarrollo en la selva de nuestro país, se sigan registrando contradicciones en la persecución judicial del narcotráfico.

Es lo que ha ocurrido con la disputa entre la Fiscal de la Nación y el Ministro del Interior por la protección a la Fiscal Superior Luz Loayza, una de las profesionales del sistema de justicia que ha enfrentado, con valentía, a Fernando Zevallos, el máximo capo de la droga en el Perú. Lejos de la defensa de la vida ejercida por el Ministro Alva Castro – en uno de los pocos aciertos de su gestión –, Adelaida Bolívar nos ha sorprendido a todos con una frase poco feliz: “Todo fiscal debe trabajar afrontando los riesgos. Si no tengo el coraje para desempeñar la función, no tengo el perfil para asumir el cargo”.

No se trata, como sostiene la Fiscal de la Nación, de un problema de personas reñidas con la valentía, sino de las precauciones básicas que un magistrado debe tener para poder ejercer su puesto sin presiones de ningún tipo, lo garantiza, por un lado, sus derechos a la vida y a la integridad personal y, de otro lado, su independencia.

Este último aspecto es el que parece estar en carestía en las oficinas de la avenida Abancay. Como lo han demostrado varios medios de comunicación, varios fiscales han sido sorprendidos en conductas sospechosas: ¿Qué hace la fiscal del caso Sánchez Paredes acudiendo a una diligencia en una camioneta de sus investigados? ¿Por qué un fiscal en Cajamarca pretende coaccionar la libertad de expresión, al tratar de averiguar las fuentes que dieron a un diario la “lista blanca” de los más grandes narcotraficantes del país? ¿Podría explicarnos la Fiscal de la Nación porque los informes fiscales aun en reserva sobre los Sánchez Paredes los pudo conocer el Estudio Souza & Nakasaki, patrocinante de la cuestionada familia trujillana?

Hay una palabra que define a personas como la procuradora antidrogas Sonia Medina Calvo, a los policías de DINANDRO que todos los días salen a enfrentar al narcotráfico o a fiscales como Luz Loayza. Pero parece que no se encuentra en el vocabulario común de muchas personas en el Ministerio Público, comenzando por su máxima representante. Comience a practicarla, señora Fiscal de la Nación: Coraje.

(Artículo publicado originalmente en Prensaperuana.com. Links añadidos para este blog)

MAS SOBRE EL TEMA:
Editorial de El Comercio: ¿Quién saca la cara por la legalidad?
Augusto Alvarez Rodrich: Unas piedras bien gordas
Fernando Rospigliosi: La Fiscal y el narcotráfico
CPN Radio: CNM investigará a Fiscal de la Nación
Correo: Procuradora Sonia Medina Calvo critica a Fiscal de la Nación

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Decía el sábado que dos de las características del sentenciado Alberto Fujimori eran la felonía y la mentira. Luego de escuchar el dramático relato de Jorge del Castillo sobre su secuestro, me sigo reiterando en dicha afirmación y, conforme avanza el proceso judicial, la compruebo con creces.

Pero hay ocasiones en que, dentro de los ghettos políticos más cerrados – como lo es el fujimorismo – salen declaraciones que constituyen un rapto de reconciliación con la verdad.

Hace algunos días,Keiko Fujimori anunciaba la formación de un nuevo partido que constituiría una nueva plataforma para las elecciones del 2011, aparentemente, pensando en un “fujimorismo sin Alberto”. Pero su hermano Kenji desbarató la farsa, en el inicio de la recolección de firmas para Fuerza 2011:

Estos planillones no son cualquier papel. Son el pasaporte a la libertad de Alberto Fujimori. Ustedes son los verdaderos jueces del Chino”

Luego de escuchar ello, volvió a aparecer el viejo objetivo que el fujimorismo pretende: la amnistía para su líder. Amnistía que, como hemos señalado en oportunidades anteriores, no procede por violaciones de los derechos humanos. Y digo amnistía porque la presión que pretenden ejercer en el Poder Judicial, por la conducta de los magistrados que vienen resolviendo este caso, no traerá efecto alguno en verificar la inocencia o culpabilidad del ex dictador.

El 8 de febrero de 2001, en medio del festival de videos filmados en la salita del SIN, el cantante y animador Raúl Romero, cuyas simpatías fujimoristas eran conocidas, concedió una entrevista a Caretas en la que reveló sus 5 reuniones con Vladimiro Montesinos. Pero, más que esa revelación, lo que quedó en la mente de miles de peruanos fue lo siguiente:

En esa época, al igual que muchos peruanos, Carolina (la esposa de Romero) y yo consideramos a Montesinos un tipo que se sacrifica por el país. Y si se hablaba de la Cantuta, de Barrios Altos y de cierto control del Poder Judicial, a muchos de nosotros, desgraciadamente, nos parecía tolerable. Que me perdonen las víctimas, pero desde el punto de vista macropolítico nos parecía que era un precio a pagar

Aunque Romero volvió a hacer sus programas con cierto éxito, luego de esa infame frase nadie tomó sus declaraciones políticas en serio, incluyendo la de su arrepentimiento por lo dicho. El líder de Nosequien y los Nosecuantos dijo aquello que muchos tratan de defender sibilinamente – con argumentos tipo “la seguridad del pais” o “lo que debía hacerse” – en lugar de señalar aquello que en el fondo piensan: que era necesario matar gente para devolverle la paz al Perú.

7 años después, en otro contexto, otro rapto de honestidad semejante sobre los muertos durante el conflicto armado interno lo ha tenido el director del vocero oficioso del fujimorismo, La Razón. En su columna del domingo, Uri Ben Schumel tiene dos frases realmente de antología:

No nos parece digno de quien dirigió una guerra victoriosa el recurso del “desconozco”, “no recuerdo”, “me abstengo de responder”.

Y aún con una condena “menor”, no podrá participar en las elecciones de 2011 y para las de 2016 tendrá cerca de 78 años. De tal manera que en vez de hacer sumas y restas sobre meses o años más o menos en prisión, Fujimori debería decir lo que todos saben pero callan hipócritamente: para lograr la paz se tenía que pagar una cuota de sangre.

Y luego, como es costumbre de todos los que piensan que una muerte causada por el Estado es justificable, recurre al manido discurso del almirante Emilio Massera, uno de los jefes de la sangrienta dictadura argentina, para justificar violaciones de los derechos humanos en nombre de una “guerra justa”. Argumento que ya ha sido utilizado, entre otros, por Rafael Rey y Andrés Bedoya Ugarteche.

Esta honestidad brutal del vocero de la mafia desenmascara lo que, en el fondo, todos aquellos que siguen defendiendo a Fujimori, su golpe de Estado y todas sus “obras” piensan en el fondo.

Lo curioso es que esa misma lógica de menosprecio por la vida humana era la que tenía Sendero Luminoso. Basta ver este extracto de un documento senderista que refleja el parecido en el pensamiento de ambos grupos:

En 1983 acordamos el Gran Plan de Conquistar Bases, una de cuyas tareas era la Conformación del Comité Organizador de la República Popular de Nueva Democracia. A partir de allí hemos seguido la lucha entre el restablecimiento del viejo Poder por el enemigo y el contrarestablecimiento del nuevo Poder, aplicando la defensa, desarrollo y construcción. Así, el nuevo Poder atravesando el baño de sangre se desarrolla, los Comités Populares se están templando en duro combate contra el enemigo regándose con la sangre de las masas campesinas, de los combatientes y de los militantes.

De hecho, en la sección Carnecitas del diario antes aludido, se dice lo siguiente:

A Suecia
Y las mismas circunstancias con el genocida Abimael Guzmán. También sacarlo de la cárcel de la base naval con el acuerdo expreso de que pase el resto de su anciana vida en Suecia (donde viven algunos de sus familiares) o al país europeo que él escoja con la camarada “Miriam”.

No es coincidencia que ello ocurra. Como lo señaló Carlos Basombrío en un trabajo sobre Sendero Luminoso y los derechos humanos, el efecto más perverso de la actitud de SL frente a estos derechos fue la forma en que disminuyó en la población la importancia del respeto a los mismos. La magnitud y forma de la violencia, afectando a la población civil, generó en la población una actitud “pragmática” frente a los derechos fundamentales. ¿De qué manera? A fines de los 80 se da una crisis social de frustración frente a la situación del país y, frente al tema del terrorismo, la población comienza a inclinarse por opciones autoritarias para resolver dicho problema. La lógica de la eficacia es la que prima. Es allí que discursos como los de Romero, Ben Schmuel y otros calan en un sector del país, que sigue defendiendo esta actitud como la válida para enfrentar al terrorismo.

Sin embargo, cabe hacer una reflexión mayor. Sin duda, el Estado tenía el derecho y deber de defender a sus ciudadanos de lo que fue la mayor amenaza a sus derechos fundamentales. Pero no podía hacerlo de cualquier manera. Las matanzas y demás violaciones de los derechos humanos no se justifican en nombre de ninguna pacificación. Y aquí no solo hay argumentos éticos y de principio, sino también prácticos. Parte de la demora en la derrota de Sendero Luminoso y del MRTA se debió a que dichas vulneraciones hicieron que la población desconfiara de las Fuerzas Armadas y Policiales. Otra parte, como sabemos ahora, se debió a la utilización del terrorismo como arma política. Si hay militares y policías procesados no es por venganza o hacerle el juego a Sendero Luminoso, sino porque se olvidaron de a quien defendían: a todos nosotros.

Nada justifica la muerte de un ser humano. Absolutamente nada.

PD: Quizás otra forma de entender todo esto que he escrito sea con este video de Mecano. Hace bastante tiempo que no escuchaba esta canción, pero creo que es pertinente colocarla aquí. Nos habla justamente de aquello que he intentado desarrollar en estas líneas, de por qué no existe un derecho a matar.

ACTUALIZACION (21.01.2008 - 10:50 AM):

Hace algunas semanas Martín Tanaka publicó un artículo en su blog en el que, con ironía, planteaba las mismas tesis que La Razón esgrime recientemente. La aparición del artículo de marras ha suscitado un comentario de Tanaka que es indispensable leer.

De otro lado, con argumentos más “amplios”, Ben Schmuel sigue defendiendo su idea del “vale matar en algunos casos” en su editorial de hoy. Si a ello le sumamos la tesis “Kenji Fujimori” sobre la amnistía para su padre, la estrategia queda clara: se van a jugar porque le perdonen los crímenes sobre la base de que la sociedad amparó dichos asesinatos. Pobre gente.

Sin embargo, sigue quedando una pregunta en el ambiente: ¿por qué hay personas dispuestas a consentir este tipo de pensamiento?

MAS SOBRE EL TEMA:
Laura Arroyo Gárate: ¿Nakasaki pierde el juicio?

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Yo creo que Perú se perdió un gran presidente, pero hubiera dimitido al año porque no hubiera aguantado.
(Joaquín Sabina, sobre Mario Vargas Llosa)

Ayer en la mañana no deje de sentirme conmovido, cuando nuestro Presidente anunció que Mario Vargas Llosa estaba hospitalizado por un mal cardiaco, dolencia que ha sido desmentida por su esposa, esta mañana. Fue la primera vez que quienes somos admiradores del más conocido de nuestros escritores percibimos como cercana su mortalidad, por lo menos, así lo vi.

Mi relación literaria y política con Vargas Llosa fue intermitente durante mi niñez y adolescencia. Y no fue fácil. Mi madre y mi abuela no le tenían mucho cariño, dado que era “el candidato de la derecha”, el apóstata, el antiaprista. Mi viejo si votó por MVLL y, en gesto premonitorio, nos dijo que el país se desbarrancaría en manos de un desconocido. No se si Sabina tendría razón o, como es mi intuición, Vargas Llosa hubiera sido un mejor presidente que Fujimori, pero, de todas maneras, que la podedumbre moral de aquella década no se hubiera suscitado.

Esas pugnas familiares de inicios de los noventa - luego, cuando vino la dictadura, todos en casa aplaudieron el civismo del escritor - hicieron que mi llegada a Vargas Llosa escritor fuera tardía. Recién a los 16 años compré mi ejemplar de La Ciudad y los Perros, que leí de un solo tirón durante un sabado de verano allá por 1998. Y allí empecé a descubrir que la forma de contar la historia, las estructuras del edificio novelístico y la dosificación de la intriga eran tan importantes como las anécdotas que cuenta una novela. Comprendí también porque existe aquella leyenda de los libros quemados en el Colegio Leoncio Prado, pues el libro es durisimo con aquellos antivalores del militarismo ramplón que hemos padecido en América Latina: el malentendido espíritu de cuerpo, el machismo de cuadra, el ocultamiento de la verdad.

Un curso de Narrativa en la PUCP, al año siguiente, me hizo disfrutar de la que creo que es una de las novelas más acabadas: La Guerra del Fin del Mundo. De hecho, el primer recuerdo literario de MVLL lo tuve a los 8 años, cuando vi, entre los libros de un primo que estudió en mi colegio, la primera sección del primer capítulo, cuando se comienza a describir al personaje central: Antonio el Consejero. Y con esa idea me quedé durante años, hasta que fui descubriendo lo que era lo más cercano al sueño vargasllosiano de la novela total: una serie de personajes de distintos orígenes e historias paralelas que al final se terminan entrecruzando, temas universales como la política, el fanatismo religioso, el amor, la incomprensión entre dos formas de entender el mundo. Y quizás allí se terminó de forjar mi alergia a cualquier proyecto violento que dice cambiar el mundo. Siempre terminan en fracaso. Canudos no fue la excepción.

De esta manera, hasta el día de hoy, llevo en promedio un libro de Vargas Llosa por año. En plena campaña electoral del 2000, alternaba mi lectura diaria de Liberación y El Comercio con El Pez en el Agua, donde me sorprendió su aversión a personajes como Mirko Lauer y Raúl Vargas, con quienes en estos años ha hecho las paces, y en el que entendí que el proyecto político de Vargas Llosa se frustró no solo por los votos de apristas e izquierdistas, sino por la propia negativa del escritor a consensuar políticas, como lo haría cualquier demócrata que se precie de serlo. A pesar de ello, admiro la valentía con la que se enfrentó a sus propios aliados a defender las ideas por las cuales él creía que debía ser Presidente.

Y llegaron luego a mis manos La Tía Julia y la alternidad entre radionovelas y una historia de amor que ya conocía por El Pez en el Agua; Pantaleón, sus visitadoras y mi primer contacto literario con la amazonía peruana; el contrapunto entre Flora Tristán y su nieto Paul Gauguin que no es de lo mejor que ha escrito; una novela redonda como La Fiesta del Chivo; y una niña mala con travesuras que se hacían algo repetitivas.

No siempre he coincidido con las ideas de Vargas Llosa de sus ensayos políticos y culturales, que leía en Caretas y ahora en El Comercio. Pero siempre vuelvo a ellos, porque hay algo en el escritor que me atrae: la forma de escribir, el lugar correcto para adjetivar una palabra, el énfasis en desarrollar claramente una idea y, por supuesto, la pasión con la que defiende sus ideas y convicciones. Quizás por eso tiene el respeto hasta de sus detractores y, también, no haya ganado el Premio Nobel de Literatura, que tan esquivo le ha sido en tantos años que ha sido candidato eterno.

Y es que para admirar a alguien no te tiene que gustar todo lo que hace esa persona. Pero si hay cosas que te permiten llegar a respetarla. En mi caso con Vargas Llosa, no solo se trata de los indudables méritos literarios que buena parte del mundo ha reconocido en cerca de 50 años de escritor, sino también de la defensa de valores claves como la democracia, los derechos humanos y la libertad. He allí su trascendencia.

Termino con lo que escribió Gonzalo Vargas Llosa sobre su padre, al perder la larga campaña electoral de 1990, y que creo que resume en mucho lo que varios sentimos:

Bienvenido nuevamente, maestro, al lugar donde siempre perteneciste: tu escritorio. Es desde aquí, y no desde el sillón presidencial, donde batallando con tus demonios seguirás contribuyendo al progreso de tu país y de la humanidad en general, en la medida que tus libros representan, más que en ningún otro escritor, lo que tú tan correctamente llamaste una tentativa de corrección y cambio de la realidad. Ningún presidente en la historia del Perú ha contribuido tanto como lo hicieron y lo seguirán haciendo el Poeta, Pantaleón Pantoja, Raúl Zuratas, Fushia o La Chunga - a través de la conciencia que estos personales crean en sus lectore - a tratar de revelar los profundos problemas que afectan a nuestro país y a intentar superarlos. La derrota en las urnas no significa, pues, sino un triunfo para aquel mundo que ya reclamaba tu presencia: la literatura. Felizmente para nosotros, los intelectuales de este mundo, ha quedado establecido nuevamente que la literatura es la fuerza suprema por excelencia, obligándote a reintegrarte a sus filas. La política tendrá que resignarse a jugar un papel secundario en tu vida. En todo caso, tu paso por la política no ha significado tiempo perdido, pues con aquella honestidad y transparencia que demostrate a lo largo de esos dos años de campaña ayudaste a probar que la polìtica en el Perú no es, necesariamente, como lo creen muchos, sinónimo de demagogia.

Recupérese pronto, maestro. Y con su permiso, me espera La Casa Verde sobre mi escritorio.

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No es secreto para nadie que considero al gobierno de Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos como el peor de la historia republicana. Independientemente del desastre económico que supuso la primera gestión de Alan García, considero más grave que el país haya padecido la dictadura más cleptómana de su recorrido como nación independiente, que la economía de mercado se haya asociado con una autocracia travesti que no dudó en convertir al Derecho en un instrumento para cubrir sus peores atrocidades y que, además, existan muertos y desaparecidos como parte de su herencia de gobierno.

Pero si hay algo más que hizo que la dictadura fujimorista me provocara una melancolía bastante cercana al asco es su vocación por la felonía y por la mentira. Si nadie recuerda las diversas manifestaciones de ambas conductas, expresadas con creces durante la década de los noventa, basta presenciar una audiencia del juicio a Fujimori para darnos cuenta hasta donde quedan las deudas del ex autócrata con la verdad y con quienes dicen ser sus seguidores, al dejarlos sin argumentos de defensa.

Si hay una mentira de esos años que aun quedado grabada en cierto imaginario popular es la del autócrata vencedor del terrorismo – con ayuda de su todopoderoso asesor -, lo que justifica el golpe de Estado, las muertes, las desapariciones, las violaciones de los derechos humanos y las demás tropelías de ese decenio infame. Ello explica porque el fujimorismo ataca con fruición a la Comisión de la Verdad y Reconciliación, cuyo Informe Final derriba, letra por letra, la mitología que durante años se vendió al pueblo peruano sobre la pacificación. Y lo mismo ocurre con cualquier periodista independiente o cualquier ciudadano común que ose recordar a Fujimori pescando zúngaros en Iquitos mientras la Policía Nacional daba el golpe final a la cúpula de la organización más sanguinaria de América Latina.

Pues si esa mentira ya estaba herida de muerte, una investigación de Gustavo Gorriti, publicada en la más reciente edición de Caretas, puede darle el tiro de gracia.

La historia se resume en lo siguiente. El GEIN, la unidad de inteligencia policial que capturó a Abimael Guzmán, pudo haberlo hecho en diciembre de 1990, exactamente al día siguiente del cumpleaños del líder senderista. Las coordenadas estaban establecidas: avenida Buenavista, distrito de San Borja, a pocas cuadras del Pentagonito. Tal como fue la costumbre senderista, su demencial cabecilla residía en barrios de lujo, en los cuales, además, era más fácil despistar a la Policía. Aún así, el preparado GEIN logró ubicar a la jefatura de Sendero.

Pero la captura no se produjo en ese momento. ¿Por qué? Lo que detalla Gorriti detalla movimientos extraños lindantes con la felonía más incomprensible y desdeñable. El 5 de diciembre de 1990, se recibió la orden superior de no proceder con la captura, el Director General de la Policía destituyó al jefe de la DINCOTE y su reemplazo, Héctor Jhon Caro, no ejecutó el plan de detención que se encontraba en marcha. Peor aún, la cúpula de Sendero recibió un mensaje que alertó de la inminencia de la operación policial, lo que les hizo huir.

Para que nos demos cuenta de lo importante que era la casa de Buenavista, leamos este párrafo del Informe Final de la CVR:

El GEIN dedicó este primer mes del año (1991) a la consolidación de la Operación Caballero. Habían ubicado e iniciado vigilancia a una casa de aparente importancia para la organización del PCP-SL. Al finalizar el mes, el día 31, procedieron a su intervención. Se encontró que, en esa casa, ubicada en la calle Buenavista en Chacarilla del Estanque, San Borja, venía funcionando el Departamnto Central del PCP-SL. Si bien no llegaron a tiempo para encontrarlo (ahora sabemos porque), recogieron información valiosa incluyendo el conocido video en que aparecía Guzmán en una reunión social bailando Zorba el griego, acompañado de importantes miembros del partido. Este video sería de especial importancia, pues permitió contar por primera vez con imágnes recientes de altos mandos del partido. Asimismo, se encontró información detallada sobre el I Congreso Nacional del PCP-SL, cuyas sesiones se realizaron entre el 26 de enero de 1998 y el 29 de junio de 1989. Estos documentos permitieron recién a los policías del GEIN saber, con exactitud, quienes eran los miembros del Comité Central, del Buró Político y de otros organismos importantes del PCP-SL. En esta oportunidad, se logró también detener a Nelly Evans Risco de Álvarez Calderón y otros subversivos.
(Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, Tomo II, p. 219).

Como señala Gorriti, esta operación frustrada por “orden superior” pudo haber cambiado el curso de la historia:

¿Quién ordenó abortar la captura de Abimael Guzmán? ¿Quién saboteó la operación? Si se hubiera actuado entonces se lo habría arrestado y el golpe hubiera sido fulminante, porque con él habría caído Feliciano, y Sendero habría quedado ideológica y operativamente decapitado de un solo golpe.

Además no habría habido la menor excusa para el golpe del 5 de abril de 1992. Y no habría habido ni Tarata, ni Barrios Altos, ni La Cantuta ni los centenares de muertes y destrozos que tuvieron lugar esos dos años. Se habría demostrado además la clara posibilidad de una democracia de defenderse eficazmente, empleando las armas de la inteligencia y los valores de la libertad.

Solo hay dos posibilidades de quien pudo haber ordenado semejante ignonimia: Alberto Fujimori y/o Vladimiro Montesinos. Y de confirmarse esta especie, pues no solo será hora de que la justicia haga su tarea.

Clio, la musa de la historia, tiene una nueva chamba.

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Una imagen vale más que mil palabras. Así trata el Estado a sus médicos en huelga, con una dosis de provocación que envalentonará más al menos radical de los galenos.

Por si no lo recuerdan, éste es el Ministro de Salud:

PD: Por cierto, cantar “Provócame” parece ser costumbre de otros ministros, como el de Educación.

(Foto del Ministerio de Salud: Roberto Bustamante)

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