Archivo de 15 Enero 2008

A estas alturas del partido, cuando hasta los testigos llamados por César Nakasaki dejan mal parado a su padre, Keiko Fujimori saca un conejo de la galera del Fundo Barbadillo y anuncia la creación de un nuevo partido fujimorista con miras a las elecciones del 2011, en el que ella sería la candidata presidencial.

El anuncio ha tomado por sorpresa a todos, comenzando por los detractores del sentenciado, pero, por sobretodo, a sus propios partidarios, quienes se encuentran divididos ante el anuncio hecho por quien ahora es la heredera política del ex dictador.

No cabe duda alguna que la familia Fujimori tiene como cálculo central, a estas alturas, que el patriarca del clan no saldrá libre para las próximas elecciones presidenciales, dada la sentencia que tiene ya en ejecución y la inhabilitación que le impide ser candidato hasta el 2011. Aunque mantiene coincidencias claras con la agenda del actual gobierno y Alan les hace guiños de cuando en cuando, no se encuentra dentro de los cálculos actuales la posibilidad de una amnistía o indulto para el ingeniero agrónomo.

Sin embargo, las posibilidades reales de una candidatura de Keiko Fujimori pasan por tres obstáculos centrales.

El primero y principal tiene que ver con la imagen que viene dando su padre en el proceso por derechos humanos que se lleva a cabo en la sede de la DIROES. Luego de escuchar atentamente la más de una decena de audiencias que se han llevado a cabo, me queda claro que Fujimori miente deliberadamente en el proceso y que las contradicciones en las que cae han sido aumentadas por las declaraciones de los diversos testigos que han acudido a este proceso hasta el momento. La monserga de la inexistencia de pruebas esgrimida por los partidarios de Fujimori ya no es posible de fundamentar con precisión en este momento.

En el camino, Fujimori ha hecho añicos su “prestigio” de presidente sabelotodo para pasar a ser un sumo ignorante. Pero, como bien nos recuerdan los hechos - y en términos prestaditos del ingeniero - el ex candidato al senado del Japón no era ningún “caído del palto”. El Fujimori victorioso pasa a ser un pelele profesional en el juicio, aunque hoy Martín Tanaka nos recuerda:

Fujimori tuvo desde el inicio, y a lo largo de todo su gobierno, más de una oportunidad de cambiar de rumbo y seguir un camino democrático. Si miramos otros contextos, encontraremos que los momentos de crisis y de cambio profundo sirven no solo para destruir democracias, también para iniciar procesos de institucionalización; pero, para que ello ocurra, la intervención de líderes capaces y comprometidos es imprescindible. Visto Fujimori desde este ángulo, su chatura es más que evidente.

El segundo obstáculo tiene que ver con los propios enfrentamientos dentro del fujimorismo. No son pocos los que ven con malos ojos lo que parece ser una sucesión dinástica dentro de una agrupación a la que muchos aspiran a convertir en un partido. Y tampoco pasan a los escuderos actuales, a quienes culpan de ser los autores de la mala estrategia del viaje a Chile que ha terminado con Fujimori en una prisión. De otro lado, la disputa de las cuotas de poder entre ellos mismos, cuestión presente de manera nítida desde el año 2000, termina por complicar las cosas al interior de los grupos fujimoristas.

Finalmente, y como bien se ha anotado en otro blog, resulta siendo una burla a los peruanos que los fujimoristas inventen un partido para cada elección. Ello no solo contribuye al debilitamiento del sistema de partidos, sino también da cuenta de lo poco serio del proyecto fujimorista. Decir que solo se basan en las pequeñas obras de infraestructura que hizo Fujimori como único programa político solo da cuenta del pragmatismo chato y sin una visión de país clara que caracterizó a los 10 años de gobierno de un dictador que llegó a la presidencia por una casualidad y que hoy puede terminar sus días no precisamente contándole cuentos a los nietos en condiciones normales.

Alguna vez Manuel D’Ornellas, en la época en que escribía en el alineadísimo Expreso de los noventa, quiso esgrimir la tesis del “Fujimorismo sin Fujimori”. Parece que el viejo periodista uruguayo, desde donde se encuentre, se habrá dado cuenta que ello es imposible. Los caudillismos se heredan, no se transforman en partidos.

MAS SOBRE EL TEMA:
Augusto Alvarez Rodrich: El peso de Keiko
Fernando Rospigliosi: El fujimorismo busca una renovación por casos de corrupción
Laura Arroyo Gárate: 2011 de infarto

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