Archivo de 26 Diciembre 2007

Entre todas las cosas que estoy leyendo en estos días, la que más me ha llamado la atención se ha encontrado en el blog de Martín Tanaka. Bajo el título de Barrantes: vicios privados, vicios públicos, el conocido sociólogo hace una severa (auto)crítica a lo que fue Izquierda Unida en los años ochenta y el papel que cumplió el más conocido de sus líderes de aquellos años.

Creo que el debate es primordial por tres motivos centrales.

El primero, es que varios analistas - tanto de izquierda como de derecha, pero sobre todo quienes han tenido simpatías zurdas - han señalado que, para que surja un nuevo partido de izquierda con fuerza electoral, debe tenerse un caudillo como Barrantes.

El segundo es que, frente a personas como Belaúnde, Paniagua o Barrantes, debido a su proverbial honestidad, se tiene a totemizar, sin ver cual fue su real legado histórico y sus posibles defectos.

Finalmente, es necesario ver cuales fueron los posibles errores y fortalezas de ese experimento, así como lo que ha cambiado en el país durante estos años, para ver que es lo que vale la pena rescatar y que no lo es.

El artículo de Tanaka cumple con esos tres requisitos. Sin dejar de reconocer su arrastre popular, honestidad y forma fácil de enganchar con la gente, el ex director del IEP demuele el mito de Barrantes y lo coloca en su debido lugar: como co-responsable de lo que fue la crisis de la izquierda peruana. Ya lo había anticipado en su libro sobre la crisis de los partidos en los años ochenta, pero esta vez es más explícito y directo.

Según Tanaka, la crisis comenzó cuando Barrantes se olvidó de hacer su chamba: es decir, gobernar Lima e ir a las bases de IU. Y si a ello se suma la crisis de radicalización en Izquierda Unida, que no se supo manejar bien, el liderazgo dentro de la izquierda por parte del ex alcalde de Lima estaba perdido en 1988, aproximadamente.

Y ello, a mi modo de ver, explica, en parte, porque nuestro país no tiene una socialdemocracia consolidada, sino un partido supuestamente socialdemócrata (el APRA) convertido en la locomotora del conservadurismo más ramplón y a los posibles iniciadores de un nuevo esfuerzo similar (Fuerza Social) empezando prácticamente desde cero.

Sin duda, Barrantes sigue siendo un personaje fundamental en la política peruana. Pero, tal como José Ignacio López Soria lo plantea sobre Mariátegui en un reciente libro, es necesario darle un entierro decoroso. Así como se debe plantear la discusión sobre el Estado - Nación en términos de un contexto dominado por la globalización - sin dejar de lado lo dicho en los años veinte, pero ya no tomándolo como referente central -, lo mismo debiera ocurrir en quienes piensan construir una aventura socialdemócrata o quienes pretenden analizarla.

Por ello, luego de leer este articulo, las preguntas que hace un tiempo me hice siguen quedando abiertas: ¿de verdad se sigue necesitando un caudillo para levantar a la izquierda? ¿No es necesario un mayor trabajo de base, además de contar con los cuadros técnicos que ya se tienen? ¿De qué tipo de izquierda se puede hablar en el siglo XXI?

El debate está abierto.

MAS SOBRE EL TEMA:
Roberto Bustamante: La izquierda en debate

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En medio de las celebraciones navideñas, se ha producido el segundo cambio en la presidencia de TV Perú en lo que va de este gobierno. El nuevo presidente del canal de todos los peruanos es Carlos Manrique Negrón, hasta hace pocos días director de El Peruano y con vínculos con la familia Agois, propietaria de Correo y Ojo.

Desde inicios de este gobierno, el manejo de TV Perú tuvo visos de copamiento partidario. La gestión de María del Pilar Tello llego incluso a los extremos de sacar a una narradora de noticias por decir que no aceptaría trabajar en un “canal sobón”. Luego de ese affaire, Tello salió del canal y la reemplazó el publicista aprista Alfonso Salcedo.

Con Salcedo la cosa no mejoró. Por el contrario, fueron cada vez más evidentes los intentos de copar el canal del Estado con la mayor cantidad de actividades presidenciales posibles, incluso aquellas que tenían solo la importancia de ser las vinculadas con los amigos de Alan. En lo que fue casi un manifiesto, Salcedo declaró a La República que:

Esa producción tiene que estar subordinada a los más grandes intereses del país, como es lo que habla el Presidente de la República Alan García.

En Alfonso Ugarte, ese pensamiento es común. Hasta el hijo del Ministro de Salud Garrido Lecca se mandó una columna en Correo - curioso, diario vinculado al nuevo presidente de TV Perú - en el que decía que había que difundir lo “verdaderamente importante”, léase, las actividades presidenciales.

Pero como cereza sobre el pastel, Salcedo se mandó con otra de sus brillantes ideas. Decidió no pasar el juicio a Fujimori en canal 7. ¿Sus razones?

Yo soy el responsable. A mí nadie me ordenó que no se emitiera. Preferí que no se haga porque solo complacería a quienes, con morbo querían ver tal gesto de Fujimori. Hay noticias más importantes que el país debió ver a esa hora.

Es decir, Salcedo prefiere pasar hasta las inauguraciones de ollas de Alan, antes que el proceso judicial más importante de la historia peruana. El sentido de la noticia por parte del ahora ex presidente de la señal televisiva estatal reprobaría cualquier examen elemental de comunicación social.

Este tema refleja una problemática mayor. El gobierno ha definido claramente que no quiere un régimen de televisión pública para Tv Perú, sino que prefiere tener un canal al servicio del gobierno y de las actividades presidenciales. Ello explica la denuncia de Fernando Vivas de hace unas semanas sobre la demora en la elaboración de la ley de radiodifusión estatal, encargada al ex congresista aprista José Luis Delgado. Peor aún, su parrilla cultural ha sufrido cierto retroceso en su impulso, lo que hace que se añoren - con todo y defectos - a la gestión que Eduardo Bruce emprendió hace algunos años en el canal del Estado.

Por cierto, ya que tanto idolatramos al modelo chileno: ¿por qué no vemos que es lo que hacen con su televisora estatal y su manejo pulcro y separado de la política partidaria? En lugar de pensar en privatizaciones o en seguir partidarizando el canal del Estado, tal vez sea hora de exigir al gobierno que tengamos una televisión pública, de una vez por todas.

Supeditar la programación del canal del Estado, cuya función es brindar una pluralidad informativa, programación cultural y entretenimiento de calidad, a los caprichos de los ayayeros presidenciales sigue siendo uno de los principales errores de este gobierno. Pensar que el uso descarado de los medios de comunicación logrará mayores réditos es seguir ignorando que el país votó en contra de los medios en 1990 y 2000 (y, en menor medida, en 2006).

Mientras tanto, saltemonos el 7 a la hora de ver noticias.

MAS SOBRE EL TEMA:
Juan Paredes Castro: ¿Donde radica el problema del canal 7?

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