Archivo de 5 Diciembre 2007

Es un juego simple el de ser soldado:
ellos siempre insultan, yo siempre callado.
Descansé muy poco y me puse malo,
las estupideces empiezan temprano.
(Sui Generis, Botas Locas)

Se supone que la educación civica es aquella materia colegial en la que deberían darnos los conocimientos necesarios para ser mejores ciudadanos. Ello implica que cualquier profesional de la educación - competente, of course - pueda brindar este tipo de herramientas, dado que, además, también es ciudadano.

Sin embargo, parece que en las obtusas mentes de varias de nuestras autoridades, se sigue creyendo que los valores cívicos son patrimonio casi absoluto de las Fuerzas Armadas.

Otra cosa no se puede decir luego de ver que Manuel Masías ha señalado que oficiales y suboficiales del Ejército dictarán el curso de Educación Cívica en Miraflores, el distrito que dirige desde hace casi un año.

Aunque con justa razón La Columna de Tobi se pregunta si es que no estamos ante otro de los conservadurismos de un alcalde peleado con la comunidad gay y con la diversión juvenil, esto es el pretexto para ver otro de los signos de nuestra cultura política: la absoluta reverencia a las Fuerzas Armadas.

Todos sabemos que las Fuerzas Armadas cumplen una función importante, que es la de preservar la seguridad nacional. Sin embargo, nuestra debilidad institucional, que en muchos momentos ha hecho que los políticos civiles acudan a los cuarteles para buscar soluciones a los problemas que no pueden resolver. Y esa misma debilidad institucional le ha dado un peso de poder fáctico a los militares, quienes son vistos (y se ven a su vez) como los únicos garantes de la peruanidad, dado que reciben una formación distinta a la de los civiles.

Este desencuentro se enfatiza en la educación. Por ejemplo, cuando se nos dice que estamos ante “instituciones tutelares de la Patria” y somos adultos que no merecemos ninguna tutela y, más bien, necesitamos tener mayores elementos para tomar nuestras decisiones. O cuando a los militares se les mete el rollo de que son quienes aman más a su patria, en desmedro de la gente de a pie.

Este tipo de rollo se patentiza en medidas tales como la imposición de los desfiles escolares a paso de ganso - felizmente abolida este año -, los llamados congresales para volver a poner Instrucción Pre Militar y el Servicio Militar Obligatorio y, claro está, la negación de las violaciones de los derechos humanos cometidas durante el conflicto interno.

Pero además de estar imbuido en este rollo, Masías comete otro error grosero: olvidarse que la municipalización de la educación no implica desviarse de las políticas nacionales. Aunque a Chang se le olvide, el Ministerio de Educación tiene tres documentos que plantean la política nacional de educación ético política: el Diseño curricular nacional de educación básica regular, el Diseño curricular básico de educación secundaria, y la Propuesta de formación ética del Programa Nacional de Emergencia Educativa. Como se imaginarán, en ninguno de estos documentos se señala que la Educación Civica es patrimonio castrense. Menudo error del alcalde miraflorino en no compatibilizar sus ideas con la política nacional.

Hechos como estos hacen que sea necesario repensar el tipo de relaciones culturales que tenemos civiles y militares. Eso pasa por un cambio en la formación - que incluye la currícula oculta - y por entender que, al fin y al cabo, todos somos ciudadanos, ni más ni menos que otras. Pero medidas como estas siguen haciendo pensar que, a despecho de lo que dijo un desatinado vicepresidente, los militares son ciudadanos de primera categoría en el Perú.

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El último viernes, Fernando Vivas se despachó con una interesante columna sobre los intentos de reflotamiento de RBC Televisión. Intentos que su propietario, Ricardo Belmont Casinelli, inició con el diario Expreso, pero que culminaron luego de las abruptas cancelaciones de los programas de Beto Ortiz - hoy de nuevo en el aire - y Juan Carlos Tafur.

Ahora estos intentos tienen un intenso sabor a reciclaje y de tinte naranja.

Aunque no lo menciona Vivas, el primer reciclado es el veterano periodista Guillermo Thorndike, jefe de prensa del canal desde hace mes y medio y viejo conocido de Belmont, a quien asesoró en su campaña electoral de 1995.

La sinuosa trayectoria de este periodista hasta 1990 fue brillantemente descrita por Mario Vargas Llosa (El Pez en el Agua, capítulo XIV: El Intelectual Barato). la que comprendió, entre otras perlas, la creación de un diario para levantar la candidatura de Fujimori, financiado por Alan García.

Luego de ello, Thorndike escribió un apologético a la fuga de 48 presos del MRTA y se convirtió en un fujimorista militante: fue director de prensa de Frecuencia Latina en la era Winter y director de La Razón. Ultimamente, era el editor de Martín, la revista de literatura de la Universidad del Ministro de Educación.

Volviendo a la columna de Vivas, el dato más sabroso que suelta está en el último párrafo:

Tras el incidente con Juan Carlos Tafur, acaba de terminar una aventura con el diario “Expreso” y ahora empieza otra con Luis Alfonso Morey en la gerencia general. A este se lo recuerda en CCN de empeñoso fujimorista, con un libro sobre el ‘Chino’ en su haber, pero ahora está concentrado en proyectos de TV y cuenta con la ayuda de Miguel del Castillo, dinámico hijo del primer ministro.

Hay un dato sobre Morey que debería llamarnos más la atención. Agenciaperú, La República y Caretas informaron en su momento que el nuevo gerente de RBC era uno de los socios de Canal Azul SAC, una señal fujimorista cuyos otros socios eran Vicente Silva Checa - ex propietario de CCN - y Enrique Mendoza del Solar, el padre de la actual vicepresidente Lourdes Mendoza, a la que el papá del amigo de Morey le pagaba asesores indebidamente.

Curiosamente, como apunta Vivas:

(Belmont) Acabó sin sillón y sin canal, pues lo alquiló a un grupo religioso en 1996 hasta que en 1999 encontró a gente con ganas de hacer TV: Domingo Palermo, quien tenía emisoras en el norte, y Enrique Mendoza (padre de la actual vicepresidenta, Lourdes Mendoza), quien tenía una cadena en el sur.

La pregunta es: ¿por qué Belmont dejó su fujimorismo rabioso de 1995 para aconchavarse con dos personajes bastante cercanos a la dictadura y, a la vez, al gobierno? Pues quizás sea por la misma razón por que la que se acercó a Fernando Olivera, Alejandro Toledo y Valentín Paniagua: la inestabilidad de su canal. Inestabilidad marcada por el juicio de miles de rbcistas que hasta ahora no ven ni un centavo de utilidades del canal del que también son socios.

Ojo que los gobiernos saben aprovechar este tipo de debilidades de los medios de comunicación para hacer sus presiones. Fujimori y Montesinos lo sabían. Y, como olvidarlo, nuestro actual presidente nos dijo que en política no había que ser ingenuo.

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