Archivo de 28 Octubre 2007

Nunca termino de entender porque le prestamos tan poca atención a nuestra ciudad. Al fin y al cabo es aquí donde vivimos, crecemos, nos amargamos, lloramos, reimos, amamos y pasamos la mayor parte del tiempo. Quizás sea el hecho de haber vivido 11 años en el Centro de Lima y que después las mudanzas me hayan trasladado del oeste al este de la ciudad (y del eje La Marina - Javier Prado), pero no se porque razón miro desde el tercer piso la ciudad con otros ojos. No la gris del cielo panza de burro, sino mi verdadera casa, claro, con color de cielo generalmente más cercano al uniforme escolar que nos legó Velasco.

Y quizás sea por eso que rabie por el hecho de que la ciudad esté en piloto automático.

Como sabrán, no voté por Luis Castañeda Lossio en las últimas elecciones municipales. Tampoco lo hice el 2002, por razones que no viene al caso comentar. Pero si no marqué el símbolo de ¿Unidad? Nacional el año pasado fue porque no sentía que la ciudad tuviera un norte claro.

Si, es cierto, el alcalde mudo ha puesto cemento por toda la capital, ha construido escaleras, está haciendo la Estación Central y ha hecho la Vía Expresa de Grau. Sí, el alcalde ha puesto hospitales por todos lados y organiza un Festival de Lima para que la gente se entretenga en octubre.

Pero quizás sea por su mudez que no termino de entender algunas cosas. Como la inexistencia de un nuevo Plan para una ciudad que a la vez es región - el último se hizo en la época de Orrego y Barrantes, cuando este blogger estaba en edad de pediatría -, o que continue la Costa Verde tan contaminada como siempre, o que añore el día del censo por el insoportable tránsito de una ciudad poco ordenada en ese aspecto, o que el señor no diga (o haga) nada sobre seguridad ciudadana (y a eso súmenle que no tenemos Ministro del Interior, el que está en Corpac lo es entre comillas) o que la cultura sea una prioridad al final de las bolsas de cemento.

No, no es solo la mudez. Es el hecho de saber que no da explicaciones por nada. Como las piletas en las que gastó 13 millones de dólares, o el ninguneo a los Regidores Metropolitanos o a sus pares alcaldes a los que nunca ha convocado a una Asamblea Metropolitana en 5 años. O saber que su amigo Walter Menchola aprovechaba las camionetas de EMAPE para uso de su pareja sentimental. Y sobre todo eso, un mutis que sería la envidia de Bernardo, el fiel ayudante del Zorro.

Porque nuestro alcalde solo puede ser entrevistado cuando anuncia más cemento o cuando se reune con su nuevo amigo el Presidente de la República. Cuando las papas queman, tiene que ser su eterno escudero, Marco Parra, quien tenga que responder a todos los cuestionamientos porque al señor no quiere quemar su imagen, su alta popularidad y su posible candidatura al 2011.

Una autoridad pública tiene que entender que está ante el escrutinio público. Hasta el Presidente de la República, que tiene sus grandes raptos de intolerancia con la prensa, lo entiende así y al menos responde a algunas preguntas incómodas. Sin embargo, el alcalde ausente no responde a nada. Dice que sus obras hablarán por él.

Pero son sus silencios y sus omisiones más elocuentes que cualquier otra cosa que diga. Y mientras tanto, en medio de la indiferencia general, la vieja Ciudad de los Reyes espera un alcalde con visión de futuro y vecinos más preocupados porque así sea. Quizás ese día veamos, en medio de nuestro tradicional cielo de color asfalto, alguna luz que ilumine el camino a casa.

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