Archivo de 25 Octubre 2007

En 42 días dejaré las aulas universitarias. La PUCP - que se ha convertido en mi segunda casa - me ha dado experiencias buenas y no tan buenas, la oportunidad de contar con una formación que va más allá de lo estrictamente profesional y, por supuesto, de conocer a mucha gente muy valiosa.

Anoche, conversando con alguien a quien siempre agradeceré a la vida y a mi segunda casa haberla conocido, me hizo recordar que mi querida PUCP sigue en peligro.

Esta semana, los dos diarios favoritos del Cardenal y Primado del Perú - Expreso y Correo - informaron sobre la demanda de amparo que la Universidad interpuso frente al representante de Cipriani ante la Junta Administradora de los bienes de Riva Agüero: la demanda habría sido declarada improcedente en primera instancia.

Como dice el Comunicado que la PUCP nos dio a conocer el martes último, resulta bastante extraño que los dos diarios más requeridos del Arzobispado hayan tenido noticia de esto antes que las partes.

¿Y que implica la improcedencia de la demanda? Pues no es un pronunciamiento sobre el fondo del asunto, que tiene que ver con las cláusulas del testamento de Riva Agüero - a pesar de lo que diga cierto abogado cuyos pronósticos sobre la extradición fueron totalmente errados y sesgados -, sino que implicaría - y utilizo el condicional pues hasta ahora no tengo acceso a la sentencia - una de dos cosas: una declaración de carácter formal sobre algún requisito de la demanda o que el juez consideró que el tema no se debe ventilar en un proceso de defensa de derechos fundamentales, sino que hay otras vías judiciales que considera como más adecuadas para ello.

La pelea sin duda, será de largo aliento. La PUCP ya señaló que apelará el fallo y, de ser posible, llegará hasta el Tribunal Constitucional. Y ese es el cauce en donde deberá manejarse, prioritariamente, este tema.

Sin embargo, el terreno de la opinión pública también es importante. Y por ello es que reafirmo lo que dije en su momento. El testamento de Riva Agüero da la razón a la PUCP sobre la propiedad y no dice nada sobre la orientación ideológica de la Universidad. Y este es un tema que va más allá de la propiedad o el manejo de los bienes de la Católica. Tiene que ver con como concebimos una universidad confesional, que en este caso se ha manejado como Universidad antes como producto de una confesión, basándose en la libertad que, además, no es incompatible con el catolicismo. No es solo un tema de libertad, sino también de libertades.

A pesar que la Católica también tiene sus problemas, por mi parte, seguiré defendiendo a mi Universidad, pues seguirá siendo la casa en donde me formé y donde he vivido varios de los años más intensos de mi aun corta vida. Como dijo Jorge Bruce: “Si se meten con nuestra mamá, nos van a encontrar a todos al frente”.

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