Archivo de 12 Octubre 2007

La semana pasada, dos hechos sintómaticos me hicieron pensar que algunas agrupaciones políticas ya vienen pensando en los preparativos hacia las elecciones de 2006. La gira Toledo 2007 (con cortina de humo incluida) y los intentos de Unidad Nacional por ampliar su plataforma - ahora que saben que no cuentan con Castañeda - van comenzando a delinear las primeras movidas hacia el 2011. A ellos se suma el aun silencioso esfuerzo del PDS por juntarse con partidos regionales.

Pero, más allá de estas primeras escaramuzas electorales, bien valdría la pena preguntarse por cuáles son las reglas que van a regir los procesos electorales para el 2011, cuestión que es tan o más importante como quienes serán los actores que se presentarán a la elección. Aunque estas reglas no tienen incidencia directa en la calidad de quienes se presenten, pueden ayudarnos a elevar la calidad del voto.

Un primer tema - propuesto desde las canteras liberales - es la instauración del voto voluntario, sobre el cual tengo mis simpatías. Los argumentos a favor de adoptar esta forma de elección se centran en el carácter del ejercicio del sufragio como un derecho, así como la posibilidad de reducir las opciones populistas y estimular la difusión de programas (lo que debe complementarse con una mayor educación ciudadana). Como aspectos en contra, se señala que los partidos más organizados serían los únicos ganadores - ¿y eso no sería mejor para el país? - y que la legitimidad de un elegido con poco porcentaje de votos sería muy baja. Sobre este último argumento debo decir que la legitimidad puede ser mayor en el caso del voto voluntario, dado que quienes eligen son quienes realmente quieren participar en política.

Un segundo punto tiene que ver con la elección presidencial. Fernando Tuesta ha planteado la eliminación de la segunda vuelta electoral, dado que la legitimidad que se tendría es artificial. La pregunta que subyace al planteamiento de Tuesta y que me genera aun mis dudas sobre esta propuesta es: ¿con qué mayoría se elige al Presidente de la República?

En lo que respecta a la elección del Congreso, hace algún tiempo di algunas propuestas sobre la materia, en el marco de una vuelta al sistema bicameral: tener la elección parlamentaria en fecha distinta a la de las elecciones, eliminar el voto preferencial, incrementar el número de parlamentarios en la Cámara Baja sobre la base de distritos electorales más pequeños y renovar el Congreso por tercios y mitades. A ello se suma la implementación de la valla electoral de 5% para las próximas elecciones.

Para que esto funcione, también es necesario hacer algunos ajustes a la Ley de Partidos Políticos. Y aquí si concuerdo con Fernando Tuesta: garantizar la realización de elecciones internas y democráticas para la elección de candidatos y sancionar a los partidos que no presentan información de gastos de campaña. A ello, yo sumaría la veda de inscripción de partidos en el año anterior a las elecciones, a fin de limitar la posibilidad de candidaturas improvisadas o de una sábana electoral como la del 2006. Y claro, ya en el aspecto extrajurídico, mejorar la capacidad de fiscalización y sanción frente al incumplimiento de los requisitos de la Ley de Partidos para considerar a estas agrupaciones como tales. Además, a pesar de lo que algunos digan, sí es importante contar con financiamiento público para los partidos.

Finalmente, debe resolverse de una vez por todas el añejo lío entre el Jurado Nacional de Elecciones y la ONPE, apostando por una separación clara de funciones y una convivencia sana entre ambas instituciones.

Como lo decía al inicio, un buen sistema de elección no garantiza por sí solo la calidad de la elección, pero vaya que ayuda. Lo cierto es que esto no funcionará si es que no hay una eficiente educación ciudadana. Y de ello aún nos falta mucho por hacer.

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Ah, la austeridad. Palabra tan mentada cuando se trata de echar la culpa al gobierno anterior, seguir ajustando los sueldos o no incrementar los gastos de una actividad que merece hacerse pero que no es prioritaria para el gobierno.

Hace solo unos días el congresista aprista Javier Velásquez Quesquén presentó un libro sobre los gastos excesivos en que habría incurrido Alejandro Toledo en Palacio de Gobierno. Sin duda, es un hecho a investigar, dado que muchas cosas de lo que señala pueden ser muy ciertas.

Sin embargo, cabría que el congresista vea también lo que pasa en su propio gobierno. Ya esta semana registramos el nuevo contrato para la oficina del Primer Vicepresidente, que no existe ni en teoría ni en práctica, y ahora viene una perla del mismo sector que autorizó dicha contratación: la Presidencia del Consejo de Ministros.

Basta ver el Procedimiento de Menor Cuantía Nº 155-2007/PCM, destinado a reparar parcialmente el piso de la Sala de Reuniones Javier Pérez de Cuellar de la PCM, de madera Pino Obregón.

¿Era imprescindible esta obra? A menos que el piso de esa sala - que es donde se celebran las conferencias de prensa de PCM que vemos en la televisión - esté en ruinas, no lo creo.

El ganador fue el único postor: Víctor Bautista Añamuro. El monto que le pagaron a este dirigente vecinal: S/. 11,790.00. El contrato está en ejecución y el monto ya fue pagado.

Vuelvo a preguntarme, a menos que el piso de esa sala esté realmente muy mal, ¿era prioritario este gasto?

Otra más que nuestro apreciado Presidente del Consejo de Ministros deberá contarnos. Aun sigo esperando la explicación por lo de Giampietri.

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