Archivo de 4 Octubre 2007

Guido Lombardi debe ser de las personas más lúcidas que hay en el Congreso. Y quizás por eso no sale a hablar tanto como algunos quisiéramos, pero esta semana ha tenido dos exocets dirigidos a su propia agrupación política.

Hace unos días, el ex hombre de prensa ha criticado la ausencia de Lourdes Flores del debate público. Y hoy ha hablado abiertamente de romper Unidad Nacional, ya que Solidaridad Nacional, el partido de nuestro fantasmal alcalde de Lima, no votará a favor de la censura a Alva Castro (actitud que se resume en: Castañeda quiere ser presidente, no quiere roches con Alan).

Particularmente, creo que es un buen momento para pensar en lo que van a hacer Unidad Nacional y sus agrupaciones integrantes en el futuro. Y es que aun no han podido definir que es lo que quieren hacer con miras al año 2011 o como agrupación parlamentaria. ¿Quieren ser oposición? ¿Qué tipo de oposición? ¿A qué segmento político se van a dirigir en adelante?

Y creo que la primera que no es consciente de estas preguntas es la propia Lourdes Flores Nano. Refugiada en sus labores rectorales en la USIL, ha dejado de ser la política valiosa que fue alguna vez: ¿Qué ha dicho Lourdes sobre las perturbaciones económicas, la extradición de Fujimori o los problemas en el Ministerio del Interior, por solo citar algunos de los problemas importantes del mes?

Más que pensar en cambios de nombre, Unidad Nacional y el PPC debieran pensar en lo que Lombardi ha expresado en estos días. Y definir su futuro de una buena vez.

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No se porque en el Perú no termina de cuajar una buena página de noticias internacionales. Quizás la de El Comercio sea la que más se acerque al ideal - de hecho, cuenta con quien es nuestro mejor analista, Farid Kahhat - pero el resto de diarios (incluyendo a mi favorito, Perú.21) no terminan de dar la debida importancia a lo que ocurre en el resto del planeta. Y en los blogs - mea culpa - tampoco tenemos hasta ahora un buen espacio de noticias y ánalisis internacional. Por ello es que, cuando tengo que ver algo del orbe, acudo a los medios extranjeros.

Y quizás sea por eso que para muchos sea desconocido lo que viene pasando en Birmania, una república de Asia donde los ojos de todos los medios internacionales vienen concentrando desde hace semanas su atención.

La historia más o menos es la siguiente. Desde 1962, Birmania es gobernada por militares, pero de distinto signo. Entre las décadas de 1960 y 1980, el signo del país era claramente socialista: nacionalizaciones de actividades económicas, aislamiento internacional y la creación de un régimen de partido único (el Partido Birmano del Programa Socialista). En 1988, la crisis económica causada por la devaluación de la moneda y los reclamos por democratizar el país condujeron a la aparíción de la Liga Nacional por la Democracia y a una serie de protestas estudiantiles, protestas que se agudizaron el 8 de agosto de 1988 y que culminaron en una violenta represión que costó la vida de 3,000 personas, según los cálculos más confiables.

Luego de un golpe interno en las Fuerzas Armadas, se convocan a elecciones parlamentarias en 1990, que son ganadas por la Liga Nacional por la Democracia, liderada por Aung San Suu Kyi. Sin embargo, la dictadura desconoció los resultados, encarceló a la líder opositora - cuya lucha la ha hecho merecedora al Premio Nobel de la Paz y a varias entradas y salidas de prisión o arresto domiciliario - y la represión continúa.

¿Qué es lo que ha pasado en estos últimas semanas? Pues que el gobierno aumentó el precio de la gasolina y eso aumentó los precios de todos los productos de primera necesidad. Esto desató las protestas que, esta vez, han sido encabezadas por los monjes tibetanos, quienes gozan de gran prestigio en la sociedad birmana. El régimen se encuentra desacreditado y, además, con sanciones internacionales por doquier. La represión ya ha cobrado víctimas - incluso periodistas internacionales - y miles de detenidos.

Una situación que me recuerda que todas las dictaduras acaban mal.

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