Archivo de 1 Octubre 2007


Han pasado casi desapercibidas, en medio del carnaval Fujimori, dos noticias que pueden afectar profundamente al sistema de justicia.

La primera, comentada en El Utero de Marita, es el nombramiento de Rolando Souza - cuyo estudio de abogados defiende al reo Fujimori - como encargado central de la reforma del Código Penal.

El “inteligente” que se encargó de la propuesta es nada menos que Javier Velásquez Quesquén, conspicuo parlamentario aprista y Presidente de la Comisión de Constitución. Y yo que pensé que el desastre de Aurelio Pastor en ese mismo cargo era peor. Aun hay oportunidad para enmendar en el Pleno semejante horror.

Y sería un horror por lo siguiente. A Fujimori - como a Abimael Guzmán - se le procesará con la ley penal vigente al momento de su captura. Sin embargo, de acuerdo a la Constitución, cualquier modificación penal que lo beneficie - léase, baja de pena - puede ser aplicada de inmediato a su favor. ¿No les bastó con tener a Souza como presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores en pleno proceso de extradición? No aprenden.

El segundo caso tiene que ver con la Corte Superior de Lima que podríamos calificar de “paso de guatemala a guatepeor”. Veamos la historia:

a) Angel Romero fue elegido como Presidente de la Corte Superior a fines del año pasado. Fue destituido de su cargo por haberse ido en contra de un precedente obligatorio del Tribunal Constitucional. El Consejo Nacional de la Magistratura definiría si seguirá como juez en este mes.

b) Romero fue reemplazado en su cargo por el juez Jovino Cabanillas. Este magistrado ya tenía serios problemas por no denunciar una extorsión hecha por su asistenta judicial. Asimismo, había votado por la excarcelación de Mantilla y por pasar el juicio de Dionisio Romero a una “sala light”. Ahora afronta un proceso por acoso sexual donde la denunciante ha decidido dar la cara, razón por la que Cabanillas ha sido suspendido de su cargo. Para complicar más las cosas, anoche dejó plantada una entrevista por estar incómodo con las preguntas hechas.

c) Otto Egúsquiza quiere reemplazar a Cabanillas. De hecho, hizo presión para que saliera una resolución al caballazo nombrándolo como Presidente de la Corte Superior, que tuvo que ser enmendada por la Corte Suprema. Egúsquiza ha tenido procesos disciplinarios, fue destituido, pero volvió por un amparo al PJ. Ah, y como abogado defendió la reelección de Fujimori en el 2000 ante el Jurado Nacional de Elecciones.

d) Finalmente, César Vega Vega también está voceado para reemplazar a Cabanillas. Sin embargo, tiene varias cosas que aclarar. Por ejemplo, le alquiló a Angel Romero su casa, cuando este personaje era personero aprista y abogado de Luis Duthurburu, uno de los testaferros de Montesinos. También votó a favor de declarar como cosa juzgada el caso de la falsificación de firmas de Perú 2000. Y absolvió a los asesinos del periodista Antonio de la Torre. Y además, fue socio de Alan García en el mismo estudio de abogados.

Uno ahora entiende porque la administración de justicia en el país es la última rueda del coche. Todos quieren manipularla a su antojo.

ACTUALIZACIÓN (08.25 PM)
Perú.21 informa que César Vega Vega es el nuevo Presidente de la Corte Superior de Lima. Realmente, de mal en peor.

UNA PERLA MAS DEL ARCHIVO: A fines del año pasado, Marco Sifuentes recogió que Vega Vega fue uno de los jueces que firmó la prescripción de Mantilla por el caso de las cuentas en Estados Unidos.

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Este fin de semana que estuve fuera de circulación por motivos personales tuve oportunidad de ver con mayor detenimiento algunas cosas que se han escrito sobre el monumento El Ojo que Llora y el significado de los memoriales en el Perú.

Por un lado, Martín Tanaka y Manuel Enrique García han insistido en un punto que viene siendo recurrente en sus últimos posts: la necesidad de ampliar la base de apoyo a los derechos humanos y la necesidad de cambiar los métodos de acción de las organizaciones que respaldan la protección y vigencia de los derechos fundamentales, a fin que: 1) su labor no se perciba - injustamente - como sesgada y 2) convocar a personas que salgan del círculo “progres - liberales consecuentes” en los que parece moverse el tema. Jesús Cossio - caricaturísta de El Otorongo - en el blog El Otro Tambor - un espacio representativo de lo progre - ha respondido señalando que, en efecto, es necesario “crear discursos y narraciones que permitan –sobre todo a los jóvenes- acercarse a los hechos del conflicto con familiaridad (usando cómics, charlas informales, documentales)“.

Si personas cercanas a los derechos humanos vienen indicando estas señales, va siendo hora de que se tomen recibo en dichas organizaciones y comiencen a trabajar en un plan de acción para que los mensajes de la Comisión de la Verdad y Reconciliación no se pierdan.

Por otro lado, Rosa María Palacios escribíó un artículo en Perú.21 sonre El Ojo que Llora y las percepciones sobre derechos humanos que realmente me tocó. Aunque yo matizaría en algo su percepción sobre liberales y partidos de izquierda, el último párrafo de su columna es quizás sintomático del debate de estos días:

Esta confrontación (¿quién es el violador?) no está resuelta en el Perú de hoy. Todos los esfuerzos de la CVR por conciliar estas visiones y hacerlas coexistir se estrellan con la intolerancia de ambos lados que se resisten a reconocer, juntas, todas las muertes injustas y horrendas. Por ello, un monumento como ‘El ojo que llora’ resulta tan irritante para los extremistas. Pretender hacer una síntesis, en un solo lugar, de todas las muertes, de todas las lágrimas, de todos los pedidos de justicia y verdad, es una noble aspiración insoportable para un fanático irracional.

Y eso es lo que nos pasa en el Perú. Sendero fue tan vesánico en su forma de actuar, tan poco interesado en los derechos de los peruanos - a los que veía únicamente como “masa revolucionaria” -, tan brutal en sus formas de hablar y de matar que generó un miedo tal en la población que muchos aceptaron que la respuesta del Estado no respetara los derechos de las personas. Y desde el otro lado, al verse una respuesta que en algunos lugares y momentos fuera sistemática y generalizada hizo que algunos olvidaran que el Estado tenía el perfecto derecho de defenderse de la mayor amenaza que tuvo la democracia peruana en toda su historia.

En realidad, hasta el día de hoy no aceptamos que toda muerte violenta es injusta y no tiene justificación. Como sociedad, no hemos aprendido que los seres humanos no son “costos por la pacificación” o “ríos de sangre para la revolución”. O que la dignidad del ser humano es algo tan valioso que no puede canjearse por otra cosa. No hemos aprendido como sociedad que es lo que ha hecho que el Perú pariera a Sendero y a Fujimori. Quizás ahora tengamos la oportunidad de hacerlo. ¿Nos animaremos?

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