Archivo de 26 Setiembre 2007

Vaya que ha causado impacto nuestro post de hoy sobre la defensa que hacía el Cardenal Juan Luis Cipriani del proceso electoral del 2000, que explica porque hoy reclama que no se haga tantas olas con el juicio a Fujimori.

Muchas veces los lectores son los principales colaboradores de este blog. El primer plato de hoy lo puse yo. El siguiente, es cortesía de un habitual lector de DTP, quien me ha enviado esta nota de Expreso, correspondiente al sábado 12 de febrero de 2000. Otra más donde el Arzobispo de Lima avala el fraudulento proceso electoral.

Una evidencia de que esto no fue una declaración aislada, sino parte de una concordancia con el régimen más corrupto de la historia peruana.

Mañana: una historia de porque se puede afirmar que hubo fraude en el 2000. ¡No se lo pierda!

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O porque Juan Luis Cipriani habla de “no polarizar” el país

El fin de semana, luego de la llegada del hoy presidiario Alberto Fujimori, el Cardenal Juan Luis Cipriani se mandó con unas declaraciones que nos hicieron recordar su cercanía con el huesped del Fundo Barbadillo. Habló de un “país polarizado y dividido” o a “dejar de lado los odios y las venganzas”. Más que un pastor de almas, Monseñor parecía César Nagasaki.

Pero quizás, más que a Fujimori, el prelado procuraba defender algo más: la amnesia de los peruanos sobre su trayectoria.

Un episodio poco conocido de la trayectoria del Arzobispo de Lima tiene que ver con el proceso electoral del 2000. Ya saben, el más inmundo desde 1950, cuando Odría se hizo elegir como candidato único. Las firmas falsas de Perú 2000, el cierre de los medios de comunicación a la oposición, el uso de recursos del Estado, el uso de cabinas de Internet para modificar los resultados de la primera vuelta, etc. Todo esto había sido denunciado por los candidatos de la oposición y puesto en evidencia por organizaciones no gubernamentales que vinieron como observadoras a este proceso. Cabe destacar la labor que cumplieron el National Democratic Institute y The Carter Center, a las que claro, los seguidores del Chino les decían de todo.

Claro, eso podía esperarse de Francisco Tudela, Fernando de Trazegnies o Martha Chávez, pero, ¿de un prelado de la Iglesia Católica? Ver para creer, como diría Santo Tomás.

Esta nota hecha a Cipriani corresponde a la edición del sábado 18 de marzo de 2000, en Expreso, controlado en ese entonces por Eduardo Calmell del Solar y alquilado por Montesinos. Entre las cosas que dice el Cardenal, estas son las frases más resaltantes:

“Esas ONG, que están a punto de perder la credibilidad, vienen a fabricar un carnaval”.
“Todo hombre, también los obispos, tiene amor a su patria. Yo, con la soberanía de mi patria y como peruano, le pido a Estados Unidos sus inversiones y su dinero, pero no estoy de acuerdo que esas instituciones - no el gobierno norteamericano - pretendan marcar un ritmo de vida e imponérselo al resto del mundo”
.

Cabe recordar que, por esa misma época, Fernando de Trazegnies, canciller de la dictadura, hablaba del relativismo cultural como justificación para los atentados contra la democracia y los derechos humanos cometidos por el fujimorato. Palabras más o menos que las proferidas por el Cardenal.

Pero Cipriani no solo coincidía con de Trazegnies. Días más tarde, alguien iría un poco más allá:

El mismísimo Chino, según registraba Expreso el lunes 3 de abril de 2000, decía que “Organismos no gubernamentales vienen del exterior para coordinar con organismos peruanos y luego pretenden decir que el proceso electoral es fraudulento”.

6 días más tarde, empezaba la última parte de la resistencia.

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