Archivo de 25 Setiembre 2007

Hasta hace algunas horas, el común de los peruanos podría afirmar que el fujimorismo y el APRA estarían en curso de colisión durante las próximas semanas. Luego de que Alan llamara “enemigo político caido” al Chino y aclarara que las condiciones carcelarias no dependen de él, sino del Poder Judicial y del INPE, su “heredera” dijo que a su padre el gobierno lo estaba matando de a pocos con el régimen carcelario.

(Dicho sea de paso, la celda de Fujimori es más grande que mi cuarto y el patio que tiene es más grande que el de mi Tercer Piso)

A este clima de cierta confrontación se sumaban los insistentes rumores de que el fujimorismo apoyará la censura a Alva Castro y los ataques al Ministro de Economía en el diario de la mafia, con lo que muchos se aventuraron a decir que todo vínculo entre gobierno y partidarios del presidiario estaba roto.

Sin embargo, hoy ambas partes han enfriado las aguas. Alan ha dicho que se cumple la ley y que, en todo caso, se pueden mejorar las condiciones de carcelería de Fujimori (¿cómo, mandandolo al Swissotel?) y Santiago Fujimori ha mencionado que seguirán trabajando de la misma manera en el Congreso, es decir, apoyando al gobierno.

¿Esquizofrenia? No del todo. Las razones son más lógicas como apunta Martín Tanaka:
El problema con estas miradas es que parten de un supuesto débil: que el Apra y el fujimorismo tienen intereses divergentes, y que sus coincidencias solo pueden ser fruto de una transacción. Así, si uno no cumple, el otro se va a molestar, por lo que hay que buscar nuevos aliados. Yo encuentro más razonable partir de que las coincidencias son resultado de que comparten un mismo modelo de gobernabilidad conservadora, ciertas visiones del país y ciertos reflejos políticos; en cuanto a sus intereses inmediatos, a veces convergen, a veces no.

Y eso es lo que viene ocurriendo. El fujimorismo presiona al jefe del INPE y puede ser capaz de censurar a Alva Castro, pero no dejará de votar en leyes importantes a favor del gobierno en materia económica y podrán seguir coincidiendo en críticas en sectores que ambos detestan - por ejemplo, las ong’s de derechos humanos - con lo que las cosas se vuelven algo más matizadas.

De hecho, también habría que tener en cuenta las contradicciones y peleas dentro del Fujimorismo. Si bien Martha Chávez puede admitir tácitamente la autoría de los ataques al Ojo que Llora, no está muy de acuerdo con la actual dirigencia fujimorista. Rolando Souza podrá despacharse contra los familiares de las víctimas de La Cantuta, pero posa con Carlos Raffo solo para la foto. Y Renzo Reggiardo puede darse el lujo de admitir que la extradición ha sido un duro golpe. Conclusión: diferencia de opiniones, cuchillos y celos que hacen aparecer más contradicciones.

En suma, tenemos circo para algunos días más.

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Nueva norma sobre edificaciones publicada hoy pondría en peligro a miles de peruanos.

El día de hoy ha sido publicada en El Peruano la Ley de Regulación de Habilitaciones Urbanas y Edificaciones, que fuera promulgada ayer por el Presidente de la República. La norma supone un severo relajamiento de las normas de construcción y, en tiempos post-7.9, esto es una gran irresponsabilidad.

Vayamos por partes. La norma en cuestión establece una modalidad de aprobación de licencias de habilitación - dentro de las 4 que contempla - que deja fuera de control a las edificaciones más comunes en el Perú. Así, viviendas unifamiliares de hasta 120 metros cuadrados construidos, una ampliación de una vivienda hasta tener un área de 200 metros cuadrados construidos o la demolíción de edificaciones que no sean Patrimonio Cultural podrán hacerse con una simple aprobación automática que se obtiene con un pago y la presentación de un Formulario Único ante la Municipalidad. Ni siquiera se requieren de los planos de la obra. Lo mismo, aunque con algunos requisitos adicionales, ocurre con la edificación de edificios de 5 pisos con 3,000 metros cuadrados (es decir, el edificio donde vivo, que se construyó cumpliendo todos los parámetros, podría ser edificado con una simple autorización municipal automática).

El Presidente de la República, que ha llevado el tema de la simplificación administrativa hasta el extremo, se ha jactado de esta nueva criatura, con paternidad congresal:

“Esta ley permitirá un gran avance en la velocidad para la aprobación de las autorizaciones de construcción y edificación por las municipalidades del país. Creo que es una noticia importantísima que va a multiplicar la capacidad constructiva de nuestro país; quienes construyen sus viviendas saben lo trascendental e importante que es para todos los peruanos esta ley, porque establece el fin de las demoras que sufren todos aquellos que quieren construir algo”, destacó el Jefe de Estado Doctor Alan García.

Sin embargo, las críticas han sido vastas. El Decano del Colegio de Ingenieros Javier Piqué del Pozo ha señalado que la norma tiene como error central la supresión de la revisión técnica de los proyectos en obras que son comunes en el Perú. Lo mismo ha señalado Adolfo Córdova Valdivia, Decano de la Maestría en Vivienda de la UNI. En el Portal del Colegio de Arquitectos del Peru, hay un foro donde la mayor parte de los participantes pone objecciones a la norma. Y a raiz del terremoto, la sección Lima del Colegio de Arquitectos señaló claramente que, dados los efectos del sismo, la norma no podía ser tan laxa en los controles, cuestión que repitieron en el programa de Hildebrandt del 30 de agosto pasado.

Sin duda, esta es de las peores tonterías hechas por el gobierno en relación con el terremoto. Pero, a diferencia del Pisco 7.9, esto puede traernos más de una muerte y la consagración de la informalidad en la construcción.

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