Archivo de 29 Agosto 2007

En el interesante debate que se ha formado sobre el posicionamiento de la Comisión de la Verdad y Reconciliación en la agenda nacional, iniciado por Martín Tanaka, ha vuelto a aparecer - aunque sin los epítetos repetidos hasta el hartazgo por cierto sector de la prensa - el argumento sobre si la presencia de personajes que militaron antes en partidos de izquierda condicionó el trabajo hecho por la CVR.

Para comenzar, habría que decir que de los 12 comisionados, solo serían 5 personajes los que corresponderían a este perfil: Carlos Tapia, Rolando Ames, Enrique Bernales, Sofía Macher y Carlos Iván Degregori. Ninguno de los mencionados estuvo a favor de la lucha armada durante el periodo del conflicto. Como lo recuerda Caretas:

Algunos críticos de la CVR se han valido de los antecedentes marxistas en el currículo de varios comisionados para desvirtuar los contenidos del informe. Una mirada un poco más inteligente revela un grupo heterogéneo del que las investigaciones se favorecieron.

Carlos Iván Degregori es un antropólogo y estudioso especializado en los temas de violencia, particularmente en todo lo acontecido en Ayacucho. Rolando Ames y Enrique Bernales son ex congresistas, pero ambos presentan perfiles muy distintos. Mientras que Ames es sociólogo y cientista político, Bernales se desarrolló como abogado constitucionalista y se desempeña como Director Ejecutivo de la Comisión Andina de Juristas. La socióloga Sofía Macher es ex secretaria ejecutiva de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos. Carlos Tapia estudió a fondo el fenómeno senderista. Y en esa mescolanza se termina la presencia de la izquierda en la CVR.

Esa presencia no desvirtuó el trabajo hecho. Por el contrario, se tuvo la distancia suficiente para hacer un capítulo bastante crítico sobre el papel de los partidos de izquierda durante los años ochenta, en el que se cuestiona de manera bastante dura el tardío deslinde que se hizo con relación a la violencia como medio para llegar al poder. También se describe el precario equilibrio y las divisiones que caracterizaron a Izquierda Unida. De haberse tenido algún sesgo, no se habría escrito un capítulo como este.

En ningún momento el Informe es condescendiente con Sendero o con el MRTA, como algún despistado director de un diario ha manifestado hoy. El informe señala que ambos grupos fueron los principales responsables de las muertes, se condena claramente su accionar y en ningun momento se plantean amnistias para ellos. Como contaba Salomon Lerner a los que ayer estuvimos en el Campo de Marte: ninguna muerte es justificable o aceptable, sea quien fuere la victima o el victimario.

Y para mayores señas, me permito colocar el primer párrafo del Tomo II del Informe Final, con el que comienza la explicación sobre Sendero Luminoso:

El Partido Comunista del Perú, conocido como Sendero Luminoso (PCP-SL), es una organización subversiva y terrorista, que en mayo de 1980 desencadenó un conflicto armado contra el Estado y la sociedad peruana. La CVR ha constatado que a lo largo de ese conflicto, el más violento de la historia de la República, el PCP-SL cometió gravísimos crímenes que constituyen delitos de lesa humanidad y fue responsable del 54% de víctimas fatales reportadas a la CVR.

Tampoco el Informe es antimilitarista o anticlerical, dos de las banderas que tradicionalmente se señalan como patrimonio zurdo. Se reconoce el esfuerzo y heroísmo de nuestras Fuerzas Armadas, pero no por ello se deja de señalar aquello que, desde una perspectiva ética totalmente compatible con la democracia liberal, debía decirse: que existieron violaciones a los derechos humanos que no fueron simples “excesos” o “costos a pagar”, sino que fueron severos daños a la dignidad humana. En el caso de la Iglesia Católica, termina siendo una de las instituciones que queda mejor paradas en el Informe Final. Claro, distinguiendo la actuación específica en Ayacucho, que ha sido documentada no solo por la CVR, sino en varios libros sobre la historia reciente de la Iglesia en el Perú.

Voy más allá y lanzo una idea más provocadora aún. Si se quiere calificar de alguna manera al sesgo de la CVR, tendría que ser un “sesgo liberal”. Me explico. El Informe Final contiene un detallado relato y caracterización jurídica de los hechos de violencia ocurridos entre 1980 y 2000. Muchos de estos hechos son violaciones a los derechos humanos que, por cierto, no fueron inventados por Marx, sino que tienen una raigambre liberal bastante fuerte. De hecho, el reconocimiento de los derechos a la vida y a la integridad personal, por mencionar los dos más afectados en un conflicto armado, fueron producto de las distintas revoluciones liberales en Europa.

De otro lado, el Informe no cuestiona al mercado como productor de recursos. Por el contrario, señala como una de las secuelas más importantes la pérdida del aparato productivo, lo que ha generado más atraso en el país o menores posibilidades para captar los beneficios del crecimiento macroeconómico. Quizás este sea un dato que nuestros economistas - tanto los de una orilla como los de otra - debieran tener en cuenta en sus análisis.

Finalmente, la CVR propone una serie de recomendaciones para refundar el Estado y establecer un pacto social en democracia, no para instaurar la dictadura del proletariado.

Así, el sesgo “zurdo” se vería reducido a las cuestiones como pobreza, exclusión o discriminación, puestos como telón de fondo del conflicto, que generalmente han sido banderas de la izquierda. Sin embargo, con los nuevos enfoques de economía del desarrollo, señalados por Amartya Sen de manera clara, estas preocupaciones pasan a interesar a los liberales más consecuentes. De hecho, este enfoque termina señalando que el desarrollo de las capacidades humanas y, por ende, del desarrollo humano, está directamente relacionado con la vigencia de todos los derechos humanos.

En suma, calificar al trabajo de la Comisión de la Verdad y Reconciliación como un producto de la izquierda no tendría mucho sustento. Quizás la pregunta tendría que ser porque nuestra derecha no ha defendido con la misma vehemencia que el libre mercado a los derechos humanos.

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A estas alturas no es un secreto para nadie que me gusta el fútbol. De hecho, alguna vez participé en 100% Fanáticos - video que ustedes jamás verán - y puedo pasarme algun que otro domingo viendo varios partidos seguidos. Y claro, soy crema, además.

Viendo esta mañana parte del partido con Tayikistan - por favor, conseguir video de Farid Kahhat explicando más sobre este país en Entre Titulares - me preguntaba lo mismo que muchos de ustedes deben haberse hecho: ¿Por qué estos chicos han podido vencer miedos y frustraciones anclados durante 25 años en el sentir futbolero nacional y han llegado tan lejos?

Como todo en la vida, eso no se explica con un solo factor.

Por un lado, ha existido un buen trabajo de acompañamiento, tanto de padres, familiares y, por supuesto, de su entrenador. Aquí no vemos a estrellas poseras, a chicos que aspiran al titular con la Malcriada del Trome de turno o a chicos que pisen huevos a la hora de caminar. Es cierto, aún están en formación y alguno de ellos podría ser un potencial Waldir (o, peor, Kukin), pero hasta el momento, tienen la cabeza fría que es necesario acompañar para un corazon grande a la hora de jugar.

Lo segundo es que al talento se ha sumado disciplina táctica. Los “Jotitas”, como los han bautizado, saben cual es su libreto, como opera el equipo cuando hay cambios, conocen sus posiciones en la cancha y no hay improvisaciones a lo Julio César Uribe.

Y lo tercero es que tienen sed de triunfo. Al igual que mi generación, estos chicos nunca vieron a su selección en un mundial de fútbol por méritos propios y querían ser quienes nos dieran esa satisfacción.

¿Es un equipo perfecto? No. Tiene un defecto acentuado partido a partido: la falta de gol, tan consustancial al fútbol peruano. Y no por falta de oportunidades, que vaya que las crean, pero la definición tendrá que ser algo que el entrenador de la sub 20 a la que pasen estos chicos debe pulir para convertirnos en un cuadro realmente competitivo.

¿Qué pasará el sábado? No soy de los que creen que ya se ha conseguido el objetivo. Por el contrario, esa sed de triunfo debe seguir acompañando a estos chicos que deben seguir creciendo para ser buenos jugadores y mejores ciudadanos.

Y que viva el Perú.

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