Archivo de 28 Agosto 2007

Como lo comentaba de pasada en el post anterior, Martín Tanaka ha escrito el artículo más interesante y provocador sobre el debate producido alrededor del Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, presentado hace exactamente 4 años.

El centro de las dudas tanakianas - perdón por el neologismo - se centran en una pregunta: ¿Qué ha hecho que el Informe Final y sus repercusiones no hayan tenido mayor repercusión?. Martín nos presenta dos explicaciones: por un lado, los sectores que respaldan políticamente el trabajo de la CVR - principalmente la izquierda - no han tenido mayor apoyo electoral y, de otro lado, las diversas formas en que se percibió el conflicto en las distintas regiones del país.

Tengo algunos matices con relación a esta opinión. Comparto con Augusto Alvarez Rodrich que los derechos humanos no representan un patrimonio exclusivo de la izquierda, sino que debieran constituir un patrimonio común de todos los sectores políticos. De hecho, hay gente en la izquierda que sigue creyendo que Cuba y Venezuela son democracias y que hace de la vista gorda sobre vulneraciones a los derechos humanos ocurridas en estos países. De otro lado, gente a la que no podríamos catalogar ni por asomo como marxistas, como Mario Vargas Llosa, Fernando de Szsyzlo o Rosa María Palacios, ha respaldado consecuentemente los mensajes dados por la CVR.

Creo que si ha existido el intento incipiente de los sectores liberales, tanto de derecha como de izquierda, de tender puentes. Si no fuera así, por poner un ejemplo, a Rosa María Palacios, a la que antes tachaban de “neoliberal”, no la habrían tildado de “caviar”. Sin embargo, coincido con Tanaka que esas alianzas han sido meramente coyunturales y que los esfuerzos por un trabajo conjunto entre estos sectores podrían ser mayores para impulsar las recomendaciones.

El problema es más profundo aún. En todos los sectores de la clase política hay gente opuesta al trabajo de la CVR. Y ello por distintas razones: un mal entendido espíritu de cuerpo con los gobiernos que tuvieron que hacer frente al conflicto armado interno o con las Fuerzas Armadas, defensa de intereses particulares, indolencia o simplemente el convencimiento de que las violaciones a los derechos humanos cometidas por los agentes del Estado eran un “costo a pagar” por la pacificación.

Esto debe enmarcarse dentro la disputa abierta sobre las versiones sobre la violencia, lo que llaman batallas por la memoria. De un lado, la visión “Fujimori y los militares derrotaron a Sendero y no importan los excesos cometidos, pues tenía que pacificarse el país”. Del otro, el rebate a dicha posición (ver post de Marco Sifuentes), sumado a una visión que veía las formas distintas de afectación de la violencia por regiones y problemas estructurales del país en la base de lo ocurrido y como lo afrontamos.

Esa batalla por la memoria se ha llevado en un solo plano, el guiado por quienes tenían que defenderse de las responsabilidades imputadas. El debate entre ambas memorias giró en torno a tópicos que, aunque importantes, desviaron la atención sobre aspectos centrales de la relación que la CVR establecía entre lo ocurrido durante los años de violencia y la consolidación de la democracia y los derechos humanos. Por ello, la discusión sobre la composición y metodología de la Comisión, así como el tema de las responsabilidades políticas, penales y sociales de los actores involucrados en el conflicto han sido el eje central de la discusión durante 4 años, dado que eran los terrenos en los que los defensores del discurso oficial querían defender.

Con esto no se me malentienda. Soy de los primeros que desea una sanción a los culpables y por eso miro con expectativa el anuncio de Allan Wagner de que se pondrán a los militares en actividad que tienen juicios pendientes a disposición del Poder Judicial. Pero sí creo que el centro del debate sobre la CVR debería ser no sólo el “que hizo o que no hizo cada quien”, sino que hacemos para reparar a las víctimas y para que esto no se repita, sobre la base del diagnóstico dado.

Tanaka también deja algunas preguntas para responder y sobre las que doy mi punto de vista:

- Las propuestas de reformas institucionales de la CVR: ¿No son demasiado generales? ¿No hay un trabajo pendiente de aterrizarlas y actualizarlas?

Aunque no es mi estilo, hago una repregunta a Martín: ¿Podían ser menos generales al momento de plantearse en el Informe Final? Y aquí hago el enganche. La CVR planteó una serie de reformas institucionales que, efectivamente, tenían bastante de genérico. Sin embargo, eran perfectamente compatibles con otros esfuerzos de “arquitectura transicional” en marcha o puestos en la mesa: los Planes de Reestructuración de la Policía Nacional y las Fuerzas Armadas, la CERIAJUS, el Proyecto Educativo Nacional. La CVR lo que vendría a dar a todos estos esfuerzos un enfoque distinto, el de un pacto social democrático e inclusivo, congruente con su diagnóstico: el país no puede seguirse gobernando de la misma manera.

- ¿No están demasiado mezclados algunos espacios de militancia política y de acción ciudadana en las organizaciones de DD.HH.? Esa superposición les quita eficacia a los primeros y legitimidad a los segundos.

Creo que más que militancia política y acción ciudadana mezclada con organizaciones de derechos humanos, lo que tiene que existir es un replanteamiento de estilos. Y con ello no digo que se deje de lado la denuncia - siempre necesaria - ni los espacios de incidencia pública o política. Las organizaciones tienen que sustentar su posición sobre la base de un sólido trabajo teórico, una mayor relación con los ciudadanos de a pie - quienes muchas veces no sienten a estas instituciones como cercanas - y la articulación de alianzas con sectores que vayan más allá del círculo en que por lo general se mueven estos sectores. Seguir insistiendo en articular esfuerzos con los sectores liberales más consecuentes - en los temas en que coincidan - es una alternativa para “desizquierdizarse” en términos de imagen.

- Los militantes de Sendero Luminoso: ¿Son víctimas del conflicto armado o victimarios? Este es el fondo del debate sobre qué hacer con los nombres del monumento ‘El ojo que llora’.

Esta pregunta, derivada de una afirmación de un texto de Paulo Drinot que Tanaka recomendó hace un tiempo, es imprecisa. La CVR en ningún momento dijo que todos los miembros de Sendero Luminoso eran víctimas, por el contrario, condenó sin medias tintas el accionar de esta agrupación, sus métodos, su ideología y señaló claramente que sus acciones no podían quedar sin castigo.

El debate sobre “El Ojo que Llora” fue más complejo. La existencia de nombres de personas que fueron ejecutadas extrajudicialmente en el Penal Castro Castro, bajo las órdenes de Alberto Fujimori, en 1992, se debió a que se consideró que aquellas personas que habían sido muertas o desaparecidas a través de vulneraciones de los derechos humanos o del Derecho Internacional Humanitario podían ser consideradas como víctimas. Ello no legitima su accionar ni sus criminales acciones, simplemente pone un estándar de humanidad mínimo a un conflicto. El comentario de Rafael Barrantes explica de mejor manera este punto.

- El humalismo: ¿Es un adversario o un aliado? ¿Y el Apra? ¿Y el Gobierno? ¿Hace bien Sofía Macher al trabajar en el Consejo Nacional de Reparaciones?

Cabe indicar que 69 congresistas de todas las tiendas políticas - incluyendo humalistas, apristas y hasta fujimoristas - firmaron una declaración de respaldo a la CVR e impulso de sus recomendaciones. Por tanto, hay cierto consenso sobre algunas de las recomendaciones a atenderse - salud mental, identidad e inclusión de contenido del Informe Final en currículo educativo - por parte de todas las tiendas políticas.

Y sobre el trabajo de Sofía Macher, creo que en política todo espacio vacío se llena. Es mejor que haya una persona que no deja de ser crítica con las acciones que se emprenden sobre la reconciliación a que no exista el Consejo de Reparaciones.

El debate es saludable. Espero que todo esto contribuya a que los temas planteados por la Comisión de la Verdad y Reconciliación puedan visibilizarse en mejor medida de lo que se han venido haciendo durante los últimos 4 años.

MAS SOBRE EL TEMA:
Roberto Bustamante: Cuatro años después del informe de la CVR

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Reflexiones en el cuarto aniversario de la entrega del Informe Final de la CVR

Imagínate, amigo lector, que, Dios no lo quiera, te comienzas a sentir mal. Pero no es el dolor de una gripe, sino los síntomas de una enfermedad que parece ser más aguda de lo que es un simple dolor de cabeza.

Tienes recursos - no extraordinarios, pero los tienes - y buscas a los mejores doctores para que te examinen. Te dicen que deben hacerte los exámenes y análisis de rigor para poder detectar exactamente que es lo que tienes.

Pasa el tiempo y te llaman para decirte que es lo que tienes. Te lo detallan con explicaciones médicas, pero en lenguaje que puedas entenderlas. Eres consciente de que lo que te han dicho es serio y duro. Hay médicos que no andan con rodeos o te doran la pildora.

Aun así, sabes que, a pesar de la gravedad de la enfermedad, puedes seguir un tratamiento que te dejará en perfectas condiciones.

¿Qué harías en esas circunstancias: insultarías a los médicos que te dan la mala noticia, ignorarías lo que dicen, te someterías al tratamiento?

De alguna u otra manera, las sociedades pasan por lo mismo.

Los conflictos armados y las dictaduras no son más que síntomas de una enfermedad que padece una sociedad: la poca capacidad que tenemos para resolver nuestros conflictos de manera pacífica e inclusiva. Somos sectarios, claro, unos más que otros. Hay sectarismos que matan: Sendero Luminoso fue la máxima expresión de ello en el Perú y vaya que lo entendimos entre las lágrimas que a tantos peruanos nos hicieron brotar con su demencial accionar.

Pero, como en las enfermedades graves, el cuadro es más complejo. Los síntomas dolorosos que se agrupan en un conflicto armado interno nos revelaron mucho de nosotros mismos: un Estado lejano de la sociedad, prácticas que vulneraban los derechos fundamentales, fanatismo inoculado en medio de un sistema educativo decadente, discriminación, despreocupación por la vida del otro hasta que me toca a mi padecer el dolor.

Toda verdad así duele. En el corto plazo buscamos negarla, no verla o que no se conozca. Eso pasa en las relaciones humanas más cotidianas. Y le ha pasado al país durante muchos años. No en vano, durante los noventa nos machacaron una versión oficial simplificada de la realidad, unos análisis falsos, por llamarlo en lenguaje médico. Y cuando nos mostraron los verdaderos, como sociedad, por miedo, optamos por no oir.

Peor aún, aquellos que habían contratado a los encargados del diagnóstico del paciente Perú, comenzaron a denostar de los médicos. Era lógico: parte de la enfermedad estaba en la indolencia de ellos o en responsabilidades directas por acción u omisión. Y, procurando lavarse las manos, procuraron encajonar el diagnóstico y solo discutir lo que a ellos les interesaba: salvar sus responsabilidades. Todos caimos en el juego.

Sin embargo, el país de cuando en cuando nos recuerda que la enfermedad persiste. Porque los autoritarismos mesiánicos aun tienen cabida en un sector de la población, porque aun no entendemos que la violencia no es la forma de producir cambios sociales, porque aun no aceptamos que Primitivo Quispe es tan peruano como Dionisio Romero. Elecciones presidenciales, conflictos sociales, la emergencia reciente en el sur nos recuerdan que el país sobre el que creció la violencia no ha cambiado en mucho.

Se olvidaron del diagnóstico y también del tratamiento. A cuentagotas y a regañadientes, el país político aplica las recomendaciones dadas por los médicos, pero muchas veces olvidando que eran para superar una enfermedad compleja.

Quizás sea hora, por fin, de leer y actuar. Porque esto no es solo cuestión de izquierdas o de derechas. Se trata de entender lo que fuimos, lo que somos y lo que debemos dejar de ser.

Cuatro años después, el diagnóstico nos sigue esperando. Las tareas pendientes también.

PD: De todos los artículos que he visto hoy, el de Martín Tanaka es el más provocador. Recomiendo su lectura. También vean el debate en su blog sobre su interpretación respecto al impacto de la CVR.

MAS SOBRE EL TEMA:
Salomón Lerner Febres: Impulso del Estado al Informe de la CVR fue cero
Sofía Macher: Falta de coordinación y presupuesto dificulta elaboración de Registro de Víctimas
Augusto Alvarez Rodrich: Casi nada
Pablo Rojas: La reconciliación aun espera
La Republica: CVR: tareas pendientes
Gonzalo Gamio: CVR: Sigamos luchando por la recuperación de la memoria
CPN Radio: Defensoría del Pueblo advierte estancamiento en cumplimiento de recomendaciones de CVR
Perú.21: Ministra de Justicia pide celeridad en procesos judiciales por violación de derechos humanos.
Borrones y Otros: Ceremonia de Aniversario CVR

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