Archivo de 11 Agosto 2007

Una de las cosas de las que veo todos los días en los periódicos es sobre el ALBA, la famosa Alternativa Bolivariana de las Américas que Hugo Chávez quiere imponer como “alternativa” a Estados Unidos, propagándola por toda América Latina.

Los lectores habituales de este blog conocen mi opinión sobre Chávez, pero no está demás repetirla. No creo que su famosa “Revolución Bolivariana” sea la alternativa que América Latina necesita, no solo por su desfase económico, sino también porque representa la vieja receta latinoamericana: el caudillo autoritario. Y ya hemos tenido suficientes especímenes de esta especie, sean de izquierda o de derecha, como para saber que terminan en lo mismo: más pobreza, menos democracia, más corrupción.

Dicho esto, creo que hay demasiada bulla alrededor de esta cuestión del ALBA. Se le quiere poner como el núcleo de financiamiento de las protestas sociales y claro, pretender servir como la gran cortina de humo para presionar al Tribunal Constitucional para que no declare inconstitucional la ley contra las organizaciones no gubernamentales, que los sectores más conservadores del país pretenden que permanezcan para evitar una fiscalización independiente sobre democracia, derechos humanos, desarrollo social y medio ambiente. Y no ha faltado un viejo político que la comparado con Sendero Luminoso.

Como lo ha acaba de señalar Agustín Haya de la Torre (aprista, por si acaso), Director Ejecutivo de la APCI, las casas de ALBA no pueden ser fiscalizadas por su entidad pues no reciben cooperación internacional no reembolsable y, en todo caso, constituye un problema de carácter político.

Aldo Santos, quien trabaja para SER, una de las organizaciones no gubernamentales con mayor presencia en Puno, ha examinado el tema y señala lo siguiente:

La “Casa del ALBA”, como se ha llamado a la oficina instalada en la región, está constituida como una asociación civil sin fines de lucro, al igual que cualquier Organización No Gubernamental y, por el momento, sus actividades son meramente asistenciales y se reducen a gestionar la atención médica oftalmológica gratuita en la localidad de Copacabana, ubicada muy cerca de la frontera con Bolivia. Los beneficiarios son mayoritariamente campesinos pobres que probablemente terminarían sus días ciegos, si no fuera por la atención que reciben, y que por sus precarias condiciones de vida, probablemente entiendan poco de ideologías o de la “injerencia chavista” que el Gobierno aprista no se cansa de denunciar, como intentando justificar una política que no da frutos en la región, o buscando culpables de la inoperancia de los proyectos que ha impulsado para Puno como Sierra Exportadora o la Zona Económica Especial

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Y su reflexión final, sobre la conexión del controvertido presidente regional Hernán Fuentes con Caracas, vale la pena ser tomada en cuenta:

Por supuesto, tampoco se pueden negar los nexos de Fuentes con el Gobierno venezolano, la Coordinadora Continental Bolivariana, partidos políticos como Patria Roja o el uso de un lenguaje radical; sin embargo, esto no justifica la visión maniquea y alarmista de alguna prensa y el Gobierno, que hacen de Puno una abstracción general sin reconocer sus particularidades. En realidad lo más seguro es que para cualquier puneño Hernán Fuentes ó Hugo Chávez están lejos de ser los ideales de líderes democráticos que necesita el país, tan lejos como Alan García

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Ahora bien, ¿como hacer para contrarrestar la presencia chavista en el Perú? Pues entendiendo lo que ha señalado Haya: que es un problema político. Es decir, son los políticos los que tienen que hacer mayor trabajo político - lease, presencia real - en las zonas donde esta gente pretende abrir estas casas o regiones. Solo así se puede evitar que eso siga avanzando. Tomar medidas de restricciones de derechos no son lo mejor para el país, sino convencer a la población, con medidas efectivas y buen gobierno, de que la democracia bien vale la pena ser defendida.

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