Archivo de 10 Agosto 2007

Se viene dando cuenta del fallecimiento de don Erasmo Wong Chiang, fundador de la más importante cadena de supermercados del país.

La historia de Wong es la de muchos peruanos de diversos orígenes y generaciones. Comenzaron con una bodega en 1942, en la cuadra 10 de la Av. Dos de Mayo en San Isidro, como un negocio familiar, en el que padre, madre e hijos apoyaban. Poco a poco se volvieron la bodega más surtida de San Isidro y, posteriormente, una de las mayores de Lima.

En 1983, los hijos de Erasmo Wong Chiang dieron el salto a los supermercados y hoy son una de las empresas más importantes del país. Es más, en el último número de América Economía ya se ubican entre una de las 500 mayores empresas de América Latina.

Descubrí Wong en 1986, con mi abuela. La primera tienda que conocí fue la del Ovalo Gutiérrez. Y aunque no siempre compro allí por cuestiones de precios y ofertas, cada vez que voy siento que estoy como en casa.

Ojalá ese espíritu no se pierda.

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Revisando la última edición de Caretas, me topé con una entrevista a Adrián Huamán Centeno, uno de los altos mandos militares procesados por violaciones a los derechos humanos - casos Pucayacu, Jaime Ayala y Callqui, en 1984 -, quien da sus primeras declaraciones a la prensa sobre los hechos por los que la próxima semana se iniciará un juicio oral.

Para quienes estaban en 1984 en edad de pediatría o no se acuerdan de él, Huamán fue el segundo jefe del Comando Político Militar de Ayacucho. Tenía un discurso en favor de una solución del conflicto que comprendiera componentes que no solo fueran militares, pero claro, pensaba que la conducción de dichos componentes no debiería estar bajo control civil. Y, a pesar de ese discurso, 1984 fue el año en que mayor cantidad de muertes existió durante el conflicto, pues, además de las sangrientas acciones de Sendero Luminoso, el Ejército aplicó en Ayacucho patrones de desapariciones forzadas y ejecuciones extrajudiciales, lo que algunos han llamado “tierra arrasada”.

Las respuestas que Huamán da a la revista, negando cualquier vulneración de derechos humanos o atacando a la Comisión de la Verdad y Reconciliación y tejiendo teorías de la conspiración no es sorprendente. Pero creo que debe ser ubicada en un contexto mayor que las palabras de un general procesado o de un militar más.

En realidad, el Perú vive un proceso mayor, que los científicos sociales denominan Batallas por la Memoria. Se denomina así a la contraposición de versiones sobre dictaduras y/o periodos de violencia, que inciden no solo en lo que la gente percibe que ocurrió durante un conflicto interno o un periodo de represión muy fuerte, sino que también tienen una relación directa con las políticas que se emplean para enfrentar las secuelas de la violencia y la atención a las víctimas.

En el Perú, existen dos narrativas en disputa.

Por un lado, encontramos una memoria salvadora, en la que se realza el papel del gobierno de Alberto Fujimori y de las Fuerzas Armadas como únicos responsables de la derrota de Sendero Luminoso, poniéndose énfasis en valores como el orden y la seguridad frente a los derechos humanos, tomándose las vulneraciones a derechos fundamentales como “métodos inevitables” que tenían que emplearse para culminar con el conflicto. Sin duda, la versión del general Huamán se encuentra en este primer grupo.

Por otro lado, tenemos una memoria para la reconciliación, que no sólo refuta la historia oficial dictada durante la década de los noventa, sino que resulta ser una visión más omnicomprensiva del conflicto armado interno, procurando entender las distintas aristas de la violencia, los procesos subyacentes en la sociedad peruana – exclusión, discriminación y racismo – que marcaron mucho de la dinámica del conflicto y una seria interpelación a los tres gobiernos durante los cuales se desarrollo el proceso de violencia.

A la memoria salvadora se le caracteriza como manipuladora, a tal punto que termina poniendo la agenda sobre lo ocurrido en los años de violencia, cuestión que también se comprende por la mayor permanencia temporal de esta versión en la opinión pública. Así, se entiende que el debate entre ambas memorias giró en torno a tópicos que, aunque importantes, desviaron la atención sobre aspectos centrales de la relación que la CVR establecía entre lo ocurrido durante los años de violencia y la consolidación de la democracia y los derechos humanos. Por ello, la discusión sobre la composición y metodología de la Comisión, así como el tema de las responsabilidades políticas, penales y sociales de los actores involucrados en el conflicto fueron el eje central de la discusión, dado que eran los terrenos en los que los defensores del discurso oficial querían defender.

Es necesario, por tanto, reenfocar el debate sobre la memoria histórica en el Perú. Ciertamente es necesario persistir en el esfuerzo por señalar las responsabilidades que a cada uno de los actores le corresponde. Sin embargo, deberá hacerse un esfuerzo mayor por presentar al Informe Final de la CVR como un documento que presentó un panorama general sobre el funcionamiento de las instituciones en nuestro país y los problemas sociales más urgentes por atender.

Ello implica que la discusión se centre en que el Perú se asuma como una sociedad de post-guerra - cuestión que hasta el día de hoy no se ha hecho - y que el Estado varíe sus políticas sobre la base de este reconocimiento.

No digo con esto que los juicios a los militares y senderistas deban detenerse. Por el contrario, es necesario atender a la demanda de justicia y lucha contra la impunidad de la manera más rápida, con el respeto al debido proceso y garantizando el derecho de las víctimas. Pero estas legítimas demandas debe comprenderse en un proceso mayor de cambios institucionales y reparaciones que consoliden la democracia y los derechos humanos en su integridad en el país.

Hacer esta variación de enfoque determinaría que se pueda posicionar de mejor manera el trabajo de la CVR en la agenda pública y deje de verse como un tema entre “conservadores” y “pro militares” vs. “caviares” y “pro senderistas”, sino como un diagnóstico que involucra problemas de toda la sociedad, así como de las realidades particulares de cada región.

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“Algunos dirán, con un razonamiento parecido al que se emplean para otras cosas, cómo se compran grúas pórtico que nunca se han visto en el Perú, pero nosotros tenemos que hacer comprender a los dudosos que China es el gran taller del mundo por su alta tecnología y porque supo, en su momento, abrir sus puertos al mundo”

Con esa frase, Alan García intenta bajar las críticas a la cuestionada compra de patrulleros chinos. Esto lo dijo hace unas horas durante la inauguración de unas gruas para el puerto del Callao.

Quizás al Presidente de la República, quien tiene una fascinación por China desde hace algún tiempo, podría explicarnos si también está de acuerdo con otros “productos de exportación no tradicional” del tigre asíatico, como los juguetes con plomo que Fisher Price acaba de retirar del mercado o las violaciones a los derechos humanos que pueden empañar los Juegos Olímpicos del próximo año.

O clásicos de la copia que harían palidecer a lo que venden en El Hueco o La Cachina, como falsificaciones de I Phones, cámaras de video, o la baja venta de Windows Vista por la piratería (que hace ver a Wilson como una paradita) o los autos que están haciendo por allá.

Gracias Alan por querer que nuestro modelo sea el de una dictadura corrupta y con nuestros obstáculos de mercado elevados a la enésima potencia. Ese es el cambio responsable.

(La pintura es de Andy Warhol)

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O por lo menos, se reconoce que el best seller que lo hizo famoso no es totalmente de su autoría

Vamos por partes. El famoso artículo de Miguel Santillana sobre Hernando de Soto, que ameritó la censura de Aldo Mariátegui, entre otras cosas, mencionaba que:

El Otro Sendero – coescrito con las jóvenes promesas liberales, Enrique Ghersi y Mario Ghibellini, que hoy desconoce– le abrió las puertas de los salones más exclusivos del poder que necesitaba un gurú del nuevo evangelio para el Tercer Mundo. El mensaje era simple: la ausencia de los derechos de propiedad de los más pobres y la excesiva carga burocrática del Estado no les permite participar plenamente del mercado explicando la “informalidad””.

¿Qué era lo que había ocurrido?

Ghersi y Ghibellini habían hecho todo el trabajo de campo necesario para escribir El Otro Sendero. De hecho, Hernando de Soto reconoció como coautores del libro a ambos colaboradores suyos, como consta en la carátula que vemos arriba, de la edición original de 1986. Sin embargo, en las siguientes ediciones el presidente del Instituto Libertad y Democracia desterró el prólogo escrito por Mario Vargas Llosa y también los nombres de sus colaboradores. Por cierto, el prólogo vargasllosiano fue reemplazado por una introducción en la que el economista arequipeño se despacha con el rollo de que su aporte intelectual fue clave para la derrota de Sendero Luminoso. Un poco más y pide reconocimiento en el Informe Final de la CVR.

Pues bien, INDECOPI, luego de dos años, ha dado la razón a Ghersi y Ghibellini. De Soto y Empresa Editora El Comercio tendrán que retirar la edición de 2005 de El Otro Sendero en la que se excluyen a los dos investigadores y, además, el reconocido intelectual tendrá que pagar S/.18,500.00 en un plazo de 5 días.

Lección para de Soto. Así como son importantes los derechos de propiedad, también lo son los derechos de autor.

MAS SOBRE EL TEMA:
El Morsa destroza “El Otro Sendero”

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Hace unos meses, escribía feliz sobre el retorno de Soda Stereo. No solo porque volvía una de las mejores - sino la mejor - banda de rock en castellano, sino por la posibilidad cierta de que pudieran venir a tocar a Perú.

Claro, el eterno pesimista que habita en mi hizo que escribiera, medio en broma medio en serio: Y si puede, Ministro Carranza, haga lo posible por bajarle los impuestos a los espectáculos como estos.

Hace unos días un portal en Internet anunciaba que probablemente Soda vendría a Lima el 8 de diciembre, a tocar en el Nacional. Se decía que las gestiones de una de estas radios que solo pasa música pre 2000 haría factible el evento. Y claro, como todos, comencé a hacer cuentas sobre cuales serían los precios de las entradas.

Sin embargo, ayer la representante de prensa de Soda nos devolvió a la realidad: no hay nada oficial. Y claro, si chequean la web oficial del grupo no hay fecha para Perú.

Peor aún, la agencia ANDINA:

habló con estos empresarios quienes manifestaron que la suma solicitada por la agrupación argentina – un millón de dólares - supera las posibilidades de los bolsillos peruanos y que recuperar la inversión ‘no sería tarea fácil’.

“Desgraciadamente nos pedían un millón de dólares. A ello se suman los impuestos lo que conllevaría a expender entradas a precios inaccesibles“, explicó Ferrand, quién gestionó el espectáculo de Alejandro Sanz en nuestro país.

Por su parte el empresario Koki Fernandez, de quién se comenta sea el gestor de esta presentación, también indicó que no se ha confirmado la presencia de Gustavo Cerati, Zeta Bosio y Charly Alberti en nuestro país.

“Lamentablemente hay mucha ansiedad para que Soda Stereo se presente en Lima, pero lo más seguro es que no venga porque nuestra legislación no ayuda con los tributos“, explicó Koki Fernandez, quién trajó a Gustavo Cerati el año pasado.

Es decir muchachos, a ir juntando para ir a Chile.

Y lo peor del caso es que terminamos dándole la razón a Aldo Mariátegui y a Luciana León con esto de los impuestos.

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