Archivo de 27 Julio 2007

Ayer, en medio de los escándalos por la presidencia del Congreso, Luis Castañeda Lossio inauguró - con presencia presidencial - una de sus obras más caras: el Circuito Mágico del Agua, ubicado en el Parque de la Reserva.

La cuestión no es moco de pavo, sobre todo, por las críticas que se ha hecho a la obra, en particular, en lo que se refiere al costo de la misma: 13 millones de dólares, pagados a una empresa española para hacer un gasto a todas luces superfluo y, además, con el dudoso gusto estético del alcalde de Lima, que sigue dando a la cultura tanta importancia como la que tiene para el Gobierno Central.

Según un reciente informe de La República, Castañeda está empeñado en sembrar el Centro Histórico de Lima con piletas, cosa discutible por cuestiones estéticas y de gasto. Además, las fuentes de agua que ya existen - con excepción de la ubicada en la Plaza de Armas - no cuentan con el mantenimiento adecuado para este tipo de monumentos.

Ya durante la campaña y el debate municipal se le criticó a Castañeda por hacer esta obra, que reflejaba la poca visión de alguien a quien el voto popular, inexplicablemente, eligió nuevamente como alcalde y que, además, no asume aun con responsabilidad las funciones que tiene como encargado de Lima como Región. Hasta Aldo Mariátegui, poco dado a criticar la actual gestión metropolitana, criticó la medida.

Claro, con autoridades como estas, Alan está feliz de apadrinarlas. No critican, no lo incomodan. Pero, peor para la población, no hacen nada.

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Ese fue el apodo con el que se conoció a un reconocido abogado en los años ochenta, por padecer de lo que en estos días conoceríamos como “síndrome Bryce”.

El mismo apodo se puede adjudicar a Orlando Alvarez, el magistrado que rechazó la extradición de Fujimori.

La revista Caretas se dio el trabajo de comparar los textos de la sentencia emitida por el juez chileno con la de los alegatos presentados por la defensa del ¿peruano? ¿japonés?. Y halló cosas como esta:

CASO BARRIOS ALTOS:
Alegato de Fujimori:

“El caso de Barrios Altos fue cometido a título de represalia por un atentado que tuvo lugar con anterioridad al gobierno de Alberto Fujimori en contra de una escolta militar, quedando así acreditado que esta asignación militar de nefastas consecuencias, respondió a motivaciones de naturaleza estrictamente militares como parte de un continuismo también castrense del cual el Presidente de la República recién asumido claramente no fue partícipe”.(página 135)
Sentencia de Alvarez:
“El caso de Barrios Altos fue cometido, a título de represalia por un atentado que tuvo lugar con anterioridad al gobierno de Fujimori, en contra de la escolta militar. Queda así acreditado que ésta acción militar de nefastas consecuencias, respondió a motivaciones de naturaleza castrense, de la cual, el presidente recién asumido, sostiene que no fue partícipe”. (página 94)

Y dos más de ese calibre le ha encontrado la revista, ambas en casos de derechos humanos, que son, como sabemos, los procesos en los que Fujimori está más comprometido y le pueden acarrar más alos de prisión.

En la edición anterior de Caretas, se habían presentado las declaraciones del juez Juan Guzmán Tapia, el mismo que había procesado a Pinochet. Guzmán dijo que el fallo no le extrañaba por la trayectoria de Alvarez, un magistrado especializado en derecho laboral cuya primera instrucción en este tipo de casos fue la de Fujimori. Es más, sospechó que Alvarez no había redactado el fallo.

Pero, asumiendo su responsabilidad, Alvarez acaba de aceptar el copy-paste, pero señalando una frase que delata su escasa capacidad como magistrado: “En los fallos, normalmente los jueces recogemos los buenos argumentos que han dado las partes y si son buenos no hay problema en copiarlos”. Sin embargo, cualquier estudiante de Derecho abe que los fallos judiciales requieren de un nivel de argumentación que va mucho más allá de copiar y pegar los argumentos de una de las partes.

Mejor hubiera quedado si es que decía que fue su secretaria.

MAS SOBRE EL TEMA:
Procurador Omar Chehade: Perú podría presentar queja contra juez Alvarez.

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Justicia, lucha contra la corrupción y derechos humanos en el primer año de gobierno

La tarea por tener una mejor administración de justicia, acabar o disminuir el flagelo de la corrupción y tener presente la importancia de los derechos humanos constituyen cuestiones que todo gobierno debe enfrentar, no solo como una cuestión de mejora de condiciones para la inversión, complementar la reforma del Estado o hacer que se gaste de mejor manera los recursos fiscales, sino también con un tema de la más amplia importancia ética y de consolidación del sistema democrático.

Desafortunadamente, el gobierno parece no haber entendido esta tarea urgente y ha culminado teniendo serias dificultades de articulación de políticas en estas áreas, así como groseros errores que, a mi modo de ver, explican la naturaleza conservadora de este régimen.

Luego de un sonado escándalo de corrupción que involucró a un Vocal de la Corte Suprema, el gobierno señaló que una de sus prioridades sería colaborar con la reforma de la justicia. Sin embargo, cuando tuvo la oportunidad de ayudar con dicha tarea, no quiso emprender reformas: Observó la Ley de Carrera Judicial, su partido no ayudó a impulsar la Reforma Constitucional en materia de justicia, el presupuesto del Poder Judicial sigue siendo bajo y las recomendaciones de la CERIAJUS siguen durmiendo el sueño de los justos.

¿Responsabilidad solo del gobierno? Ciertamente no, pues muchos de los actores que llegaron con expectativas no han hecho cambios fundamentales, sobre todo por una estructura de la Corte Suprema que es ajena a todo tipo de cambio.

Pero también el gobierno tiene su cuota en no contribuir a liderar este esfuerzo. La designación de María Zavala y de una serie de colaboradores bastante cuestionados - desde personas involucradas en casos de narcotráfico hasta el fiasco que resultó ser Benedicto Jiménez en el INPE -, así como la carencia de planes claros sobre el tema judicial terminaron enturbiando una gestión ministerial que, esperemos, acabe mañana sábado.

En lo que respecta al tema de lucha contra la corrupción, los baldones no solo se han referido al poco interés en la extradición de Fujimori, sino también en la cuestionada designación de Moises Tambini del Valle como Presidente del Consejo de Defensa Judicial del Estado, a pesar de los serios cuestionamientos en su contra.

Peor aún, el gobierno ha tenido casos de corrupción bastante graves en lo que se refiere a adquisiciones - patrulleros (con Mazzetti y, al parecer, también con Alva Castro) y ambulancias -, compra de contenidos de medios de comunicación, entre otros. Tampoco se tuvo la voluntad de crear una autoridad de prevención contra la corrupción y los cambios que se pretende hacer en los organismos encargados de vigilar las compras estatales y proyectos de inversión solo buscan relajar dichos controles.

En lo que respecta a los derechos humanos, han existido más sombras que luces. Comenzando el gobierno, se planteó una propuesta de pena de muerte para los violadores de menores de edad y, posteriormente, para casos de terrorismo. El fracaso de esta última terminó con cualquier pretensión mortícola, por ahora… (Por cierto, con protesta blogger de por medio)

Posteriormente, una propuesta para otorgar defensa legal a los militares y policías procesados por violaciones a los derechos humanos terminó encendiendo una polémica sobre el nivel de responsabilidades que el Estado peruano está dispuesto a aceptar en casos de graves vulneraciones de los derechos fundamentales. Aunque la medida podía ser entendida como un amparo a personas que actuaron en nombre del Estado, dio la sensación de búsqueda de impunidad, sobre todo por declaraciones del Primer Vicepresidente de la República en contra de estos procesos judiciales.

Por cierto, Giampietri se convirtió en un personaje controvertido por investigaciones a organizaciones no gubernamentales, por mociones que pretenden invalidar el trabajo de la Comisión de la Verdad y Reconciliación y por tener un asesor facista. Además, impulsó una moción contra una Sala Anticorrupción por citarlo a declarar como testigo en el caso Colina.

Y siguiendo ese camino apristas, fujimoristas y pepecistas aprobaron una norma que procura controlar los contenidos de las actividades de las organizaciones no gubernamentales. La incomodidad de los partidos políticos y los empresarios con organizaciones que se ocupan de temas ambientales, lucha contra la impunidad y derechos humanos terminó en un mamotreto controlista que, esperamos, sea anulado por el Tribunal Constitucional.

Además, la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos sobre el caso Castro Castro terminó desatando un debate que parecía superado sobre la permanencia del Perú en el sistema interamericano de derechos humanos, así como sobre el monumento El Ojo que Llora.

Los únicos avances reales se sintieron en el campo de las reparaciones a las víctimas de la violencia: se creó el Consejo de Reparaciones que elaborará el Registro Único de Víctimas y se inició con el programa de reparaciones colectivas.

Finalmente, resulta serio que el gobierno no haya implementado el Plan Nacional de Derechos Humanos aprobado por la administración anterior, lo que denota la real voluntad política del gobierno sobre esta materia.

Lo peor del caso, es que el gobierno no se da cuenta de estos horrores. Por el contrario, parece estar muy convencido de su tendencia sobre estos temas. Ello explica por que su vocación por el cambio es tan reducida.

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