Archivo de 21 Julio 2007

A estas alturas, todos deben estar enterados de un nuevo caso de censura que afecta a los humoristas en el mundo: el semanario humorìstico El Jueves - que sale los miércoles - publicó una caricatura sobre los 2,500 euros que se promete a cada familia que resida legalmente en España por cada familia que tenga un hijo. Una propuesta que busca, sin duda, aumentar los índices de natalidad en España, que sufre de la escasez de nacimientos que pasa toda Europa.

Claro, con su mordaz humor, El Jueves puso como ejemplo a una pareja que viene haciendo ejemplo de projilidad: los Príncipes de Asturias.

España, a pesar que parezca una república, es una monarquía y la Familia Real es bastante querida. Sin embargo, a pesar de ese cariño, como toda autoridad en este mundo, está sujeta al humor - incluso al más procaz - de parte de los diversos medios de prensa. Y, por lo general - e incluso en este caso -, la Casa Real toma de buen talante las bromas que les hacen.

Pero parece que, tal como en el caso Bakula y las caricaturas de Piero Quijano, siempre hay funcionarios dispuestos a prestarse a ánimos censores sobre la base de una supuesta defensa de la “majestad de las autoridades”.

El juez Juan del Olmo ordenó el “secuestro” (léase, incautación) de los ejemplares de El Jueves, con la polémica carátula de los Príncipes en pleno acto amatorio. Y ayer viernes un fiscal pidió que se cerrara la página en Internet del semanario, dado que se venía exhibiendo un comunicado contra la censura acompañado de la famosa caricatura.

Pero como esto es Internet, nada se pierde, y en todo el mundo se viene publicando la caricatura, como muestra a los gobernantes del mundo de que hacer una censura es una medida no solo vulneratoria de los derechos fundamentales, sino que se provoca un efecto no deseado: aquello que quiere ocultarse termina siendo más notorio.

VIA LA NUEZ: A las 7 pm (hora de Lima) borraron la página web de El Jueves

MAS SOBRE EL TEMA:
Guillermo, el autor de la caricatura: Lo mejor es que me corten la mano derecha
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La pregunta que sirve de titulo a este post fue la que me flotó en la cabeza durante la realización del seminario Actuación Judicial y Lucha Anticorrupción, organizado por la Asociación de Jueces para la Justicia y la Democracia, al que asistí durante la semana que termina.

Las ponencias presentadas, a cargo de personalidades como Henry Pease, José Ugaz, Santiago Pedraglio, Luis Vargas Valdivia, entre otros, presentó a todos quienes asistimos un panorama bastante claro y panorámico de lo que se ha venido haciendo desde noviembre de 2000 en adelante para luchar contra uno de los más importantes problemas que sufre el país. Y, además de esta visión panorámica, fueron tocados algunos temas coyunturales, como la extradición de Alberto Fujimori o la voluntad del actual gobierno para luchar contra la corrupción.

Los puntos centrales de estas presentaciones, que comparto con ustedes, a mi criterio, fueron los siguientes:

1. Se confirmó que la resolución dada por el juez Orlando Alvarez en el caso Fujimori es errada. Abogados y participantes coincidieron con los argumentos que habíamos reseñado en este blog la semana pasada: un estandar de pruebas mucho más alto del que se tiene en cualquier proceso de extradición, sesgo en la utilización de las pruebas, poca pericia en el uso de instrumentos de Derecho Internacional. Todo eso denota el criterio de un juez conservador, como lo ha confirmado el ex magistrado chileno Juan Guzmán Tapia, quien inició los juicios contra Pinochet en el país del sur.

2. Se ha conseguido armar un sistema relativamente efectivo para castigar la corrupción: Los jueces y fiscales que integran el sistema están dentro de los mejores del Poder Judicial, se han marcado criterios claros sobre responsabilidad de particulares en casos de corrupción y se ha conseguido sentencias importantes en muchos casos.

3. Sin embargo, el sistema judicial tiene algunos problemas: Ellos se han concentrado claramente en dos puntos. El primero, tiene que ver con las cuestiones logísticas, de infraestructura, seguridad y prespuesto de los Juzgados y Salas Anticorrupción, que impiden una mayor velocidad en los procesos. El segundo, tuvo que ver con algo que se advirió desde el inicio: debieron acumularse procesos y priorizarse aquellos que fueran más importantes. Ello marcó una sensación de concentrarse en procesos menudos o poco relevantes para el sistema, como los casos de Jacqueline Beltrán o Héctor Chumpitaza. Se perdió, a mi modo de ver, algo que el proceso penal por corrupción podía hacer: no solo ser un mecanismo de sanción, sino mostrar la real magnitud de lo ocurrido.

4. Es necesario insistir en la aceleración de la implementación del Código Procesal Penal. En el país conviven dos modelos de procedimientos penales. Uno que viene desde 1940 y que, con algunas modificaciones, es el que se utiliza en los casos anticorrupción, lo que también incide en la lentitud de los procesos. El otro, implementado inicialmente en Huaura y Trujillo, es el del Código Procesal Penal, cuyos resultados, luego de un año, han sido realmente exitosos. Para ello se necesitan dos cosas: voluntad de los jueces y fiscales en capacitarse para la adecuación al nuevo modelo y presupuesto para su implementación.

5. Tan importante como la represión es la prevención de la corrupción. El Perú es parte de varios convenios internacionales que nos marcan obligaciones importantes en materia de prevención: un organismo estatal de prevención, normas claras sobre ética, tráfico de influencias, contrataciones estatales, lavado de dinero, entre otros. No ha existido la voluntad de implementarlos. ¿Resultados? Solo durante este gobierno hemos tenido problemas con la transparencia de contrataciones estatales (casos Patrulleros y Ambulancias), el escandaloso caso de compra de contenidos de medios de comunicación, conflictos de intereses claros en los Ministros de Vivienda y Educación, o nombramientos cuestionados como los de Carlos Arana y elecciones como las del Tribunal Constitucional.

6. El rol de la prensa. Sin duda, el periodismo cumple un importante papel en la revelación de casos de corrupción. Para cumplirlo a cabalidad, es necesario que los periodistas cuenten con independencia y recursos suficientes para llevar a cabo investigaciones o denuncias bien sustentadas. Ello, no implica, sin embargo, que el periodismo se convierta en un cuarto poder - sin alusión al programa - o en un reemplazante de lo que hace la administración de justicia, lo que lleva a que los periodistas tengan su rol bastante claro. Los retos para ellos, además de seguir fiscalizando al gobierno actual: incidir en el tema de fiscalización sobre Municipalidades - el caso de Alex Kouri y la Vía Expresa del Callao debe marcar una línea de investigación - y los casos de narcotráfico.

Sin duda, estos son retos que el país tendrá que asumir y sobre los cuales el gobierno tendrá que decir algo, sobre todo, la próxima semana, que se cumple un año de mandato.

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