
Contra mis pronósticos, el tema de la entrevista a Rosa María Palacios hecha por Jaime Bayly ha sido uno de los más comentados en la historia de este blog, solo comparable a mis posts sobre la PUCP y Federico Dantón. Entre los dos posts sobre el tema (¿Quién Ganó? y Rosa María vs Bayly) hasta el momento, hay más de 30 comentarios. Hay que felicitar a todos los que han intervenido - de verdad - por el nivel que ha existido en el debate, más allá de puyas, ironías y sarcasmos. Y a Rosa María por tener la correa suficiente como para ver todos los comentarios y responder a todo lo que se ha dicho en este blog sobre el ya comentado programa del día domingo.
Como han podido notar, no he intervenido para nada en el debate. Creo que era mejor que los lectores y comentaristas habituales de este espacio expresen sus preguntas y dudas y que Rosa María responda a las punzantes preguntas - muchas de ellas, tan agudas como las que se plantean en Prensa Libre - del público, que, al fin y al cabo, también ve su programa. Por ello me he guardado este espacio para dar mi opinión respecto a la polémica que se ha armado.
Ciertamente, todos los que conocen este espacio saben que no guardo simpatía alguna por Alberto Fujimori. Por el contrario, por este blog, en sus 2 años y medio de vida, han pasado multiples comentaristas (y trolls) que me han llenado de epítetos, insultos y comentarios por tener esta posición, en la que me mantengo invariable. Y quienes me conocen en persona, saben que esto no viene de ahora, sino que desde la época del colegio (años 95, 96 y posteriores) tenía y tengo una posición clara sobre lo que consideré y considero que fue una dictadura.
Dicho esto, debo decir que tengo un reparo ético - no profesional - con las personas que ocuparon altos cargos durante el gobierno de Fujimori. Reparo que se debe, justamente, a la naturaleza de su régimen y la responsabilidad política que estos funcionarios tuvieron. Ello, claro está, comprende en mayor medida, a quienes cometieron actos de corrupción o avalaron violaciones a los derechos humanos.
Pero, así como existieron personas que trabajaron y defendieron al régimen, también existieron una serie de cuadros técnicos que, de manera honesta, laboraron allí y no se comprometieron políticamente con la dictadura. Cada uno de ellos sabrá en su conciencia interna si es que avalaban, como ciudadanos, las tropelías del régimen.
En el caso de Rosa María Palacios, como ella misma lo ha dicho, hizo una serie de consultorías para el Estado, en el tema de reforma de la administración pública. Es más, formó parte de un equipo de reforma del Estado cuando Alfonso de los Heros fue Presidente del Consejo de Ministros y renunció el 5 de abril de 1992, a raíz del golpe de Estado, junto con el Dr. de los Heros. Por tanto, creo que no puede achacarse a ella un apoyo a lo que fue un régimen dictatorial.
Como ella misma lo recordó hace un tiempo, también hizo una consultoría cuando Alberto Pandolfi, en 1996, fue titular de la PCM, pero que no dio resultados por la falta de respaldo político que Pandolfi dio al proyecto de reforma, debido a que el gobierno ya se encontraba en planes reeleccionistas. Hasta allí, tenemos trabajos en temas técnicos, que no comprometían a la persona con el régimen, ni mucho menos, en temas dolosos, como algunos han pretendido insinuar.
(Por cierto, para quien quiera saber más sobre la frustrada reforma del Estado de los 90, lean el libro La Reforma de la Administración Pública Peruana (1990 -1997). Conflicto y estrategias divergentes en la elaboración de políticas de Juan Carlos Cortázar Velarde, que salió hace un par de meses en librerías).
El tema que mayor atención ha conscitado, sin duda, ha sido su consultoría de 10 semanas para el Plan de Gobierno municipal de Juan Carlos Hurtado Miller, a la que fue invitada a participar por Leonie Roca - esposa de Pedro Salinas, periodista contrario a la dictadura -. En este caso, sí creo que Rosa María cometió un error (no una falta, ni menos aun, un delito) en aceptar este trabajo. No por las calidades de Leonie Roca, una profesional competente, o por el trabajo en sí (un plan de gobierno municipal que seguramente fue hecho con solvencia) sino porque en 1998 sí se contaba con información suficiente para saber la naturaleza del régimen.
Ya existían elementos suficientes para saber que Vamos Vecino, la agrupación por la que postulaba Hurtado Miller, era el furgón de cola municipal del fujimorismo. Y ya en 1998 se habían producido la Ley de Amnistía, la Ley de Interpretación Auténtica, el despojo de Frecuencia Latina, la destitución de los magistrados del Tribunal Constitucional, las investigaciones sobre la muerte y torturas de agentes del SIE, espionaje telefónico e ingresos de Vladimiro Montesinos.
A esas alturas del partido, al margen de las discrepancias sobre el régimen económico y la naturaleza de las reformas en la economía, era claro que el gobierno fujimorista estaba ya en un curso de no retorno y de acentuación de sus calidades autocráticas. Esta es información que estaba a disposición de todo aquel que la quería conocer. No es algo que “en retrospectiva”, recien se sabe ahora (claro, recien hoy tenemos toda la magnitud de lo ocurrido, vladivideos e investigaciones posteriores mediantes), por lo que si considero que era un error aceptar un puesto de esta naturaleza, a pesar de los vínculos personales cercanos que llevaron a Palacios a tomar esta decisión.
Por lo menos, quien habla, de haber estado en su lugar, no habría aceptado dicho encargo, aunque comprendo lo difìcil que debe haber resultado dicha situación. Admitir esto, en público o en privado, no denigra a la persona, sino que habla muy bien de ella.
Por cierto, digo esto con todo el respeto y aprecio que tengo por Rosa María, una periodista y abogada competente y que estudia bastante bien sus temas, cosa que la gente que trabaja en estos temas de opinión pública deberíamos hacer.
¿Con este incidente, antes comentado, la posición actual, crítica frente a los gobiernos de turno y al fujimorismo, que tiene Rosa María Palacios carece de validez? No. Creo que este error ha sido utilizado para descalificarla con un argumento falaz. Todos quienes tenemos ya cierto recorrido vital hemos cometido errores y, más aún, quienes hemos tomado posiciones políticas o hemos estado cercanas a ellas, hemos cometido algún error de apreciación. Por tanto, descalificar a una persona o lo que dice por un error del pasado, haría que todos nosotros nos tuvieramos que quedar con la boca callada. Lamentablemente, este tipo de argumentos se presta a descalificar a alguien cuando no se tiene mayores razones para debatir o ideas que aportar.
(Paréntesis: Creo que nuestros liberales consecuentes deberían decir esto más a menudo: el hecho que se asociara economía de mercado con Fujimori le ha hecho un gran daño a la economía de mercado, dado que se aplicó de manera autoritaria y sin pensar en las consecuencias sociales de las reformas, cuestiones en las que si se fija el liberalismo político. Ese es un deslinde que, lamentablemente, no se hace frecuentemente.)
Creo, finalmente, que ha existido una saludable evolución en Rosa María Palacios. Basta ver sus entrevistas en RPP de los años finales del fujimorato para darnos cuenta que hacía preguntas punzantes a los fujimoristas, y que no era santa de la devoción de Vladimiro Montesinos. Hoy, luego de su paso por el cable y la señal abierta, veo, como televidente a una periodista más cuajada, ya no solo preocupada por los aspectos jurídicos de un tema (”deformación” que tenemos todos los abogados). Y, evidentemente - como lo muestran nuestras posiciones sobre el tema PUCP - a veces coincido con ella y otras no tanto. Ver el paso de la campaña electoral en su programa - que no satanizó a Ollanta Humala (aunque si lo criticó en los temas en los que había que señalar sus graves falencias) y en la que, para sorpresa de muchos, expresó sus simpatías por una candidata mujer que no era Lourdes Flores ni Martha Chávez - y los temas que trata en sus programas hacen que note el cambio en las preocupaciones de la abogada y periodista.
Claro, con las opiniones vertidas por todos los comentaristas, me queda claro que el público televisivo es cada vez más exigente pero, a la vez, toma muy en cuenta las opiniones de los periodistas que dan la cara o hacen reportajes. Quizás esto exiga por parte de los hombres y mujeres de prensa un mayor detenimiento y una mayor reflexión sobre el tipo de labor que hacen y las expectativas y percepciones que tiene el público sobre los medios de comunicación, para que las tengan en cuenta como referencia y retroalimentación.
Esta no es una defensa de Rosa María Palacios. Por el contrario, creo que es una reflexión para la periodista sobre el camino emprendido - y algún error cometido, a mi criterio - y para los televidentes sobre el tipo de argumentos que deben emplearse en un debate público. La pluralidad de opiniones, sean de izquierda, de centro, apristas o de derecha es bienvenida y ese ejercicio ha sido el que se ha practicado ahora. Como decía al inicio, saludo las preguntas y dudas de los comentaristas del blog, así como la predisposición de Rosa María para contestarlas. A todos, siguen invitados a comentar este espacio, que se ha hecho para ello, el intercambio de ideas y de posiciones sobre cosas que, humildemente, el autor de este blog pone en bandeja.
(Foto: Transparencia)
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