Archivo de 7 Mayo 2007

Impresiones respecto al documental chileno sobre la Guerra del Pacífico

Bien dicen que una amenaza de censura te da más publicidad que otra cosa. Esta frase se ha podido comprobar luego de que pudiera ver ayer el documental Epopeya, elaborado por la productora Nuevo Espacio para Televisión Nacional de Chile.

Luego de apreciar el primer capítulo de esta presentación, confirmé la opinión que tuve hace unos meses, cuando se intentara censurar el documental, en uno de los más patéticos episodios protagonizados por las Cancillerías de Perú y Chile: el documental no tiene elementos insultantes hacia Perú y Bolivia.

Dicho esto, me queda claro como televidente y aficionado a la historia que Epopeya no culmina de cuajar - por lo menos en esta primera entrega - el supuesto primer objetivo que Patricio Polanco y su equipo se habían trazado: presentar una versión más o menos común de los tres países sobre el conflicto.

Básicamente - y eso no está mal - hemos visto la versión chilena de la guerra, concentrada, sobre todo en el tema de las causas del conflicto y en como para ellos el famoso “impuesto de los 10 centavos” al salitre impuesto por Bolivia, aparentemente en incumplimiento de un acuerdo internacional, la causa del conflicto. Ciertamente, en esta época en que la resolución pacífica de conflictos es la regla general, me extrañó ver que dos países se pelearan por un tema que, hoy en día, podría solucionarse tranquilamente en la Corte Internacional de Justicia o mediante un arbitraje.

Asimismo, la visión chilena no hace una autocrítica del papel que pudieron haber ejercido tesis expansionistas, predominantes en un sector de su burguesía, como en el papel que tuvieron los capitales ingleses en este conflicto, aspectos que fueron mencionados por los historiadores peruanos y bolivianos a lo largo de los 53 minutos que duró el programa.

Sí debe reconocerse el esfuerzo por contar con las otras versiones de la historia. Resulta bastante drámatico ver como los historiadores bolivianos y los profesores de ese país no dejan de transmitir recelo hacia Chile. Me sorprendió, como imagen visual, la del colegio boliviano en la que un docente, con un cuadro del Che Guevara al costado, intentaba decir que el imperialismo británico y el expansionismo chileno fueron los únicos factores del conflicto, negando el hecho de que se hubiera vulnerado un tratado internacional por la imposición del impuesto al salitre. En el caso peruano, más bien, las posturas de Nelson Manrique y Joseph Dager fueron las más equilibradas, tanto en autocrítica hacia lo que hicimos, como frente a los otros dos países.

Resulta también preocupante saber como se desconocen las causas de la guerra en los tres países, así como el poco reconocimiento que se tiene a los héroes de uno y otro lado. La única excepción: Miguel Grau, figura que es resaltada por los chilenos, tanto por escolares, marinos y los propios realizadores del documental.

Epopeya tiene el mérito de ser una producción que ha contado con los avances tecnológicos e históricos suficientes como para entregar un producto televisivamente bueno. Veremos si en los siguientes capítulos que faltan por ver hay aspectos más polémicos o si confirma esta impresión preliminar que podemos tener sobre este trabajo.

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Deslindando con quienes quieren ganarse con una denuncia hecha en este blog.

Revisando algunas cosas en Internet, me topé con la inesperada noticia de que la denuncia sobre los vínculos entre Hernán Garrido Lecca y Genaro Delgado Parker había tenido rebote en el lugar menos esperado: en la cloaca periodística de un mafioso.

Pues bien, todos sabemos que el portal 24 Horas Libre es el medio a través del cual Ernesto Schutz Landázuri, que tiene 10 millones de poderosas razones para ocultarse en Suiza para huir de la justicia peruana, intenta hacer una campaña para mellar más la ya maltrecha imagen de Delgado Parker y recuperar la administración de Panamericana Televisión.

En ese portal, colocan el artículo que publiqué el miércoles 2 de mayo sobre los vínculos entre el Ministro de Vivienda y el administrador judicial de Panamericana Televisión. Es decir, pretenden usar un artículo que demostraba esta relación, que tiene cuestiones legales por dilucidar, con el fin de contribuir a los oscuros intereses que la familia Schutz tiene para con Panamericana.

Como yo no tengo vinculación alguna con las campañas que el mafioso Schutz, su corte de fujimoristas conversos y cófrades lobbistas a su alrededor intentan tejer, coloco algo que escribí en el 2003, cuando DTP no era un blog, sino una columna repartida vía e-mail. Como para que Schutz se acuerde de algunas cosillas que ahora intenta olvidar.

TAMBIEN VIENE . . . (I)

Ampliando conceptos sobre la crisis en Panamericana Televisión

En 1997, Ernesto Schutz Landazuri, exitoso empresario en el campo del papel higiénico y la papelería en general, ingresó a la televisión. Compraba las acciones de Manuel Delgado Parker (su consuegro) y de los hijos del fallecido Héctor Delgado Parker en Panamericana Televisión, tradicionalmente el canal más poderoso del país.

La operación no habría sido del todo transparente. Un hijo extramatrimonial de Héctor, Martín Delgado, a la muerte de su padre había heredado el 3% de las acciones del canal. Genaro Delgado Parker poseía en ese momento un 38 % del patrimonio de la televisora, con lo que ambos sumaban 41 %, porcentaje que impedía a los otros accionistas vender a un tercero sin antes ejercer el derecho de preferencia para la venta que correspondía a los miembros de la familia. Pero antes de ello, argucias legales montadas por los hijos de Héctor y alentadas por Manuel, sacaron a Martín Delgado de circulación. Lo dejaron sin acciones. GDP no ejerció su derecho de preferencia y el canal pasó a manos de Schutz.

(Sobre este punto, ver el reportaje de Fernando Vivas: Una Historia de Pantel)

Es cierto que Schutz pudo rescatar financieramente un canal en la lona luego de los pleitos familiares de los Delgado Parker, pero en el plano periodístico las coas fueron claras desde el principio.

Se reclutó como director de “Panorama” a Julián Cortez, el director de la etapa de “Contrapunto” en donde parecía un programa propagandístico de las Fuerzas Armadas y del “general victorioso” Hermoza Ríos. A Roxana Canedo le obligaron a hacer una entrevista complaciente a Martin Rivas y luego la botaron a instancias de Schutz, Saúl Mankevicz y Daniel Borobio (estos dos últimos eran publicistas de Fujimori) por negarse a decir lo que ellos querían. El respetado periodista Guillermo Giacosa ha contado varias veces que Schutz daba constantes órdenes por el switcher para cortar cualquier comentario crítico – y eso que Giacosa estaba encargado de la sección internacional. Y censuraron un reportaje de “Panorama” sobre los vaivenes políticos de Laura Bozzo, ante ello, el director del programa Eduardo Guzmán renunció, pero luego retiró su renuncia. La condición es que “Panorama” se convirtiera en lo que ha sido desde entonces: un magazine con énfasis en las llamadas “notas humanas”, policiales, reportajes sobre robos en supermercados, publicidad gratuita para los programas del canal y los silencios de la conductora. ¡Y solo nos hemos referido a los años 1997 a 1999!

(Sobre estos puntos, ver el libro de Fernando Rospigliosi El Arte del Engaño: la relación entre los militares y la prensa, Lima, IEP, 2000).

Y en el 2000: las franjas electorales al filo de la medianoche, la mayoritaria cobertura a Fujimori, la transmisión en cadena nacional del cierre del campaña “al ritmo del chino”, la complicidad en el cambio de cifras de las 4 a las 8 de la noche el 9 de abril. Inolvidable Schutz diciendo en el control maestro, cuando el triunfo de la oposición se venía venir “¡Que se vaya todo que no es fujimorista!” e inolvidable las dos entrevistas en menos de una hora a Carmen Lozada porque no había más invitados, salvo Espichán y Delgado Aparicio, mientras que una manifestación multitudinaria clamaba “no al fraude” y solo se veía por Canal N. Y como no olvidar a un impávido Eduardo Guzmán apenas balbucear ante Martha Chávez, quien decía el 14 de Septiembre del 2000 que el vídeo Kouri – Montesinos era un montaje al mejor estilo “Forrest Gump”.

El vídeo lo explicó todo. Los motivos, los regateos. Luego las falsas renuncias, las despedidas con lágrimas de cocodrilo, los regresos. Y después querían ser mártires de la libertad de expresión cuando nuestro más laureado escritor deslizó la posibilidad de retirar las licencias a los canales de la mafia.

Termino. Soy de los que pienso que la licencia de Panamericana Televisión debe ser otorgada en licitación internacional, garantizando que los trabajadores sean protegidos en sus derechos y en la continuidad en su empleo. Ninguna de las dos mafias que se disputan este medio de comunicación merece tener el control de una empresa tan importante. Sin embargo, nadie quiere chocar con Schutz o con Genaro, menos en el gobierno. Padrinos de un lado hay, está claro, ¿del otro también existen?

POST SCRIPTUM: Por cierto, el hijo del corrupto Schutz hoy publica un comunicado en algunos medios de comunicación en el que nuevamente ataca a GDP. Dos mafias nuevamente se enfrentan.

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