JOSE WATANABE (1946 - 2007)
Este camino
ya nadie lo recorre.
Salvo el crepúsculo
Matsuo Basho
No sólo ha muerto uno de nuestros mejores poetas, sino también un gran peruano: dramaturgo, escritor de guiones para cine, nikkei con un gran código de honor y co-responsable de la buena imagen de la televisora estatal durante los últimos años.
En el cielo también se que harás haikus, junto a Vallejo.
MAS SOBRE EL TEMA:
El Comercio: Ultima entrevista.
Perú.21: Ultima Entrevista.
Selección de Poemas de Watanabe
Utero de Marita: Murió Watanabe.
Roberto Bustamante: Descanse José Watanabe.
Cinencuentro: José Watanabe ha muerto
Paco Bardales: Watanabe (In Memoriam)
Zona de Noticias: Poesía de luto: fallece José Watanabe.
Papeles Bizantinos: Murió don José Watanabe
Luz de Limbo: Luto: fallece José Watanabe.
Invazor C: José Watanabe.
Sierpe Grana: Watanabe.
Una Banca de Parque: Al poeta Watanabe.
Presencia Cultural: Velatorio de Watanabe será en iglesia Medalla Milagrosa.





Entradas (RSS)
26 Abril 2007 a las 12:17 pm
También José Watanabe en video por Presencia Cultural.
26 Abril 2007 a las 1:31 pm
Una triste pérdida para las letras. En una ocasión crucé un par de palabras con él durante la premiación a un amigo. Era un grande.
Hasta siempre poeta.
26 Abril 2007 a las 7:06 pm
Cuando era cachimbo en San Marcos, hace muchos años, hubo un conversatorio sobre poesía peruana en la facultad de Letras, y entre otros invitados estaba Watanabe. Leyó este poema:
IMITACIÓN DE MATSUO BASHO
Fuimos rebeldes y audaces. Yo la convencí de la nueva moral que ni aun yo tenía, y huimos sin ceremonia ni consentimiento. Ella trepó ágilmente a la grupa de mi caballo y así cabalgamos hasta las primeras estribaciones de la sierra. Bordeábamos los poblados y con ramas desgajadas íbamos cubriendo nuestras huellas. Nos detuvimos en una aldea cuyo nombre
alude a la contemplada limpidez del río que la atraviesa.
Había clara luz de la tarde cuando el posadero nos abrió la pesada puerta de palo. A pesar de reconocer en él a un hombre sin suspicacias, le mentimos nuestros nombres. Le encargué una buena habitación para nosotros y cuidados para nuestro caballo. Ella, azorada y hambrienta, mordía a mi lado una manzana.
El cuarto era blanco y olía a resinas de eucalipto. Aunque ofrecido con excesiva modestia por
el posadero, allí hallamos seguridad. Desde el pie de nuestra ventana los trigales ascendían
hasta las faldas riscosas donde pastaban los animales del monte. Las cabras se perseguían con alegre lascivia y se emparejaban equilibrando peligrosamente sobre las agujas rocosas.
Ella cerró la ventana y yo empecé por desatar su largo cabello.
Fuimos rebeldes y audaces. Sin embargo, ahora nos perdonan nuestras familias y nos perdonamos nosotros mismos. Nuestro hogar ha sido tardíamente consagrado. Eso es todo.
Nunca traicioné otras grandes verdades porque quizá no las tuve, excepto el amor que me hizo edificar una casa, excepto el amor que nunca debió edificar una casa.
A veces pienso cabalgar nuevamente hasta esa posada y colgar en su puerta estos versos:
‘En la cima del risco
retozan el cabrío y su cabra
Abajo, el abismo’.
(De El huso de la palabra)