Archivo de 28 Abril 2007

El caso de la cadete de la Policía Nacional Flor de María Cahuaya, expulsada de la Escuela de Oficiales de la institución a la que quería pertenecer, constituye un ejemplo de hasta que punto las instituciones que deberían ser las encargadas de cumplir los derechos humanos son las primeras que los incumplen.

La norma sobre la cual se basó la sanción contra la cadete vulnera la Constitución. No existe razón alguna para discriminar a una mujer por el hecho de quedar encinta, pudiéndose contemplar la posibilidad de que ella pueda reingresar a su centro de estudios, como existe en cualquier Universidad o centro de estudios superiores. Una restricción como la aplicada no resiste un test de proporcionalidad como el que aplica el Tribunal Constitucional para definir si una conducta es discriminatoria. Además, en el fondo, se viene penalizando el libre ejercicio de la sexualidad de una persona, que tiene todo el derecho de elegir en que momento decide tener un hijo o, simplemente, tener una relación íntima con su pareja.

Comentarios como los del ex Director General de la Policía Eduardo Pérez Rocha, quien se ha mostrado a favor de la medida discriminatoria por señalar que la Policía se convertiría en una “conejera” nos demuestran hasta que punto se tienen anteojeras sexistas sobre este tipo de situaciones. Ello se confirma con el silencio que han tenido el Director de la Policía Nacional, el Ministro del Interior, la Defensora de la Policía y el Ministro de Defensa (en las Escuelas de las Fuerzas Armadas se tiene la misma norma).

Señalar que cumplir los reglamentos es un valor que debe defenderse a rajatabla en una institución que se caracteriza por la disciplina es un argumento falaz. Porque un reglamento que vulnera la norma fundamental que la Policía Nacional jura defender, es decir, la Constitución del Estado, no puede ser acatado por el hecho de estar allí. Por el contrario, lo que merece es un cambio radical que, por cierto, ya había sido impulsado mientras duró la reforma policial durante el gobierno pasado, pero que, una vez que la chakana se apoderó del Ministerio del Interior, se volvió a restituir.

Flor de María Cahuaya, de seguro, ganará un proceso judicial que la revindique en sus derechos. Pero un caso como el de ella no debe volver a repetirse. Luis Alva Castro y Allan Wagner deberán dejar de lado prejuicios existentes y modificar normas de bajo rango que vulneran valores como el derecho a la educación, el principio de no discriminación y la libertad de escoger en que momento se opta por la maternidad. Respetar los derechos humanos es el primer deber que tiene un funcionario público y que dos personas con experiencia, como los ministros antes citados, debieran tener como guìa de conducta.

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Nuevamente las posiciones extremas sobre el TLC se han puesto de manifiesto a raíz de la iniciativa de Ollanta Humala de enviar a Estados Unidos un grupo de congresistas del Partido Nacionalista para que expliquen su posición contraria al Tratado de Libre Comercio.

Por un lado, Humala sigue empeñado en la cantaleta de que un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos es perjudicial per se y quiere hacer todo para que no se firme. La oposición parte de dos premisas básicas: a) una supuesta defensa de intereses nacionales (es decir, dale compensaciones a todos, al igual que los gringos se las dan a su productores) y b) un complejo de inferioridad frente a los Estados Unidos, reflejado en el hecho de pensar que, de todas maneras, todos perderemos con el Tratado.

Por el otro, voces como las de Cecilia Valenzuela, que defienden ardorosamente la firma del TLC “sí o sí” (curioso, cuando Toledo lo decía, varios lo cuestionaban y ahora lo repiten), señalan que la iniciativa de Humala es totalmente antipatriótica y lesiva a los intereses nacionales.

Particularmente, creo que ambos puntos de vista están equivocados.

Comienzo por el último punto de vista. Creo que Humala y sus muchachos nacionalistas pueden expresar su punto de vista si así lo desean. No veo problema en ello. Y no lo percibo así porque considero que la discusión central - y así lo debe haber percibido García en su gira por Washington - no toma en cuenta los puntos de vista de los peruanos, sino que se convierte en un pleito gringo. Como lo señala Silvio Rendón, la presencia de los nacionalistas termine por causar el efecto contrario, es decir, gringos asustados por tener un país más sumado al grupo de Chávez y terminen firmando el TLC. Esas bravatas al estilo “no toquen esto que nos va a ser daño” son contraproducentes, tanto por antidemocráticas como por levantar la imagen de alguien que está dando tumbos en la política peruana.

Pero creo que Humala también está errado. Considero que no haría la misma bulla frente a este TLC si es que la contraparte fuera China, la Unión Europea u otro país (salvo Chile). Y creo que también exagera los efectos negativos del TLC - que existen, tampoco vendamos sebo de culebra a la gente - de la misma manera como desde la otra orilla exageran sus efectos positivos, como si el Tratado fuera el único instrumento de política económica que tenemos. Pienso, además, que el acuerdo comercial supone una gran oportunidad, no solo de aumentar nuestras exportaciones, sino también de elevar nuestra productividad y competitividad como nación.

Y es allí donde Humala debería enfocar sus baterías opositoras: ¿Qué hace el gobierno para reducir el impacto negativo de los sectores perdedores con el TLC? ¿Qué hace Hernando de Soto con el famoso “TLC hacia adentro” tan mentado? ¿Sacarán de la gaveta el Plan Nacional de Competitividad que nos permitirá aprovechar mejor las ventajas del libre comercio y no convertirnos en una economía de maquilas?

Soy de la opinión que el TLC es una importante herramienta para el desarrollo, pero también tiene varios problemas que afrontar. Que se termine de firmar dependerá de lo que pase en Washington las próximas semanas. Que lo aprovechemos dependerá de los peruanos y de las políticas que hagamos para ello. Desafortundamente, como en otras cosas, veo improvisación en Palacio de Gobierno sobre esta materia.

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