Archivo de 23 Abril 2007

Más precisiones sobre la operación Chavín de Huantar

El artículo que escribiera ayer sobre la crisis de los rehenes de Lima y la Operación Chavín de Huantar ha desatado una polvareda que sigue haciéndome pensar en cómo Sendero Luminoso y el MRTA fueron, no sólo los grandes responsables de la mayor parte de muertos durante el conflicto armado interno, sino también co-responsables de que el desprecio por los derechos humanos se haya convertido en nota corriente de un sector de la opinión pública peruana.

La insanía de las acciones de estos dos grupos, la crueldad con la que los perpetraban y la no asunción de responsabilidades - con contadas excepciones - ha hecho que un grupo de peruanos considere como válido y natural el hecho de que se hayan producido violaciones a los derechos humanos por parte de agentes del Estado y que, además, considere como una afrenta a las Fuerzas Armadas.

En ningún momento he regateado el éxito de la operación, por el contrario, he señalado su valía como tal y el valor de los comandos, en especial, de los dos héroes militares que murieron en dicha ocasión.

Sin embargo, no se puede negar lo evidente: por lo menos existió una ejecucion extrajudicial, cometida por un equipo directamente dirigido por Fujimori y Montesinos, que se diferenciaba de los comandos por estar con pasamontañas y cámaras de vídeo. Los dos principales involucrados como autores directos son Jesús Zamudio y Roberto Huamán Azcurra. Los autores intelectuales: Vladimiro Montesinos y Nicolás Hermoza Ríos.

Pero creo que no puede descartarse el conocimiento de Alberto Fujimori sobre estos hechos dado que existía un patrón de violaciones a los derechos humanos cometidas durante su gobierno. Estamos hablando de crímenes donde se separaban a los ejecutados extrajudicialmente en un grupo aparte. Convendría revisar los casos Universidad Nacional del Centro, La Cantuta, Castro Castro, El Santa, Operación Aries y Embajada del Japón como parte de un mismo patrón. Patrón que puede ser confirmado por la existencia del Manual del Ejército conocido como Equipos Básicos, en el que se señalaba que había que eliminar a los presuntos subversivos o no capturar prisioneros.

La tesis de los “gallinazos”, como la llamó el ex Ministro de Defensa Aurelio Loret de Mola ya ha sido esgrimida en el año 2002, cuando reportajes de Caretas y Agencia Perú indicaron que los casos de ejecución fueron cometidos por un grupo que no tuvo relación directa por los comandos dirigidos por el General José Williams Zapata y que son los héroes de la historia. La Comisión de la Verdad y Reconciliación confimó la tesis. Umberto Jara, 5 años después, ha retomado dicha hipótesis de trabajo, que es la misma que maneja el Poder Judicial.

Por ello, resultan curiosas las declaraciones dadas en la ceremonia castrense de celebración, producida ayer en Chorrillos. Ninguno de los comandos será procesado por el tema de las ejecuciones extrajuiciales. Sin embargo, ayer el Comandante General del Ejércíto hacía una defensa ante un supuesto maltrato. Quizás Edwin Donayre ignore el hecho de que ser héroe nacional no le da a una persona una prerrogativa especial de no presentarse a declarar en un proceso como testigo. Ese es el pensamiento que tiene Luis Giampietri en la cabeza.

La mejor forma de diferenciar a los héroes de los criminales es un proceso judicial. El caso de Chavín de Huantar señala que el Poder Judicial lo ha comenzado a hacer.

MAS SOBRE EL TEMA:
Utero de Marita: Sobre el Operativo Chavín de Huantar.
La Pura Purita: V de Verdad.

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