En las últimas horas, he podido apreciar un interesante debate en la blogósfera sobre el tema de la ética, los blogs y los comentarios anónimos.
Todo comenzó cuando Marco Sifuentes posteó una noticia sobre la absolución judicial de un blogger procesado por permitir insultos hechos por anónimos en su bitacora.
La nota, sin duda, era una respuesta a varios de los críticos de su blog, quienes lo acusan de permitir comentarios anónimos insultando a dichas personas, cuestión que, para los aludidos, Sifuentes debería evitar con rigor, dado que su ética personal frente a la corrupción lo tendría que llevar, necesariamente, a evitar colocar en su blog est tipo de comentarios.
Desde la otra orilla, le respondió Daniel Salas en el Gran Combo Club. Daniel señala, a raíz de la última parte del post de Marco, que las reglas éticas que el periodista propone para los blogs son “Haz lo que quieras” y “No dejes que nadie arruine tu blog”.
Salas resume su punto de esta manera:
“Un código ético no es un código penal. Sigue siendo inverosímil que un periodista no sepa la diferencia entre uno y otro. Cuando mi amigo Gustavo Faverón planteó establecer un código de conducta, en ningún momento propuso que se convirtiera en un código de criminalización. Yo defiendo exactamente la misma postura. Digamos que uno puede, como propone Sifuentes, “hacer lo que quiera.” Pero hay quienes creemos que nos podemos exigir más, que es posible comportarse de acuerdo con un estándar más alto“.
Básicamente, frente a lo que nos encontramos es a dos formas distintas de entender la blogósfera.
Por un lado, Salas considera que los blogs tienen un potencial de comunicación y debate ciudadano bastante elevado - y, de hecho lo tienen - por lo que cualquier ataque, disonancia lingüística o insulto degrada el nivel del debate y debe ser desterrado, no por una censura impuesta, sino por una suerte de autocontrol de las opiniones compartido por la mayoría de bloggers. Además, creo que, con justa razón, Daniel y sus amigos se quejan de los ataques sistemáticos que desde algunos espacios - no es el caso de Sifuentes - le dan casi todos los días por supuestos intereses literarios o, vamos a ser claros, acusaciones por supuestos privilegios hacia un sector del mundo de las letras peruanas. Y por ello reclama a blogs como el de Marco, que tienen un respetable nivel de lectoría, que no publiquen dichos ataques.
Aunque claro, hay que decirlo también, insultos también han sido proferidos por Gustavo Faverón Patriau, uno de los reclamantes de la ética en los blogs, en varias ocasiones (incluyendo una vez que me llamó inimputable):
“¿Te tengo que pedir que por favor no contribuyas a hacerle propaganda a la comisión de un delito en el que se me insulta y se roba mi identidad y la de otras personas? Pobre idiota. Pobre infeliz.”
“Muchas personas me han pedido que deje de caer en el juego de Aguirre, que deje de referirme a él y me dedique a otros asuntos, que no le dé la publicidad que un blog puede brindar, que es poca, pero que él busca y disfruta cada vez que puede. Voy a hacerles caso: no volveré a hablar más sobre Aguirre.”
“¿Y desde cuando Hildebrandt tendría dudas en trabajar para quien le diera mas billete? Es ex-empleado de Delgado Parker, Ivcher, Crousillat, Schultz. A todos los ha llamado rateros y al poco tiempo ha vuelto a trabajar con ellos. ¿Hace falta más para saber qué clase de persona es y cual será su actitud esta vez?”
En esos casos, ¿también se tendría derecho a reclamar?
Por el otro, Sifuentes si tiene un código de ética en su blog, bajo el título de pórtate bien, en el que, por sobre todo, se privilegia que nadie arruine su espacio, es decir, se permiten los anónimos siempre y cuando no dejen denuncias sin pruebas. Por otro lado, casi nunca se tocan a quienes se quejan por los insultos supuestos. Por el contrario, recordemos que fue Gustavo Faverón quien dio comentarios anónimos desde Maine, cuestión que fue explicada hasta la saciedad, y allí ninguna de las personas que reclaman por una ética sobre los comentarios hizo reclamo alguno.
Comparto la preocupación de Daniel por elevar el nivel de la discusión - y ello me llevó a ya no permitir comentar a un personaje que, además de troll, llenaba de insultos gratuitos a varias personas en este espacio - pero creo que, por lo general, es la libertad de expresión la que debe prevalecer y asi permito que gente que no comparte mis mismas ideas comente en este espacio. Creo además, que, así como se reclama al supuesto bando contrario coherencia, lo mismo debería hacerse para las disonancias idiomáticas - por decir lo menos - de sus amigos.







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