EL VERDADERO "LEGADO" DE FUJIMORI
Escrito por: jgodoymejia en 5 de abril de 1992, Alberto Fujimori, dictaduras, golpe de EstadoUna dictadura que jamás se debe repetir.
Recuerdo vagamente aquel domingo. No se porque extraña razón no podía dormir. Lo cierto es que puse, para variar, Goles en Acción y en eso apareció el cintillo: Mensaje a la Nación del Ing. Alberto Fujimori Fujimori. Me extrañó la hora. Lo que dijo también, aunque mis viejos - a mis 10 años - me lo aclararon al toque: ahora ya sabes lo que es un golpe de Estado. Y claro, esa noche supe también lo que era que pasen como 20 vehículos de tropa militares y policiales por la puerta del edificio - vivía en el Centro en aquel entonces - y supe también que, a diferencia de lo que muchos peruanos pensaron en aquel momento, algo malo había hecho el ingeniero nisei cuyos hijos estudiaban en el mismo colegio que yo y cuyo centro de trabajo - léase, Palacio - había visitado hacía sólo 8 meses.
Han transcurrido 15 años desde aquella fecha y cada vez me parece más repulsiva, por todo lo que vino después. Enumerar las violaciones a los derechos humanos, los atropellos al Estado de Derecho, la deformación de un modelo de economía de mercado, el populismo ramplón, el asistencialismo con voto incluido, la yuca como emblema nacional, la corrupción desmedida, sería redundar en lo que ya sabemos y, algunos cínicamente, niegan o intentan disimular su impacto negativo.
El fujimorismo supuso una caricatura de lo peor de la política peruana. No precisamente porque nos hiciera reir, sino porque mostró en toda su dimensión lo putrefacto que puede ser el ser humano. La justificación de atropellos en nombre de una pacificación en la que los detentadores del poder no tuvieron participación alguna, la exacerbación de un modelo económico que no sirvió para curar nuestra pobreza y empobreció más a la clase media, el cinismo pragmático que embruteció a nuestra población y la acostumbró a la antipolítica (es decir, a sólo preocuparse por sobrevivir), el robo del Estado con el pretexto de comprar armas para hacer la guerra o de privatizaciones mal hechas. Y una corte de seguidores que aplaudía - y algunos aun aplauden - y justificaba - y algunos aun justifican - las tropelías del régimen.
Pero también, gracias a que existió una dictadura, pude comprobar que había gente con entereza y que no tenía miedo a decir las cosas, pude constatar que había una reserva moral en el país y en todas sus generaciones, pude tener el ejemplo de mis viejos y mis abuelos que - a pesar que el resto de la familia nos podia mirar como bichos raros - no aplaudieron el golpe y durante los años que siguieron esperaron el momento en que todo esto acabara. Fue por ver aquellos atropellos que decidí seguir la carrera de Derecho, hablar desde que estaba en el colegio sobre todo lo que ocurría y marchar cuando estuve en la Universidad para que nos devolvieran aquello que nos habían robado: la dignidad, la decencia, la libertad, el orgullo de ser peruanos.
Hoy las secuelas de aquel periodo nefasto de nuestra historia persisten. Hay quienes piensan que defender los derechos humanos es hacerle el juego al terrorismo, que defender los derechos laborales es una herejía al libre mercado, que hablar de transparencia es una frivolidad digna de Suiza, que la economía se restringe a tener la caja fiscal cuadrada y punto, que no se puede decir que las privatizaciones estuvieron mal hechas, que hablar de democracia es secundario cuando la gente tiene que sobrevivir. Pero es en democracia cuando se pueden hablar estas cosas, cuando se puede conseguir que el modelo económico respete los derechos de todos, que se logre la transparencia en el gasto del Estado para que tengamos los servicios básicos que requerimos, que podemos fiscalizar desde la política de Defensa hasta el combate a la pobreza.
Dicen que uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde. Ojalá no tengamos que volver a pasar una dictadura para apreciar las ventajas de la democracia. Ojalá no se cumpla la profecía del célebre poema de Brecht: hasta que no me llevaron, no hice nada para cambiar las cosas.
Porque una ignonimia como la que representó Alberto Fujimori Fujimori no debe volver a ser padecida por los peruanos.





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