La primera vez que recuerdo haber escuchado un tema de Isabel Granda y Larco fue a los tres años. Mi mamá había comprado el disco de Fernando UbiergoA Chabuca“, donde el cantautor chileno interpretaba las mejores canciones de la compositora limeña.

Por aquellos años, también recuerdo los últimos especiales que hizo para la televisión peruana, en la que su sincopada voz, una guitarra, unas cucharas y un cajón, en un austero escenario, eran una discreta pero imponente presencia, al igual que sus canciones en casa.

Si alguna nota musical se activó en mi subconsciente fue gracias a aquellos años en que mi abuela y mi madre ponían música criolla, no en vano habían nacido en el centro de Lima y mi abuela había vivido toda su infancia y juventud en los Barrios Altos. Obviamente, las canciones de Chabuca estaban presentes, claro, las más pegadas a cantarle a una Lima de antaño que no se si existió, a Victoria Angulo andando del puente a la alameda, a su querido Puente de los Suspiros bajo el cual ubicó su vivienda durante tres años de su niñez, a aquel bello durmiente que no sabemos como despertar y nuestros políticos - rumberas incluidas - tratan de adormecer y a José Antonio cabalgando camino de Amancaes.

Ya más adelante pude descubrir el otro lado de Chabuca: sus canciones al poeta rebelde Javier Heraud, el Cardo o Ceniza para los amores atormentados de Violeta Parra, sus colabraciones con los poetas César Calvo y Juan Gonzalo Rosé, la difusión de la música negra y su padrinazgo a Susana Baca. Y claro, elle a chanté la valse creóle, y dijo que mañana will be tomorrow, mañana por la mañana.

Hace unos pocos años, a raíz de una colección de CDs que sacó El Comercio y de un disco inédito recopilado por Caretas, no sólo pude tener la oportunidad de escuchar canciones de Chabuca que desconocía, sino de conocer más de su vida. Y cai en la cuenta que su mérito de compositora era mayor al que su gran talento le legó: en 1950, Isabel Granda era una mujer con tres hijos, divorciada y dedicada a la música, lo que supongo que debe haber sido un escándalo para la época. Tuvo además el atrevimiento de quitarle el tundete al vals criollo, y mezclarlo con ritmos negros, con jazz, bossa nova y nueva trova. Y sin saber leer partituras, además.

Hay algo más que quisiera rescatar de ella antes de terminar. Una de las cosas que más valoro es uno de los regalos que le hizo a su hija: la Misa Criolla de Bodas. Compuso toda la música a tocarse en la boda de Teresa Fuller, la legataria de su obra musical. Es una de las piezas más hermosas que he escuchado y, seguramente, cuando llegue a encontrar a aquella persona con la que pase el resto de mis días, le haré escuchar el CD completo, a fin de proponerle que esa sea la “banda sonora” del día más importante de nuestras vidas.

Ayer se celebró el Día Internacional de la Mujer y, además, el 24º aniversario de la última mirada de Chabuca. Esa coincidencia en fechas y el hecho de destacar a una persona que le dio un cariz especial a nuestra música, fueron motivos claros para que eligiera a esta figura para el homenaje que todas las mujeres se merecen. Es especial, para mi madre y mi abuela, que no solo me legaron conocimientos, sentimientos y valores, sino también los sonidos con los que acompaño mis días y para mis amigas, por estar siempre allí y ser el sol que alumbra mis dias, a pesar que no necesariamente este salga en el cielo limeño, bajo el cual Isabel Granda y Larco compuso una de las mayores obras musicales de América Latina.

“Señora cuenteme, como era Lima antes
con sus ojos celestes digame como la vio
como eran sus historias abrigadas bajo el puente
digame sus memorias,
señora cuenteme”
(Gianmarco Zignago)

Una Respuesta a “A CHABUCA”
  1. el aguafiestas dice:

    Qué gran compositora fue Chabuca. De niño me gustaba oir sus canciones por la radio, y hasta me identificaba con algunos temas pues a diario caminaba por la alameda para ir al cole, o por el viejo puente cuando había que ir al centro. A los 8-9 años, cuando salir sólo más allá de tu barrio es toda una aventura, manejaba mi bici hasta la zona de amancaes, para luego bajar por la pendiente a toda velocidad.

    Hasta ahora, cuando escuchó canciones como La flor de la canela o José Antonio, recuerdo algunos pasajes de mi infancia, pero cuando hablan de Chabuca lo que más recuerdo es aquella noche en que por accidente casi boto el ataud con sus restos mientras era velada en Nuestra Señora de los Ángeles… uno de los mayores y primeros chascos de mi vida.

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