MARIATEGUI CONTRA MARIATEGUI
Escrito por: Jose Alejandro Godoy en Aldo Mariategui, Miguel Santillana, censura, conflicto de intereses, libertad de expresiónHoy no se publicó en la revista Somos la carta que contenía los esperados descargos de Aldo Mariátegui sobre el caso de su ex columnista Miguel Santillana, quien lo ha acusado de censura, a raíz de dos artículos - uno publicado en Correo y el otro no - vinculados con Hernando de Soto y el Instituto Libertad y Democracia.
Como revelamos en este espacio, Mariátegui ha sido consultor de dicha institución, por lo que son claras las suspicacias que muchas personas tienen sobre los verdaderos motivos que llevaron al director de Correo para dejar de contar con sus servicios.
Pero, en sus descargos, que esperemos que se proporcionen a la brevedad posible, quizás Aldo podría reflexionar sobre un texto que escribió hace un par de años.
Uno de los columnistas más polémicos de Correo es Andrés Bedoya Ugarteche. Durante mucho tiempo este columnista se ha pronunciado sobre muchas personas en forma bastante airada, con groserías y epítetos lindantes con el racismo. Como era de esperarse, se impulsó un movimiento para sacar a Bedoya del diario, mediante una carta.
Yo particularmente estuve en contra de dicha acción, por razones que podrán encontrar en el post El Infierno está lleno de Buenas Intenciones, escrito en marzo de 2005. Consideré y considero que plantear una censura contra Bedoya o un columnista de su línea es hacerle el juego, cayendo en la misma intolerancia que este personaje demuestra cada semana en su columna y, además, vulnerando su derecho a la libertad de expresión.
Y Aldo Maríategui, en esa ocasión, salió a defender a su columnista. Lean a continuación Libertad de Opinión, la visión que tenía el director de Correo sobre sus columnistas y que hoy parece haber cambiado. Saquen sus propias conclusiones.
Libertad de opinión
Cada día me convenzo más de que Piérola tenía toda la razón cuando definió al Perú como un “país de desconcertadas gentes”. Resulta que tengo un columnista que recientemente ha escrito algo sumamente polémico y ácido en su extremadamente particular clave de humor, y como consecuencia de esto todo un movimiento de los “políticamente correctos” no cesa de enviarme correos, exigiéndome que lo eche e incluso que yo pida disculpas –además de atribuirme a priori (¿?) tener sus mismas convicciones–, llegando al ridículo extremo de recordarme una convención universal (como si mi persona fuera un Estado signatario, una suerte de Luis XIV con Francia).
A ubicarse. El diario le otorga un espacio al columnista como si se tratase de un territorio liberado, con plena libertad de escribir lo que desee allí, pues es su opinión y no la de esta casa editora. Por ejemplo, tengo otro columnista que ha escrito –y repetidamente– que el titular de Economía es prácticamente un delincuente y ni se me ha pasado por la cabeza censurarlo o decirle algo. Es su opinión –no la del diario, reitero– y punto (y eso que estoy seguro de que si él dirigiese un diario, no me dejaría jamás escribir allí). Pero precisamente por eso es que tengo muy contentos a ambos colaboradores, pues son distintos, marcan un hecho diferencial. Todas las sociedades necesitan de voces disidentes que las remezcan, de gente excéntrica a las corrientes dominantes para que pueda aportar con perspectivas radicalmente distintas, nos gusten o no. ¡De eso trata la libertad de prensa! Como bien decía el intelectual británico George Orwell: “Si la libertad significa algo, es el derecho de decirles a los demás lo que no quieren oír”.
La única excepción que posiblemente haría a esta política de máxima tolerancia liberal es censurar la incitación a la muerte.
Y muy bien defiende The Economist la permanencia del decano de Harvard Larry Summers en su puesto frente a quienes pretenden que dimita por unas opiniones supuestamente sexistas para algunos, sosteniendo que “si esta facultad censura a Larry Summers, pues ellos y no él son quienes deberán sentirse avergonzados”.
Moraleja: si les repele alguna opinión en particular, pues derrótenla con argumentos, pero no pidan censuras. Felizmente, la Inquisicion, el fascismo y el comunismo ya se acabaron. No debemos permitir que aparezcan otras formas más sofisticadas que, apoyándose en la ideología de lo “políticamente correcto”, puedan terminar en una cacofonía asfixiante. Que funden entonces su “Ministerio de l Verdad” para escuchar lo que sólo les agrada




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