Archivo de 20 Marzo 2007

Si bien esperaba que las reacciones frente al tema PUCP - Cipriani fueran, digamos, bastante polémicas, me ha sorprendido la cantidad de reacciones que este asunto ha tenido en el Tercer Piso (ver posts Cirpiani vs. la Universidad Católica:nuevo round, Arzobispado vs. la PUCP: ¿Nueva disputa?, Algunas notas sobre el rol de la Iglesia Católica en la PUCP y La PUCP y Cirpriani: mi posición personal) como en el Utero de Marita (ver posts La táctica de Cipriani y Algunos comentarios sobre el lío Opus - PUCP), y en otros blogs que han tocado el tema.

Hoy, en este (espero) último post sobre el tema dejar en claro algunos puntos polémicos y otros por aclarar sobre mi posición referida a este tema.

¿NI PONTIFICIA NI CATOLICA?

Varios comentaristas de este y otros blogs han señalado que una solución para evitar la ingerencia de Juan Luis Cipriani en la PUCP es que la Universidad deje de ser Pontificia y, si se puede, Católica.

Comienzo por lo segundo. La PUCP fue fundada por un sacerdote - Jorge Dinthilac ss.cc. - y desde sus inicios se concibió como una universidad inspirada en los valores del Evangelio y de la Iglesia Católica. Por tanto, quitarle el carácter católico es arrancarle a esta institución parte de su propia identidad, cuya opción de tenerla es parte de la autonomía individual que toda persona, al momento de constituir una asociación cuenta. Recordemos que el derecho de una persona a constituir una entidad confesional o no confesional lo garantiza la Constitución, en los derechos a la libertad de asociación y a la libertad religiosa.

Y sobre lo de Pontificia, se trata, a la vez, de un título honorífico y que convierte a la PUCP en un ente, además de derecho privado, de derecho eclesiástico para algunos temas. Sin embargo, la ingerencia de la Iglesia Católica es menor de lo que se cree. Para la mayor parte de los temas, la PUCP se rige por la Ley Universitaria y por su Estatuto, que recomiendo ver para salir de dudas sobre este tema. Como pueden ver, los poderes del Gran Canciller son bastante reducidos y la ingerencia eclesial para el nombramiento del Rector sólo se limita a una confirmación formal de Roma. En lo demás, la Universidad se maneja como cualquier asociación civil sin fines de lucro.

Ciertamente, y ello lo reconozco, es díficil guardar el equilibrio entre la amplitud de criterio que debe tener una universidad con la identidad católica que ha optado por tener. Hace más complicadas las cosas para mantener dicha amplitud de criterio. Sin embargo, la PUCP ha logrado hacer esta combinación entre valores católicos y formación humanista. Varios comentaristas de este espacio y de otros han mencionado el hecho de que el curso de Teología es un curso amplio de reflexión intelectual y espritual y no una catequesis impuesta. Varios profesores de la PUCP no son católicos e incluso no profesan una fe religiosa y la comunidad evangélica ha ganado un espacio interesante dentro de la Universidad, e incluso tienen reuniones con el Rectorado cada año, en aras de la convivencia armoniosa con las autoridades.

Salvo a algún intolerante, esta opción de la PUCP no debería ofender a nadie.

SOBRE UN COMENTARIO DE ROSA MARIA PALACIOS

De todas las opiniones dadas sobre el tema, el más interesante, por lo que señala, es el de Rosa María Palacios. La conductora de Prensa Libre y egresada de la Facultad de Derecho de la PUCP, en otro blog, ha dado su punto de vista sobre la materia, que creo es necesario comentar por varias razones. Dicho comentario fue el siguiente:

El asunto es mas complejo de lo que parece ser a simple vista dado que la Universidad permitió, después de 1964, la permanencia de una Junta que debió reunirse exclusivamente para cumplir las demás mandas del testamento de Riva Aguero. Como muchos de ustedes, ex alumnos de la PUC, saben, Riva Aguero (que hizo varios testamentos) tenía la lógica preocupación de que la PUC no llegará a funcionar. Si 20 años después de su muerte (1944) no se cumplían determinadas condiciones, todas sus propiedades revertían a la Universidad de Lovaina. La PUC demostró en 1964 que la Universidad había cumplido y la propiedad de los bienes Riva Aguero pasó sin cargas, ni condiciones, al patrimonio de la Universidad.

Lamentablemente la Junta Perpetua siguió reuniéndose por muchos años interviniendo en asuntos que ya no le competían, y eso fue respaldado por la PUC bien entrados los noventas y sin mayor problema hasta que llego Cipriani. Esos “actos propios” dan lugar al reclamo del Arzobispado que esta reclamando en realidad la propiedad del terreno del colegio Juan XXIII (Franciscanos), propiedad que, también por error de la PUC fue “cedido en uso” hace muchos años sin darse cuenta de los problemas legales que esto acarrearía. El conflicto legal con el colegio, demandado por la PUC para que pague el terreno no ha llegado aun a un feliz termino. Esa es la razón por la cual el Arzobispado quiere usar la Junta perpetua y no otra.

La verdad es que de otro lado, desde hace años, se le imputa a Cipriani toda clase de propósitos malignos pero nadie ha podido probar, mas alla de los prejuicios de cada uno, que estos existan. La Universidad se maneja de acuerdo a la Ley Universitaria, ninguna Junta externa puede intervenir en su administración, ni muchos en el contenido de lo que se enseña. En el peor de los casos esa Junta sólo podría intervenir en el uso económico de los bienes de Riva Aguero (actos de disposición) dado que la propiedad de todos los estos inmuebles ya esta a nombre de la PUC.

La inquina a Cipriani puede venir por muchas razones (eso es otro rollo) pero les aseguro que habiendo conversado con las dos partes (hace meses de esto) no veo el peligro contra la existencia de la PUC.

Saludos,

Rosa María Palacios

Hay varios puntos que comentar sobre lo citado anteriormente.

Lo primero es que RMP menciona dos puntos importantes que deben quedar claros al momento de analizar este caso:
1. Que, efectivamente, el testamento de José de la Riva Aguero y Osma señala que la Junta deja de tener control sobre los bienes de la PUCP una vez que ésta se ha hecho de los bienes, es decir, en 1964. Como luego lo señala la Dra. Palacios en otro comentario posterior, la Junta era perpetua en tanto la PUCP no existiera y, por tanto, los bienes no pasaran a su propiedad.
2. Que, recuerda que el Estatuto de la Universidad, tal cual está en este momento, impide que Cipriani tenga algún poder sobre la PUCP.

¿Qué es lo que complica las cosas? El hecho que durante 30 años, entre 1964 y 1994, la PUCP reconociera la actuación de la Junta de facto, dado que no había mayores problemas entre la Iglesia y la Universidad.

Aquí tengo que hacer una aclaración a la doctora, siempre tan acuciosa. La PUCP deja de reconocer a la Junta en 1994, cuando Salomón Lerner Febres llega a un acuerdo con Carlos Valderrama Adrianzén, representante del Arzobispado en la Junta, para que ésta deje de tener ingerencia en los temas de la Universidad. El Arzobispo era Augusto Vargas Alzamora. Cipriani llegaría recién 5 años después, cuando fue nombrado Arzobispo de Lima.

Si la Junta no tenía poder desde 1964 en el plano formal y desde 1994 en el plano real, me queda claro que el reclamo de Walter Muñoz Cho no tiene sustento, toda vez que el ente que representa ya no tiene poder sobre la Universidad. Legalmente, a pesar de la dificultad anotada por RMP, creo que la PUCP tiene las de ganar.

Una segunda atingencia que hace Rosa María Palacios: el Colegio Juan XXIII. Los terrenos sobre los que se ubica dicho colegio fueron cedidos en uso por la PUCP. Hay actualmente un proceso judicial por los pagos. Cabe mencionar que un interesado directo en este caso es el Obispo Auxiliar de Lima, monsenor Adriano Tommassi, quien, curiosamente, fue quien inició la campaña contra el padre Martín Sánchez, director del Hogar de Cristo y otrora protegido de Vargas Alzamora.

Volviendo al tema de fondo, creo conveniente que, a fin de acabar con la campaña de desinformación que los diarios Expreso y Correo vienen generando sobre el tema, es necesario colocar en la página web de la PUCP el texto - o documento PDF - del testamento de Riva Aguero, con lo que la Universidad zanjaría, en el terreno de la opinión pública, este tema.

Como ya se han percatado mis amigos lectores, tanto Expreso como Correo han iniciado una campaña en contra de la PUCP, pues pretenden que todo aquello que le suene a “cívico” o “caviar” salga de la Universidad y vienen aprovechando este problema para señalar que el Cardenal puede controlar la Universidad y expulsar a personas que consideran contrarias a sus intereses. Este es un flanco, el de la opinión pública, que no se puede descuidar.

Finalmente, y en esto discrepo amigablemente con Rosa María Palacios, creo que sí hay motivos para preocuparse con relación al Cardenal. La pugna, como lo he mencionado anteriormente, se concentra en:

1. El poder dentro de la Universidad: La PUCP, a diferencia de otras universidades católicas, elige a su Rector sin ingerencia de Roma. El Vaticano solo hace la ratificación formal de la elección. ¿Hay sectores interesados que esto se cambie? Creo que si. El principal interesado: Juan Luis Cipriani. ¿Puede hacerlo? No. Solo la Asamblea Universitaria, con dos tercios de sus votos, puede hacerlo.

2. Un tema de conflicto dentro de la Iglesia Católica, es decir, la tradicional pelea entre Conservadores (Opus Dei, Sodalicio, Lumen Dei) vs. Progresistas (Jesuitas, Sagrados Corazones, Liberacionistas). Conflicto que, claro, nos llevará a un cisma, pero que ha provocado, como lo he señalado varias veces en los últimos días, varios enconos, antipatías y juegos sucios. Es cierto que el catolicismo es lo suficientemente amplio para tener diversas corrientes a su alrededor, lo cual es válido. Lo que no es pertinente es el insulto, el agravio y la descalificación de la que han venido siendo objeto los sacerdotes de la facción progresista - a quienes se ha acusado de terroristas para abajo -, con el apoyo de personas que se dicen católicas y de medios de comunicación poco santos.

3. Derechos Humanos: En 1997, Jeffrey Klaiber - sacerdote y profesor del Departamento de Humanidades - publicó el libro “Iglesia, Dictaduras y Democracia en América Latina”, primer texto académico donde se señala el rol que tuvo Cipriani en materia de derechos humanos en Ayacucho, durante el conflicto interno. En 2003, salió el Informe Final de la CVR, donde se vuelve a señalar, con mayores elementos, dicha conducta, que para muchos de nosotros es contraria a los valores del Evangelio. El texto de Klaiber fue editado por la PUCP. El Informe Final de la CVR fue elaborado por muchos profesores de la PUCP y su entonces rector fue el Presidente de dicho grupo de trabajo ¿Tiene Cipriani aprecio por los dd.hh. o por la CVR? A estas alturas es claro que no. Es un tema que, a todas luces, le incomoda que la Universidad impulse.

Por el momento Cipriani está, digamos, neutralizado, pero estas atingencias hacen que debamos mantenernos alerta.

REFLEXION FINAL

Si bien los motivos que han generado este amplio debate no son los mejores, estos espacios han servido para hacer una reflexión intensa sobre lo que debe ser la Pontificia Universidad Católica del Perú. Para aquellos que le debemos mucho a la Universidad, esta ha sido la oportunidad de defender ideas y posiciones sobre la misma, ciertamente algunas incomprendidas, otras no tanto.

Los aniversarios, como el que el viernes cumplirá la PUCP, no solo requieren de celebraciones como se que la Universidad ya prepara, sino de una intensa reflexión sobre lo que debe ser nuestra casa de Estudios. Lo cierto es que la mayor parte de alumnos y comentaristas ha expresado su rechazo a cualquier postura que intente imponer por la fuerza ideas con las que no se está de acuerdo. Quizás sea hora que el Cardenal debata, maduramente y en público, cuales son esas ideas que tiene sobre la PUCP y nosotros podamos refutarle con el derecho que nos asiste, por ser seres humanos y miembros de una comunidad a la que apreciamos.

De todas maneras, este espacio queda abierto para sus reflexiones sobre el tema. Yo, por mi parte y por el momento, dejo las cosas aquí. Esperemos que el futuro de la PUCP sea realmente promisorio.

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