Archivo de 19 Marzo 2007

Desde hace dos semanas, vengo cubriendo lo que ahora todos los medios conocen como “la batalla por la Universidad Católica“.

Términos bélicos al margen, lo cierto es que la Pontificia Universidad Católica del Perú, que este viernes cumplirá 90 años de fundación, enfrenta una disputa legal que es crucial para su futuro.

El año que entré a la PUCP, 1999, fue el año que se inició la disputa que hoy se ventila ante los tribunales. Para quienes no han seguido el caso, el tema es más o menos así:

- Por el Estatuto de la Universidad, el Arzobispo de Lima ostenta el título de Gran Canciller, un presidente honorario de la Universidad, que solo tiene la prerrogativa de nombrar al director del Centro de Asesoría Pastoral Universitaria y de velar en términos generales por la marcha pastoral de la comunidad universitaria.

- Las relaciones hasta 1999 han sido normales con los Arzobispos de Lima. El único periodo de “conflicto” pre - Cipriani fue cuando Jorge Avendaño - que se había divorciado y vuelto a casar con quien actualmente es su esposa - fue nombrado Decano de Derecho. Juan Landázuri no apareció 4 años por la PUCP, pero luego dichas asperezas fueron limadas.

- Cuando llegó Juan Luis Cipriani al cargo, quería tres cosas: la primera, que el Gran Canciller tuviera más poderes, cuestión que no consiguió al no tener los votos suficientes para cambiar el Estatuto; la segunda, que el Rector fuera nombrado por una terna destacada por Roma, y no por la Asamblea Universitaria como hasta ahora; la tercera, controlar los bienes de la Universidad, que dan bastante ingresos a la Católica. Es en este tercer punto donde interviene la Junta de Administración de los bienes de José de la Riva Aguero, conformada por el Rector de la PUCP y un representante del Arzobispado, Walter Muñoz Cho, a quien la Universidad demanda por solicitar documentos que no competen a esta junta, que no tiene ingerencia en la toma de decisiones de la PUCP desde 1964.

- Esta disputa se debe ver en un marco más general, referido a las disputas dentro del seno de la Iglesia Católica, entre el sector más progresista y vinculado a una corriente que postula la realización de acciones sociales concretas frente al sector más conservador, que postula la contemplación y la caridad como única forma de cambio de la sociedad. Si bien en el Vaticano se busca una paridad de fuerzas - y a ello obedece el reconocimiento hecho por Benedicto XVI de la obra de Gustavo Gutierrez -, en el Perú la disputa es cada vez más pública. Los dos casos emblemáticos: la Iglesia del Sur Andino, donde los obispos conservadores hacen la guerra a sacerdotes progresistas que vienen trabajando allí hace 40 años (ver reportaje de Hildegard Willer en Ideele y un informe mío de hace un mes) y, of course, la PUCP.

- A estos temas se suma la enquina personal que Juan Luis Cipriani tiene hacia la Universidad por haber apoyado el Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, la cual señaló sus serios errores pastorales y políticos durante su estancia como Arzobispo de Ayacucho frente a los derechos humanos. Y, en particular, hacia Salomón Lerner Febres, Rector Emérito y Presidente del Instituto de Democracia y Derechos Humanos de dicha casa de estudios.

He leido durante las últimas semanas - y, en particular, durante el fin de semana último - las diversas opiniones que hay sobre el tema y tengo ya una opinión formada sobre este asunto.

No estoy de acuerdo con quienes señalan que la Universidad debe ser absolutamente laica o perder el carácter de Pontificia. La PUCP fue fundada por un sacerdote, Jorge Dinthilac ss.cc., y se adscribe a los valores del Evangelio. Como lo he señalado antes, la combinación de valores católicos con el humanismo presente en la Universidad es la que nos ha dado - y me permito aquí la primera persona del plural, pues creo representar en este tema a un sector importante de alumnos y ex alumnos - un sello personal e institucional que no debe perderse. Además, la pérdida del carácter de Pontificia provocaría una pérdida importante de ingresos y convenios que, por la mala actuación de un personaje que tiene un poder temporal y limitado (recordemos, en 11 años se va), no puede generar un perjuicio mayor del que se quiere evitar.

Creo que todos quienes siguen este espacio saben que soy católico y de mi posición frente a las actitudes que durante su vida como pastor ha tenido Juan Luis Cipriani. Considero incongruente con la fe católica que solo defienda los derechos de sus amigos y no los de los más pobres y necesitados, como no lo hizo en Ayacucho y como sí lo hizo el resto de la Iglesia Católica; considero que no es propio de un pastor que habla de dignidad humana y persecusión del pecado su cercanía con un régimen corrupto, autoritario y violador de los derechos humanos; me parece incomprensible que hasta el día de hoy no entienda que la Universidad implica diversidad de pensamiento y opiniones y no un conservadurismo desfasado con tintes de homogenización. Ciertamente, no es una posición cómoda para mi criticar en voz alta a un hombre que dirige la Iglesia, pero lo hago en el convencimiento de que los valores católicos no son los que representa este personaje y que tengo que dar la pelea dentro de una institución a la que todos los días confirmo mi pertenencia y mi fe, para que la misma - hecha por seres humanos, al fin y al cabo - sea más congruente con lo que predica. Si una persona como esta obtiene el poder que desea, sería muy perjudicial para la PUCP.

Además, al estar formado en Derecho, considero que la razón jurídica asiste a la Universidad. La PUCP tiene la propiedad de sus bienes desde 1964 y la Junta de Administración de Riva Aguero no tiene ingerencia en asuntos que pertenecen a la autonomía universitaria. Asimismo, para la elección de sus autoridades, la Universidad se rige por la Ley Universitaria, lo que hace que sea la Asamblea Universitaria la que eliga al Rector y Vicerectores. Este sistema de convivencia, avalado por el Vaticano desde hace varios años, ha hecho que la Universidad se maneje con total independencia de criterio, manteniendo una posición clara en temas de interés nacional desde hace varios años.

Finalmente, la última táctica de Cipriani me parece vergonzosa. Pretende, al más mero estilo del populismo de Fujimori y Alan García, tocar el tema de los sueldos de las autoridades de la Universidad y de las pensiones universitarias. Esto es claro: quiere dividirnos frente a las autoridades. Y creo que, al margen de las discrepancias que se puedan tener con quienes dirigen la PUCP, es el momento de unirnos a ellas en apoyo a la causa que vienen defendiendo, que es justa y que ha merecido que - por primera vez en años - las autoridades salgan a enfrentar publicamente las disputas que se tienen con el Cardenal. Los alumnos y ex alumnos de la PUCP debemos apoyar toda acción que impida que una ingerencia externa haga que la tarea hecha durante estos 90 años no se pierda.

De nosotros y de la jueza que ve el caso - quien por cierto, tiene fama de imparcial y honesta - dependerá que este año celebremos el 90 aniversario de nuestra casa, tal como la conocemos.

MAS SOBRE EL TEMA:
Utero de Marita: La táctica de Cipriani.
Roberto Bustamante: La PUCP contra el Arzobispo de Lima, Juan Luis Cipriani.
Domingo - La República: Campus de fe y conflicto.
Ideele Radio: El Cardenal Juan Luis Cipriani y su extraña visión de los derechos humanos.

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